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Innovación médica

Diez años vendiendo cremas para financiar su investigación contra el cáncer

Endor está a punto de empezar un ensayo clínico en colaboración con el Hospital Clínic tras lograr facturar más de 4 millones de euros anuales con su cosmética de base científica

La industria en torno a la salud es la tercera fuente de riqueza para Catalunya

Joaquín Querol, fundador y consejero delegado de Endor Technologies

Joaquín Querol, fundador y consejero delegado de Endor Technologies / Endor

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Paula Clemente

Paula Clemente

Barcelona
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Joaquín Querol quería colaborar en la lucha contra el cáncer. Decidió probar suerte constituyendo una empresa tras años de investigación en el Institut Català de Nanotecnologia (ICN). Su propuesta era aplicar biotecnología que aprovechara factores de crecimiento innatos en el sistema inmune para alterar el crecimiento de un tumor. El problema era que la única forma de financiar aquello era apoyarse en fondos de inversión, y ninguno acabó de convencerle: sentía que con ellos –dice– perdía independencia científica y la posibilidad de equivocarse. “Entonces la cosa funcionaba de esta manera”, recuerda el emprendedor, respecto al escenario con el que se encontró hace 20 años.

“Si uno quiere libertad para decidir y oportunidad para fallar, lo tiene que hacer con su propio dinero”, asumió entonces. Y la respuesta la encontró en la cosmética. “Sabíamos hacer ciencia médica, así que se trataba de utilizar eso para desarrollar productos que pudiésemos llevar al mercado mucho más rápido que un tratamiento oncológico”, sostiene, ahora, casi diez años después de lanzar su primer producto al mercado, tras reformular toda su línea de cosmética para hacerla todavía más científicamente efectiva, y a las puertas de un ensayo clínico para un potencial tratamiento contra la metástasis hepática en melanoma y el cáncer colorrectal.

Su primera generación de producto cosmético se diferenció por el activo en el que se basaba la crema, una molécula propia que tocaba la tecla que activa el colágeno, la elastina y el ácido hialurónico en la piel. “Intentamos vendérsela a los médicos, pero no nos fue nada bien”, reconoce Querol, que no esconde ninguno de los baches que ha atravesado la empresa en este tiempo. No le cuesta admitir, como fundador, dueño mayoritario y consejero delegado de la compañía, que estuvo a punto de tirar la toalla, cuando vio que no conseguían vender lo suficiente y que su deuda era casi inasumible.

Pero entonces llegó la covid, que les obligó a explorar cómo vender ‘online’. Aquello lo cambió todo. Pasaron de 800 euros al mes, a 10.000 en tres meses, a 25.000 en medio año, a superar los 100.000 en otro semestre más. Así, hasta facturar cerca de 5 millones al año y registrar más de 1 millón de euros de beneficios que poder destinar a costear el ansiado estudio clínico.

La clave, reflexiona, fue enfocar el marketing de modo que se saliera un poco del discurso científico que puede hacer propio cualquier marca de cremas, tenga base científica real o no. Y exponerse él mismo , como divulgador, en redes sociales.

Más eficiencia y nuevas investigaciones

Una vez sintieron consolidada la marca, pausaron temporalmente las ventas para lanzar una versión evolucionada de sus cremas: gracias a la investigación científica que iban alimentando en paralelo, vieron que podían maximizar la eficacia de sus cosméticos para que la molécula en cuestión llegara más eficientemente a su destino o entregara mucho mejor el compuesto que tiene que entregar al cuerpo. En un mes, esta empresa con sede en el Parc Científic de Barcelona ha vendido el equivalente a 1 millón de euros, con esta línea.

En cuanto a su propuesta de tratamiento contra el cáncer, pronto empezarán un ensayo clínico de fase II en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona para empezar a probar que su fórmula es pacientes.

Si todo saliese bien, lo siguiente sería otro ensayo clínico que puede costar hasta 100 millones de euros. “Eso es inalcanzable para nosotros”, reconoce Querol. No descarta acudir, esta vez si, a los fondos de inversión, o incluso venderle la investigación a una farmacéutica. En este caso, concluye, ellos seguirían haciendo lo que hacen: vendiendo cremas cada vez más eficaces, mientras desarrollan investigación médica. Tienen entre manos, por cierto, un espray que alivia el dolor de las llagas que aparecen en la boca como consecuencia de la quimioterapia.

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