21 sep 2020

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Libros congelados

Algunos institutos catalanes empiezan a organizarse para paliar los efectos de la implantación de la LOMCE en la secundaria

M. J. I. / BARCELONA

La resistencia a la LOMCE, la polémica reforma educativa del ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha empezado a organizarse de forma espontánea en algunos institutos catalanes. Sin esperar a las instrucciones que puedan llegar desde la Generalitat, hay centros (pocos, eso sí) que han acordado su adhesión a la Xarxa d'Escoles Insubmises (XEI), que promueve una plataforma de padres de alumnos y que a principios de este curso 2014-2015 ya agrupaba a una treintena de colegios.

Otros institutos han mantenido de momento reuniones informales en sus claustros y han decidido que el año que viene mantendrán los actuales libros de texto. «Como la LOMCE solo afectará, por ahora, a los alumnos de primero y de tercero, la mayoría de los materiales didácticos seguirán siendo los mismos», explicaba ayer a este diario una profesora de secundaria. Los manuales quedarán, por lo tanto, congelados, como ya ha ocurrido este curso en primaria.

«Uno de los caballos de batalla de este año en la Xarxa d'Escoles Insubmises será sumar a los institutos, que es donde la LOMCE puede tener efectos más graves», indica una portavoz de la plataforma, que mantiene una campaña informativa por centros educativos de toda Catalunya, animándoles a «explorar fórmulas que les permitan desobedecer, sino la letra de la ley, sí al menos su espíritu». Así, por ejemplo, en secundaria, la XEI propone a los consejos escolares de los institutos que «busquen mecanismos para no segregar a los alumnos en cuarto curso de ESO» y sugiere a padres y profesores que traten de no enviar a estudiantes hacia la nueva formación profesional básica, «que es un camino de no retorno para el alumno», indica la misma portavoz. «La última palabra sobre si un alumno va o no va a la FP básica la tienen sus padres», recuerda.

DESCONFIANZA

Entre los profesores de secundaria flota cierta sensación de desconfianza. «Parece que el Gobierno central no cree en nuestro trabajo», lamenta una docente. Las reválidas, dice, son la prueba de ello: al final de la ESO y del bachillerato, sus alumnos tendrán que someterse a una especie de examen de Estado, que no solo evaluará las habilidades y competencias adquiridas por los chicos, sino también su capacitación como profesora.

La respuesta que el colectivo docente dé a estas reválidas tiene un doble peligro: «Por una parte, los profesores pueden caer en la tentación de enseñar a sus estudiantes para superar las pruebas (y eso comporta enseñar lo mismo a todos) y, por otra, algunos centros pueden acabar elaborando clasificaciones o 'rankings'», avisa Francesc Imbernón, catedrático de Pedagogía de la Universitat de Barcelona y director del observatorio internacional de la profesión docente.

«Se debería confiar más en el profesorado y en los centros que ya realizan evaluaciones ordinarias y creo que son los que mejor conocen lo que pasa en el aula», agrega Imbernón, que advierte, además, de los riesgos que puede acarrear la segregación que plantea la LOMCE. En tercero, es decir a los 15 años, los alumnos serán ya divididos según la modalidad de Matemáticas que cursen. «Todas las investigaciones pedagógicas dicen que no es correcto separar a los alumnos una edad tan temprana como la que prevé la reforma», observa el experto.

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