LA CRISIS DEL MODELO EDUCATIVO
Manos y horas para la escuela inclusiva
Mientras la Generalitat prepara el borrador de un decreto para regular un sistema educativo en el que quepan todos, expertos y docentes piden más recursos y sobre todo más tiempo para poder escuchar a unos alumnos que están aprendiendo a convivir.

Alumnos en el instituto de secundaria Front Marítim, en el Poblenou.
La detención esta semana de tres menores en la ciudad madrileña de Pinto por haber acosado a una compañera es el último caso de violencia en las aulas del que se hacen eco los medios de comunicación. La medida, con vocación ejemplarizante, ocurre casi 20 días después del suicidio de Arancha, la adolescente con una discapacidad intelectual de Usera (Madrid) que se quitó la vida porque no podía soportar el asedio de un compañero de su clase de refuerzo, y también menos de dos meses después de la muerte del profesor Abel Martínez en el Instituto Joan Fuster de Barcelona, cuando trataba de parar a un alumno que sufría un brote psicótico.
Son casos aislados y distintos, pero reflejan un interés mediático en la convivencia en los institutos de secundaria y que ponen la lupa sobre la llamada escuela inclusiva. El modelo se empezó a instaurar a principios de 1980 en Catalunya y defiende que, si la sociedad es diversa, la escuela también debe serlo. Por lo tanto es coherente que los alumnos no sean segregados según sus capacidades, circunstancias personales o cualquier otra diferencia. Las llamadas NEE, necesidades educativas especiales como discapacidades intelectuales, problemas de movilidad o de control de conducta, deben responderse sin separar a los estudiantes del entorno escolar ordinario.
Actualmente hay bastante consenso en la comunidad educativa en que ese es el camino. Sin embargo, justo después de la muerte de Abel Martínez, una setentena de profesores de institutos públicos catalanes y alguno concertado enviaron una carta pública a los medios de comunicación que decía que «la escuela inclusiva es una falacia».
El sindicato ASPEPC-SPS, que agrupa a 1.500 profesores de secundaria y es muy crítico con el modelo, también considera que el sistema es utópico. «La igualdad es de derechos, pero no de habilidades. El modelo no funciona porque es irreal. Hay niños con diferentes diagnósticos que no deberían estar en el circuito escolar convencional y no es prudente mezclar a alumnos con problemas de conducta graves con otros que sufren disfunciones intelectuales», sentencia Xavier Massó, secretario general del sindicato. «La escuela inclusiva -continúa- ya la inventó Margaret Thatcher en la década de 1970. Se ha vendido como algo progresista, cuando en realidad es un ahorro bestial respecto al modelo que incluía las escuelas de educación especial».
Se ahorra demasiado
En que se ahorra más de lo que se debiera y no se están invirtiendo los recursos necesarios para desplegar el modelo de escuela inclusiva también estaría de acuerdo USTEC-STS, el sindicato que agrupa a la mayoría de docentes catalanes, gran ganador de las últimas elecciones y con 4.700 afiliados. «Casos como los que están apareciendo en la prensa últimamente pueden hacer pensar a algunas personas que la inclusión no es posible, pero lo que ocurre es que no se ponen los recursos necesarios para atender algunas situaciones. Faltaban herramientas antes de los recortes y con los recortes disminuyeron. Y sin herramientas no podemos hablar de inclusión real sino de integración», afirma Ana Elvira Sánchez Moreno, portavoz de la agrupación.
Su sindicato apuesta sin fisuras por el modelo. «La convivencia en la diversidad es buena porque nos permite conocernos mejor y aprender a ser más tolerantes. Si un alumno va en silla de ruedas, sus compañeros se fijarán mucho más en si las aceras están adaptadas», argumenta Sánchez. «Está comprobado igualmente que los niños con problemas de conducta, los que les cuesta seguir las clases, mejoran cuando se integran en un grupo diverso y también ganan aquellos a los que consideraríamos más tranquilos», asegura.
Jaume Funes, autor de numerosos libros sobre infancia y adolescencia y adjunto del Síndic de Greuges para la Defensa de los Derechos de los Niños entre 2004 y 2007, admite que las famosas retallades han tenido «un efecto muy destructor» en determinados centros. «No es lo mismo recortar en Sant Gervasi que en Ciutat Vella, para entendernos», señala.
Funes señala que los recortes han creado crispación y sufrimiento cotidiano, porque «muchos profesores sienten que no pueden hacer todo lo que querrían hacer». Pero también apunta que es «simplista» pensar que todos los problemas vienen de ahí, ya que en muchos casos falla la predisposición de los docentes, que se centran en impartir contenidos y olvidan que la adolescencia es un época explosiva, en la que los chicos repasan cuentas pendientes y que es imposible que pase plácidamente. «Hay mucha resistencia a la didáctica y a la pedagogía. Ya no digo a la psicopedagogía. Se necesita tiempo para observar a los alumnos y actitud para hacerlo. Si los profesores tuvieran las horas suficientes para observar a los adolescentes, ¿lo harían todos? En muchos casos, no».
El esfuerzo de los profesores
«Los protocolos, una vez surge un problema, solo sirven para asignar responsabilidades», continúa. «Más que preguntarse qué ha fallado cuando aparece un caso de violencia en un instituto en la prensa, deberíamos preguntarnos si los docentes han tenido el tiempo suficiente para observar qué les está pasando a los chicos y si éstos disponen de suficientes claves para poder entenderlo, que en muchos casos no las hay», insiste.
Mercè Esteve, subdirectora general de Ordenació i Atenció a la Diversitat de la Generalitat, asegura que la apuesta del Gobierno por la escuela inclusiva es clara y asegura que los recursos destinados a la atención a la diversidad no han disminuido. «Lo que sí hemos pedido es un mayor esfuerzo a los profesores y ellos han respondido muy bien, cosa que agradecemos muchísimo. Han aumentado las horas de docencia y es probable que ahora estén más cansados, pero han actuado con mucha profesionalidad y gracias a ellos la calidad de la atención no está disminuyendo», señala.
Atención a la diversidad
Por normativa, las horas de atención a la diversidad oscilan entre cuatro y media y 12 a la semana por grupo, en función de la complejidad atribuida a cada centro. «Esto se ha mantenido tal cual. Antes había una serie de horas destinadas a programación o preparación de clases que posiblemente muchos profesores utilizaban para atender a los alumnos individualmente y que ahora están ocupadas por docencia», aclara.
En el plano práctico, Quim Tubert da clase desde hace 10 años en uno de esos centros etiquetados como complejos, en la zona del antiguo Can Tunis. Admite que en su instituto no se han reducido los recursos. Algunos ya no existían. «Quizá faltan especialistas. Los profesores de secundaria somos expertos en determinadas materias, pero no somos psicólogos ni psiquiatras y llegamos a donde llegamos», señala.
A él sí le faltan horas. «Han aumentado las horas lectivas y eso significa una disminución del tiempo que antes dedicábamos a tutorías o a estar en contacto con los alumnos. Hay una serie de contenidos que deben ser asimilados por ley. Nos dedicamos más a la parte académica y la parte personal queda un poco de lado por un problema de disponibilidad. El informe PISA exige resultados, pero no hay tablas para valorar la situación emocional», señala.
Muchas familias denuncian la reducción de recursos. Una madre que prefiere permanecer en el anonimato explica que el colegio de su hija Marina, de 13 años y con una ligera discapacidad intelectual, le sugirió que buscara un centro especial por no poder atenderla correctamente. «Me hablan de que faltan profesores, de que las sustituciones tardan en cubrirse, pero he pedido que me pongan lo que haga falta para que Marina siga yendo a su colegio este curso. Después, ya veremos», dice.
El Govern trabaja ahora en un nuevo Decreto sobre Escolarización de Alumnos con Necesidades Especiales para modificar el actual, de 1997. El documento está en fase de borrador y sin fecha de aprobación. «Hay medidas que todavía no se pueden concretar porque las estamos trabajando junto a los departamentos de Salut y Serveis Socials. Estamos escuchando a todos los agentes implicados. Creo que el nuevo decreto dará respuesta a la diversidad y aporta una nueva mirada que incorpora todas las novedades que han ido apareciendo en los últimos 20 años, para impedir que haya alumnos que se desvinculen del aprendizaje», explica Esteve.
Adolescentes solos
La nueva normativa recogerá recursos ya consolidados como las USEE (Unitats de Suport a l'Educació Especial), que prestan apoyo a alumnos con necesidades específicas en grupos reducidos durante algunas horas al día.
También prestará mayor atención a los sistemas de inclusión dirigidos a nuevas tipologías de alumnos. Han aumentado, según reconoce la subdirectora, aquellos que podrían descolgarse por problemas de regulación de conducta. «No se puede generalizar, pero se dan nuevas situaciones familiares y ahora nos encontramos con más adolescentes que pasan muchas horas solos en las que nadie les dice qué comer o cuándo dormir. Son chicos o chicas poco acostumbrados a recibir consignas. Al llegar a clase tienen problemas para aceptar un marco normativo y se cuestionan roles concretos», explica.
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