Entrevista | Enric Jiménez CEO de Grupo SOMRIE
Enric Jiménez (Grupo SOMRIE): “El problema de la vivienda no se resolverá únicamente regulando los precios”
El director general de SOMRIE reclama agilizar las licencias y aumentar la oferta para aliviar la tensión del mercado inmobiliario español

Enric Jiménez, CEO de Grupo SOMRIE. / CEDIDA

El precio de la vivienda sigue avanzando con fuerza en España mientras la oferta no crece al mismo ritmo que la demanda. El precio de los pisos aumentó un 12,9% interanual en el primer trimestre de 2026, según el INE, en un mercado marcado por las dificultades de acceso para buena parte de los hogares.
En este contexto, el sector inmobiliario busca fórmulas para aumentar la oferta y facilitar el acceso a la vivienda. Una de las compañías que trabaja en distintos ámbitos del mercado es Grupo SOMRIE, nacido en 2010 y especializado en servicios inmobiliarios, inversión y desarrollo. Su CEO es Enric Jiménez (Mataró, 1975), que analiza en esta entrevista la evolución del comprador, las oportunidades fuera de Madrid y Barcelona y los principales obstáculos para construir más vivienda.
P. Desde vuestra posición, con presencia en distintos ámbitos del mercado inmobiliario, ¿qué ha cambiado más en el comportamiento de compradores e inversores en los últimos años?
R. Tanto compradores como inversores llegan hoy mucho más informados. Comparan más, analizan alternativas y utilizan internet, redes sociales y cada vez más herramientas de inteligencia artificial.
Pero el cambio más relevante tiene que ver con la localización. El inversor ya no se limita a su ciudad: uno de Barcelona puede invertir en Lleida, Valencia, Alicante o Málaga si los números tienen más sentido. También vemos compradores más dispuestos a desplazarse si eso les permite acceder a una vivienda mejor o mejorar su calidad de vida.
P. ¿Cómo ha cambiado el perfil de quien compra vivienda o invierte en inmobiliario?
R. El acceso a la primera vivienda se ha desplazado claramente hacia la treintena. El comprador sigue siendo joven, pero llega más tarde debido al precio, la capacidad de ahorro y las exigencias de financiación.
En cambio, el perfil del inversor sí ha cambiado mucho. La edad del inversor ha bajado considerablemente y cada vez vemos más jóvenes que incorporan la inversión a su planificación financiera desde el principio.
P. Cada vez hay más personas interesadas en invertir en vivienda, pero no pueden o no quieren comprar un piso entero. ¿Está cambiando la forma de invertir en inmobiliario?
R. Sí. Durante años invertir en vivienda significaba disponer del ahorro suficiente para comprar un piso completo. Ahora están ganando peso fórmulas como la coinversión inmobiliaria, los clubes de inversión, el crowdfunding o la inversión fraccionada.
También existen proyectos donde se puede adquirir una habitación o un pequeño estudio desde 50.000, 60.000 o 70.000 euros. La tokenización inmobiliaria genera cada vez más interés, especialmente entre inversores jóvenes, porque permite fraccionar todavía más la inversión.
P. Madrid y Barcelona concentran buena parte de la demanda. ¿Dónde están ahora las oportunidades fuera de estas dos ciudades?
R. Estamos poniendo especialmente el foco en zonas del Mediterráneo menos tensionadas, desde Tarragona hacia el sur, pasando por la Comunidad Valenciana, Murcia, Almería o determinadas zonas de Cádiz. También vemos potencial en algunos mercados de la costa cantábrica.
La clave no es buscar simplemente dónde el metro cuadrado es más barato, sino ciudades con demanda real, actividad económica, buenas comunicaciones y capacidad para atraer población.
P. España necesita construir cientos de miles de viviendas, pero ¿dónde se puede construir de verdad y qué está frenando la oferta?
R. La vivienda se puede construir sobre todo donde existe una demanda sostenida vinculada al crecimiento económico y al empleo. El problema no es únicamente la falta de suelo o de capital: hay inversores, promotores y demanda.
El gran cuello de botella está en la velocidad con la que el suelo puede transformarse en vivienda terminada. Los plazos urbanísticos y administrativos siguen siendo demasiado largos y algunos proyectos pueden tardar ocho, diez o más años desde que se plantean hasta que pueden ejecutarse.
Necesitamos procedimientos más ágiles, previsibles y coordinados. Podemos tener suelo, financiación, promotores y compradores, pero si una vivienda tarda una década en poder desarrollarse, la oferta siempre llegará tarde respecto a la demanda.
P. La vivienda es ya una de las principales preocupaciones de los españoles y el sector inmobiliario es señalado en ocasiones como parte del problema. ¿Qué responsabilidad tiene el sector y qué solución ve a corto y medio plazo?
R. El sector tiene una responsabilidad evidente: contribuir a generar más vivienda y buscar fórmulas que permitan sacar al mercado producto a precios que puedan absorber las familias. El sector privado tiene que formar parte de la solución.
Pero hay una realidad que no podemos obviar: el principal problema hoy es la falta de oferta. Hay que facilitar que promotores, constructores e inversores puedan desarrollar proyectos con plazos razonables y seguridad jurídica.
También debemos ser más imaginativos con el inmobiliario que ya existe. En algunas ciudades hay plantas bajas comerciales que han perdido su uso y que, cuando sea viable técnica y urbanísticamente, podrían transformarse en vivienda. La solución pasa por trabajar simultáneamente en obra nueva, rehabilitación y reconversión de activos existentes.
P. Más allá de Madrid y Barcelona, ¿qué mercados pueden convertirse en los próximos focos inmobiliarios?
R. Málaga, Baleares y Canarias ya muestran una fuerte tensión, con demanda elevada y oferta limitada. Precisamente por eso, nuestra estrategia no suele centrarse en mercados que ya están muy calientes, sino en mercados secundarios con recorrido.
Buscamos señales como creación de empleo, nuevas infraestructuras, actividad logística o industrial, aumento de población y buena conexión con grandes núcleos urbanos. Vemos oportunidades en determinadas zonas del entorno de Lleida, algunos mercados de la costa cantábrica y ciudades del sur que todavía no han alcanzado los niveles de tensión de Málaga.
El riesgo es que cuando una zona atrae mucho capital antes de que aumente la oferta, las expectativas se incorporen rápidamente al precio. Por eso, el crecimiento inmobiliario más sano debe ir acompañado de nueva vivienda.
P. Para quien quiere comprar una vivienda en 2026, ¿qué debería mirar más allá del precio y la hipoteca?
R. Antes incluso del precio hay una pregunta fundamental: ¿cuánto dinero tengo ahorrado realmente para comprar? Uno de los errores más frecuentes es calcular primero la cuota mensual y descubrir después que no se dispone del ahorro necesario. En general, los bancos no suelen financiar más del 80% del valor de tasación, aunque existen excepciones.
Además, hay que contar con impuestos y gastos de la operación. Y no conviene agotar todos los ahorros: después de comprar pueden aparecer reformas, derramas, mantenimiento o gastos imprevistos.
El orden debería ser ahorro disponible, impuestos y gastos, financiación y, solo entonces, precio de la vivienda. También hay que analizar el estado técnico y jurídico del inmueble y la zona.
P. Mirando a los próximos dos o tres años, ¿mejorará el acceso a la vivienda? Si pudiera aplicar una sola medida, ¿cuál sería?
R. Mientras la demanda continúe creciendo y la oferta no pueda acompañarla, será difícil que desaparezca la tensión sobre los precios. Si tuviera que señalar una sola medida urgente, sería reducir drásticamente los plazos para obtener licencias de obra.
No se trata de construir sin control ni de rebajar las exigencias técnicas o urbanísticas, sino de cambiar el momento del control: pasar de una Administración que bloquea preventivamente durante meses a una que supervise y fiscalice con eficacia.
Si conseguimos recortar seis meses, un año o más en determinados proyectos, estaremos adelantando la incorporación de cientos o miles de viviendas al mercado. La cuestión de fondo es bastante sencilla: el problema de la vivienda no se resolverá únicamente regulando los precios; se resolverá aumentando de forma sostenida la oferta.
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