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Seguridad social

Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario y experto en pensiones: "La única opción que le queda es aguantar a duras penas hasta los 66 y 8 meses"

Varios especialistas coinciden en que el sistema empuja a las personas hacia una prolongación de la vida laboral en condiciones de desgaste físico y mental

Los expertos coinciden: mantener el nivel de vida tras la jubilación requiere entre el 70% y 90% del salario anterior

Imagen del funcionario de la Seguridad Social Alfonso Muñoz Cuenca superpuesta a la de una pareja de jubilados.

Imagen del funcionario de la Seguridad Social Alfonso Muñoz Cuenca superpuesta a la de una pareja de jubilados. / YouTube/Alfonso Muñoz Cuenca/Pixabay/Jhenning_Retiree

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Goundo Sakho

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España envejece y lo hace a un ritmo que obliga a replantearse cómo será el final de la vida laboral en las próximas décadas. El aumento de la esperanza de vida, la mayor proporción de personas mayores y la transformación del mercado laboral han abierto un debate cada vez más presente: ¿debe tener la misma jornada laboral un joven de 25 años que una persona de 65?

En 2001, las personas de 65 años o más solo representaban el 16% de la población. Actualmente, suponen alrededor del 21% y, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), esta proporción alcanzará el 30,9% en torno a 2076. Asimismo, la población nacida en España, que actualmente representa el 79,8%, representará el 59,6% dentro de 50 años.

Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social y creador de contenido en YouTube, advierte de que el envejecimiento demográfico está planteando varios desafíos en el sistema de pensiones: "Es muy difícil que un trabajador llegue a los 67 años en plena capacidad al ritmo que hoy día se exige".

Otra esperanza de vida

Para entender el debate hay que remontarse a los orígenes del sistema moderno de pensiones. En 1889, el canciller alemán Otto von Bismarck creó el primer programa de seguro social obligatorio para la vejez, en un contexto muy diferente al actual: la esperanza de vida después de la jubilación apenas alcanzaba los siete años. Posteriormente, el modelo se extendió por Europa y llegó a España en 1919, con la creación del Retiro Obrero, que fijaba la edad ordinaria de jubilación en los 65 años.

Esta edad se mantuvo durante décadas a través del Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez (SOVI) y de la Ley General de la Seguridad Social de 1967. Sin embargo, según el INE, la esperanza de vida fue aumentando hasta situarse hoy en torno a 21 años más que por aquel entonces y, con ello, también comenzó a modificarse el sistema: la Ley 27/2011 inició un incremento gradual de la edad de retiro hasta situarla en los 67 años para quienes no alcancen los 38 años y tres meses cotizados en 2027; una reforma que ha obligado a muchas personas a prolongar su vida laboral.

Muñoz relata el caso de una trabajadora que recientemente consultó sobre su jubilación: "Hace unos días me llamó una compañera que tenía 65 años y medio y que estaba agotada laboralmente y quería saber cuándo podría jubilarse", explica. Sin embargo, tras analizar su vida laboral, comprobó que la mujer solo había cotizado 25 años, una cifra insuficiente para acceder a cualquier modalidad de jubilación. "La única opción que le queda es aguantar a duras penas hasta los 66 y 8 meses".

El coste de no retirarse a tiempo

Aunque el estado de salud depende varios factores -como los hábitos de vida, la genética y la prevención médica-, un estudio de la Universidad de Stanford reveló en 2024 que entre los 40 y los 60 años aumentaba la vulnerabilidad y la fragilidad del organismo humano frente a problemas cardiovasculares, músculo-esqueléticos y de movilidad, así como determinadas alteraciones cognitivas. Por ello, más allá de la edad ordinaria de jubilación, prolongar la vida laboral puede tener consecuencias relevantes para las personas mayores.

Una investigación de la Universidad de Mannheim y la Universidad Pompeu Fabra señala que retrasar un año la salida del mercado laboral aumenta significativamente el riesgo de morir entre los 60 y los 69 años, sobre todo en sectores con mayores exigencias físicas o psicológicas.

Además, según los investigadores, utilizando el valor de un año de vida ajustado por calidad a los 60 años en España, "un aumento de 0,46 años en la edad de morir se traduce en una pérdida social valorada en 8.564 euros por individuo". En cambio, retrasar la salida del mercado laboral genera, de media, una aportación adicional al sistema de pensiones y unos ingresos fiscales de 1.925 euros. Es decir que el valor asociado a una mayor esperanza de vida supera con creces las ganancias fiscales obtenidas por prolongar la vida laboral.

La desaceleración laboral

En un momento en el que prolongar las vidas laborales puede convertirse en un instrumento necesario para garantizar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, algunos expertos plantean la necesidad de diseñar nuevas modalidades de jubilación. Una de las propuestas pasa por permitir que los trabajadores reduzcan progresivamente su carga laboral, lo que Muñoz denomina "desaceleración laboral": "Hay trabajadores que a duras penas pueden llegar a los 67 años subidos a un andamio, o haciendo guardias interminables en un hospital sin descanso", expone.

La idea no sería necesariamente abandonar el mercado laboral antes, sino adaptar el trabajo a las capacidades de cada persona a medida que envejece: reducir horas, modificar funciones o asumir tareas menos exigentes físicamente. Una fórmula que permitiría mantener durante más tiempo a los trabajadores en activo sin obligarlos a soportar hasta el último día las mismas condiciones laborales que cuando tenían 25 años.