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Industria

Joaquín Folch-Rusiñol, el burgués que prefirió el motor al piano

El Museu de Ciències Naturals expondrá por primera vez la valiosa colección de minerales y piedras preciosas iniciada por su abuelo, Joaquín Folch-Girona, que fue adquirida por la Generalitat

Líder de la tercera generación de la familia de Titán, tiene una de las colecciones más reconocidas del mundo de motos y coches de competición

La colección que sitúa a Barcelona en la "primera división" de la liga de los minerales

Joaquín Folch-Rusiñol, en una imagen de archivo.

Joaquín Folch-Rusiñol, en una imagen de archivo. / Cortesía

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Albert Martín

Albert Martín

Barcelona
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“Mis hijos el piano no lo han tocado”. Con esta metáfora, Joaquim Folch-Rusiñol Corachán (Barcelona, 1953) explicaba cómo transmitió a sus dos hijos, Alberto y Joaquín, su gran pasión: el motor.

Quienes han tratado a este ingeniero industrial, heredero de la tercera generación del imperio de las pinturas Titanlux, aseguran que resulta imposible hablar de Folch-Rusiñol sin centrarse en su pasión por las carreras de coches y motos. Sólo su proverbial discreción logró que este detalle biográfico quedara oculto durante años, pero su afición es hoy bien conocida.

Superados ya los 70 años de edad, el patriarca de los Folch ha logrado mantenerse lejos de los focos. Inédito en los foros empresariales, poco habitual de la prensa económica y menos aún de la del corazón, su presencia pública se ha limitado a círculos exclusivos y de poca visibilidad, como la Fundación Princesa de Asturias, la Fundación Internacional Josep Carreras o la Fundación Empresas IQS. En su currículum también luce la condición de académico de honor de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi.

La venta de un imperio

Pero nada ha definido a este ilustre de la economía catalana tanto como el motor, ni antes de la venta de Titán (en 2020 a la holandesa AzkoNobel y a la portuguesa Neuce, por una cantidad superior a los 100 millones de euros) ni por supuesto después. La operación se produjo cuando el líder de la tercera generación de la estirpe empresarial había ya empezado a dar paso a la cuarta, encabezada por sus hijos.

Además de significar el adiós a la catalanidad de un gigante industrial levantado por su abuelo (la empresa nació en 1917, y Joaquín Folch Girona entró como socio para revolucionarla en 1928), aquella millonaria operación significó el ‘last dance’ de Folch-Rusiñol como empresario. En sus últimos años vivió dos reveses en este campo: el primero, ver la empresa familiar de pinturas en pérdidas por primera vez en su historia, hecho que se produjo en 2018 y propició unos traumáticos despidos.

Más conocido y anterior fue el otro: los Folch, junto con otros patricios de la economía catalana y española –los Andic (Mango), los Lara (Planeta) y los Colonques (Porcelanosa)– se unieron a Josep Oliu, presidente del Banc Sabadell, para constituir un núcleo duro de accionistas en la entidad. Pocas veces estas familias hicieron una inversión tan desastrosa: sólo dos después de la apuesta, Lehman Brothers quebró, el sistema financiero mundial se tambaleó sobre el abismo y toda la banca española, Sabadell incluido, inició una durísima travesía por el desierto que castigó a sus accionistas. Los Folch perdieron en la operación 90 millones de euros, toda una mancha para Folch-Rusiñol, tataranieto de Manuel Girona, uno de los grandes financieros de la historia de Catalunya (y fugaz alcalde de Barcelona), que hizo célebre una máxima inversora: “Vivo de hacer feliz a la gente: cuando quieren vender, les compro, y cuando quieren comprar, les vendo”.

Una casa sin camas

Estos percances, sin embargo, no truncaron la prosperidad de un heredero que pasa largas temporadas en Suiza y cuya afición a su yate, el ‘Buka’, de 38 metros de eslora y un precio cercano a los 10 millones de euros, es bien conocida. Menos sabido es que en su día vendió su inmueble en Pedralbes al exfutbolista y ahora entrenador de los Países Bajos Xavi Hernández. Pero se diría que todo en la vida de Folch-Rusiñol es envoltorio y aderezo de la que es la pasión que le define: las motos y los coches de competición. Para comprenderlo a fondo, hay que situarse en su Masia de Can Costa, en Cerdanyola del Vallès, convertida en una de las colecciones de motos y coches más reconocidas del mundo. La casa ‘pairal’ del recinto se ha convertido en un lugar de peregrinación para pilotos y ‘celebrities’ aficionadas al mundo del motor. Quienes han visitado el lugar lo explican así: “La casa principal tiene habitaciones, pero en vez de camas, tiene motos: es la mejor colección de moto española del mundo”, dice un empresario que pide el anonimato. “Y junto a esa casa hay una segunda, más pequeña, donde sí puede vivir él”, añade.

“Como coleccionista del mundo del motor es una figura entrañable, muy especial, se lo merece todo. Un ‘freaky’ de este nivel no conozco a ningún otro”, remacha.

DEPORTES JOAQUIM FOLCH    FOTO EMILIO PEREZ DE ROZAS. F 1 , F1 F-1 CLASICA , JOAQUIN FOLCH , JOAQUIM FOLCH

Joaquín Folch-Rusiñol, a la izquierda, en una carrera de Fórmula 1 Clásica. / EMILIO PÉREZ DE ROZAS

Folch-Rusiñol ha llevado su afición al motor a otras dimensiones. Por una parte, lleva medio siglo siendo un asiduo de las carreras de Fórmula 1 del campeonato mundial de motociclismo, hasta el punto de que según dicen de él, “conoce a todo el mundo, desde Fernando Alonso hasta Bernie Ecclestone”. Y además, él mismo ha competido en carreras de F1 histórica, al volante de modelos que en su día condujeron Emerson Fittipaldi, Gilles Villeneuve o Nelson Piquet. Según explican desde el privilegiado entorno de los coleccionistas del mundo del motor, el empresario tiene modelos clásicos “pero no en una vitrina; los tiene para correr”. “También tiene algún Ferrari o Aston Martin, pero eso lo tiene mucha gente”, añaden.

Un abuelo erudito de los minerales

Poco tiene que ver la desmedida pasión de Joaquín Folch-Rusiñol con la que marcó la vida de su abuelo, Joaquín Folch Girona, a quien debe también su apellido compuesto, ya que fue él quien se casó con la sobrina del pintor modernista. El patriarca y gran impulsor de Titán fue un erudito de los minerales. Además de levantar un imperio que fue durante décadas líder en el mercado español de la pintura, tiene en su biografía hitos geológicos como el de ser el descubridor de la millerita en las minas del Priorat y escribió obras de referencia tan alejadas de la Fórmula 1 como ‘Análisis de la smithsonita de Santa Creu d’Olorde’, ‘Un ejemplar de petremita procedente del Tibidabo’ o ‘Ejemplares de azurita y cianita procedentes de la mina de El Molá’. Es de esta incansable labor de donde procede la importante colección de minerales adquirida por la Generalitat que podrá verse en la renovada sede del Museu de Ciències Naturals, el Castell dels Tres Dragons del parque de la Ciutadella.

Folch Girona fue asimismo un entusiasta excursionista de los Pirineos, un mundo ajeno y opuesto al rugido del motor y al ‘glamour’ de los circuitos de Fórmula 1.

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