Los cultivos buscan altitud
Los tomates ascienden al Montseny, el vino escala al Pirineo y el Reino Unido produce su
primer aceite de oliva por el cambio climático
Su impacto no es tan visible como la oleada de incendios que ha asolado este verano el noroeste de España o la dana que castigó el otoño pasado a la Comunidad Valenciana, pero la crisis climática es ya una realidad silenciosa en las principales regiones agrarias españolas, entre ellas Andalucía, Castilla-La Mancha y Catalunya, que podrían llegar a perder el 6% de su producto interior bruto (PIB) agrícola anual como consecuencia de sus efectos. Eso no solo afecta a los agricultores, implica a todo el medio rural, a las exportaciones del sector y, en definitiva, a la capacidad de todo el país para producir sus propios alimentos.
Una de las alternativas que están adoptando las empresas agrícolas es buscar territorios más frescos, terrenos ubicados a mayor altitud sobre el nivel del mar o situados más al norte, lo que les garantiza temperaturas más moderadas. Las bodegas de la Familia Torres fueron pioneras, cuando empezaron a plantar viñedos en el Pirineo. El emprendedor agrario Marc Meya está haciendo lo mismo con los tomates, que ya crecen con éxito en el Montseny, al tiempo que la firma británica ValleRuan ha presentado este año su primera cosecha de aceite de oliva, producido y prensado en Cornualles.
Tecnología, altitud y residuo cero se unen para producir hortalizas en el Montseny
Tecnología, altitud y residuo cero se unen para producir hortalizas en el Montseny
"Cuando le dije a mi padre que sería payés, solo me dio un consejo: que no me conformara con ser un agricultor convencional y que mirase hacia adelante", cuenta Marc Meya, un productor de 28 años, que lleva casi una década cultivando hortalizas en una finca del núcleo de Joanet, en Arbúcies (Girona), a 600 metros de altitud. Allí, en una superficie de siete hectáreas, Meya produce guisantes, judías tiernas, lechugas y, sobre todo, tomates.
Siguiendo aquella recomendación de su padre, el joven agricultor busca hoy producir "alimentos con el mejor sabor posible". Y tratar así de distinguir sus hortalizas de las que se producen en otras grandes explotaciones. Para ello, utiliza las últimas tecnologías de cultivo, aplica fertilizantes y nutrientes naturales (como extractos de remolacha o de algas marinas) y reaprovecha el agua de riego, "que llega directa de los manantiales del Montseny", cuenta. Hay abejas polinizadoras por toda la finca e indicaciones para que todo el personal recicle y mantenga la consigna de residuo cero.
"Y todo eso lo hacemos con cultivo en altura, por supuesto, que en el caso del tomate es clave, ya que, al bajar tanto las temperaturas por la noche, la planta puede dejar de hacer la fotosíntesis y potencia los azúcares que dan sabor al fruto", añade. Cuando las noches son cálidas, como ocurre en Almería o incluso en el Maresme o el Baix Llobregat, ese proceso no se realiza.
Los tomates son, ahora mismo, el producto estrella de Agrícola Meya. En los invernaderos que tiene instalados en Joanet, se cultivan una decena de variedades distintas de este producto, que vende en exclusiva a Ametller Origen. La plantación, explica el empresario, tiene lugar en mayo, "de manera que el ciclo aquí es justo el inverso del de Almería", la mayor zona productora de tomate de Europa. Esto implica que los frutos de esta explotación (con el Turó de l'Home a un tiro de piedra y rodeada de bosques) salen al mercado en pleno verano, sin la competencia andaluza, que es de producción invernal.
De los tomates cherry, de los púrpura, y de tantas otras variedades cultivadas allí pueden obtenerse platos refrescantes para todos los gustos, como las que recomienda en este multimedia la chef Carme Ruscalleda, que presenta nueve recetas para nueve tomates de temporada.
"Al cultivar a 600 metros de altura y al bajar tanto las temperaturas por la noche, la tomatera puede dejar de realizar la fotosíntesis y así fabrica los azúcares que potencian el sabor del fruto"
"Hasta ahora resultaba realmente difícil encontrar buenos tomates en verano en Catalunya, donde el 70% del cultivo de este producto ha desaparecido en los últimos años", explica Joan Simó, director general de I+D del grupo Ametller Origen, también ha hecho ensayos para tratar de conseguir tomates en la Cerdanya y en Soria. "El problema más grave lo tienen los cultivos que no se pueden mover, como el arbolado, pero los productos de huerta pueden ir escalando altura", señala Simó.
Nuevas plantaciones de olivar echan raíces en las costas del sur de Inglaterra
Nuevas plantaciones de olivar echan raíces en las costas del sur de Inglaterra
Los efectos del cambio climático están dando lugar a proyectos en el Reino Unido que hasta hace pocos años parecían inviables. Uno de los más inverosímiles es el cultivo de olivos para la producción de aceite, algo que están impulsando media decena de productores y que ya está dando pequeños frutos gracias al clima cada vez más temperado de algunas zonas costeras de Inglaterra. Aunque por ahora están lejos de alcanzar los niveles de producción y la calidad de los aceites del Mediterráneo, el objetivo a largo plazo es lograr un producto que pueda llegar a competir con sus rivales del sur de Europa en los estantes de los supermercados británicos, donde los precios no han parado de subir en los últimos años.
Uno de los primeros proyectos nació en 2019 en una explotación familiar en Essex, en el sureste de Inglaterra, bajo el nombre de The English Olive Oil Company. Sus impulsores han estado desde entonces buscando las variedades de olivos más adecuadas para el clima autóctono, adquiriendo conocimientos sobre cómo crecen y se desarrollan y estudiando la viabilidad comercial y las oportunidades de mercado. En 2023 obtuvieron las licencias de importación de plantas, adquirieron la maquinaria y pusieron la infraestructura necesaria para plantar el primer olivar comercial en el Reino Unido en la primavera de 2024.
"No tenemos el calor del Mediterráneo, pero esos países también están teniendo días y semanas en verano en los que se alcanzan los 40 grados, una temperatura superior a la óptima para los olivos. Mientras tanto, el Reino Unido puede cultivar olivos porque el cambio climático ha alargado ligeramente la temporada estival", aseguró recientemente el impulsor del proyecto, Pete Thompson, al diario 'The Times'. "Disponer de esas dos semanas adicionales, al principio y al final de la temporada, está empezando a marcar la diferencia".
A pesar de ser uno de los primeros proyectos en nacer en el Reino Unido, The English Olive Oil Company todavía no ha iniciado la producción, ya que está esperando a que los olivos alcancen la edad necesaria para ello. Un modelo opuesto al de Nik Butcher, fundador de ValleRuan, una empresa establecida en la zona de Cornualles (en el extremo suroeste de Inglaterra) a principios de 2024. Butcher optó por plantar olivos ya crecidos, algo que le ha permitido acelerar la producción. Actualmente cuenta con dos terrenos alquilados a agricultores locales, pero su intención es llegar a plantar hasta 10.000 olivos en cinco emplazamientos distintos.
A pesar de que el volumen de la producción todavía es muy reducido, las primeras sensaciones de ValleRuan son positivas. "Es algo en lo que mucha gente ha creído desde que empezamos. Toda la comunidad local ha venido a ver las aceitunas, la mayoría de la gente ha probado el aceite o lo ha comprado y nadie ha dicho aún que no le guste", aseguró Butcher en una reciente entrevista a la BBC. A pesar del clima lluvioso de esta zona del país, considera que sus olivos no solo sobreviven, sino que prosperan.
La apuesta de Família Torres con sus vides a 950 metros sobre el nivel del mar
La apuesta de Família Torres con sus vides a 950 metros sobre el nivel del mar
Cuando en 1999, se empezaron a plantar los primeros viñedos en las fincas de Sant Miquel, a 950 metros de altura, apenas se hablaba aún del cambio climático. Pero los propietarios de las bodegas Familia Torres, oriundos del Penedès, ya habían empezado a notar que algo estaba cambiando en los cultivos, que las lluvias eran cada vez más escasas y que las olas de calor se sucedían con mayor frecuencia. Y quisieron anticiparse y diversificar.
"Fuimos pioneros, además, en la recuperación de un cultivo que prácticamente había desaparecido en la comarca del Pallars", explican fuentes de la compañía. En la actualidad, en las casi 109 hectáreas de viña que la empresa tiene en esa zona del Prepirineo catalán, "se cultivan diferentes variedades blancas y tintas, tradicionales e internacionales", indica la misma portavoz, que subraya la recuperación de la ancestral Pirene, que estaba casi extinguida.
En el Pallars, la vendimia del año pasado fue óptima, gracias a una pluviometría en la zona que "fue abundante, sobre todo durante la primavera, lo que permitió mantener el vigor de la viña". El contraste térmico, con noches frescas y días cálidos en agosto, hizo que las maduraciones fueran lentas y regulares, de modo que ya el 23 de agosto empezaron a recolectarse las uvas de la variedad pinot noir, a las que siguieron las chardonnay.
La empresa, que destina el 11% de sus beneficios anuales a la adaptación al cambio climático, también está probando plantar nuevos viñedos en Benabarre (Huesca) y en Matasolana (Lleida) a 1.100 metros de altura, siguiendo el modelo de la región de Salta (Argentina), donde las viñas crecen a 1.600 metros, en plenos Andes. De momento, sin embargo, en estas dos ubicaciones pirenaicas, el cultivo no es todavía efectivo por el frío excesivo en invierno.
Quienes sí están teniendo más éxito con las uvas son los agricultores británicos, lo que ha impulsado la producción de vino, especialmente de blancos espumosos. Según datos de Wine GB -la asociación nacional del sector vitivinícola del Reino Unido-, la superficie dedicada a viñedos ha aumentado un 30% en los últimos cinco años, hasta superar las 4.800 hectáreas, mientras que la producción pasó de los 8,8 millones de botellas en 2020 a más de 21 millones en 2023.
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Textos: María Jesús Ibáñez y Lucas Font
Diseño: Andrea Hermida-Carro
Infografías: Andrea Hermida-Carro
Coordinación: Ricard Gràcia