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Oficios

Jesús Moral, pintor, explica las dificultades de la profesión: "Los veranos, las vacaciones eran para los niños, no para nosotros"

Los hermanos Moral, que llevan toda la vida ligados al oficio, exponen el intrusismo que sufre su sector

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Los hermanos Mario y Jesús Moral, pintores

Los hermanos Mario y Jesús Moral, pintores / Youtube

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Convertirse en pintor parece sencillo, al menos sobre el papel. Comprar unos cuantos materiales y empezar a trabajar. Precisamente ahí está uno de los grandes problemas del oficio, según explica el pintor cordobés Jesús Moral en una conversación entre pintores en el canal de YouTube Sector Oficios.

"Para ser pintor solo tienes que comprar pintura, un rulo, un pincel y poco más", resume. Una facilidad de entrada que, según los profesionales reunidos en el vídeo, ha convertido la pintura en uno de los oficios que más sufren el intrusismo y la competencia desleal.

Familia de pintores

Tanto Jesús como su hermano Mario conocen el oficio a la perfección, pues crecieron en una familia de pintores y comenzaron a acompañar a su padre cuando todavía estaban en el colegio. "Los veranos, las vacaciones eran para los niños, no para nosotros", recuerdan. Mientras sus amigos jugaban, ellos trabajaban colocando cinta, protegiendo superficies con periódicos y ayudando en los encargos familiares.

Con solo 16 años, Jesús recuerda cobrar unas 2.500 pesetas por toda una semana de trabajo. Sin embargo, los sábados y domingos algunos vecinos de su barrio comenzaron a llamarle para pintar cocinas y otros espacios. Por esos pequeños trabajos podía llegar a ingresar "15.000 o 20.000 pesetas".

"El confinamiento ha hecho mucho daño"

El problema, según explican durante la conversación, es que para el cliente no siempre resulta sencillo distinguir entre quien conoce realmente el oficio y quien simplemente sabe aplicar pintura sobre una pared.

"El confinamiento ha hecho mucho daño. Han salido muchos pintores", aseguran. Durante aquellos meses muchas personas comenzaron a pintar sus propias casas y, según ironizan, algunos terminaron pensando: "Yo soy pintor".

La diferencia aparece especialmente en todo aquello que el cliente no ve. Jesús pone como ejemplo los trabajos en comunidades de vecinos. Un profesional puede presupuestar una obra por 12 mientras otro ofrece hacerla por 6. Sin embargo, sostiene que el más barato puede acabar ganando incluso más dinero si se salta parte del proceso.

"Si la pintura tiene diez pasos, empiezas por el uno y terminas por el diez. Limpiar, fijar... todo", explica. El problema llega cuando alguien realiza solo los primeros pasos pero entrega igualmente el trabajo.

De competir por precio a diferenciarse

Esa guerra de presupuestos terminó quemando a Jesús y a su hermano. "Somos los caros de Córdoba", bromean al recordar las comunidades de vecinos que comparaban varias ofertas y elegían prácticamente en función de la cifra escrita al final de la página.

Con el tiempo decidieron abandonar esa dinámica. Si una comunidad les llama actualmente, explican, buscan que sea porque quiere específicamente que ellos hagan el trabajo y conoce previamente cómo trabajan. También encontraron en la alta decoración otra forma de diferenciarse. Bajo el nombre de Maqsurart desarrollan "pintura creativa, única y exclusiva para cada cliente".

"Cuando aprendes que ya no tienes competencia, yo voy a hacer mi trabajo bien hecho", resume Jesús.