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En vigor el 12 de agosto

Las empresas afrontan dificultades para cumplir la norma que les obliga a reducir el contenido de plástico de los envases

Las compañías advierten de que la nueva normativa PPWR no prevé que hay materiales que aún no tienen un sustituto con las mismas garantías de calidad y de seguridad alimentaria

MULTIMEDIA| ¿Qué cambia con la entrada en vigor del nuevo reglamento de envases de la Unión Europea?

Nevera con el pescado ya cortado y preparado en bandejas de plástico, en un supermercado BonPreu de Barcelona, este viernes.

Nevera con el pescado ya cortado y preparado en bandejas de plástico, en un supermercado BonPreu de Barcelona, este viernes. / Ferran Nadeu / EPC

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La guerra que Europa ha declarado al plástico en la última década, con medidas como la prohibición de las bolsas de un solo uso en los supermercados o el aval al consumo de agua del grifo en los restaurantes, dará un nuevo paso al frente este 12 de agosto, cuando entra en vigor en España el reglamento 2025/40 de la Unión Europea. La nueva norma acarrea, entre otras disposiciones, la obligación para la industria alimentaria de incorporar en sus embalajes plásticos al menos un 30% de material reciclado y la retirada del mercado de los envoltorios plásticos monodosis para productos como el kétchup, la mayonesa o el azúcar. Además, la regulación de envases y sus residuos, bautizada como PPWR (del inglés, Packaging and Packaging Waste Regulation), abre el camino para un futuro etiquetado armonizado para toda la UE y fija límites para aquellos embalajes que contengan sustancias PFA, los compuestos químicos que actualmente se usan para recubrir con una barrera impermeable las cajas de comida rápida o los papeles de carnicería o repostería.

"Es una normativa revolucionaria en muchos sentidos, que nace con el reto de conjugar la sostenibilidad ambiental con el actual modelo de consumo rápido e inmediato", detalla Sílvia Palomé, responsable del área de Packaging en el Centre Tecnològic de Catalunya (Eurecat). Para esta ingeniera, que ha trabajado en Suecia y en Suiza asesorando a empresas tecnológicas en sus procesos de transformación estratégica, una de las virtudes del nuevo reglamento es que también "ayuda a aquellas empresas que ya lo están haciendo bien". "En los últimos años se ha trabajado mucho en este sentido y se han desarrollado nuevos materiales que han permitido introducir más contenido de plásticos reciclados o, incluso, han cambiado las recetas para que sean biodegradables", cuenta Palomé. Eso ha obligado, por ejemplo, a que "las empresas hayan tenido que cambiar maquinarias y modificar los procesos de producción, con la inversión que ello implica", señala la técnica de Eurecat.

Frutas y hortalizas bio envasadas en plástico en un supermercado de Barcelona.

Frutas y hortalizas bio envasadas en plástico en un supermercado de Barcelona. / FERRAN NADEU / EPC

Uno de los primeros impactos con que se está encontrando la industria alimentaria es precisamente el coste adicional que supone la adaptación a la nueva normativa. Y es que los envases, que en la actualidad ya concentran entre el 10% y el 15% del presupuesto que una empresa destina a la elaboración de un producto, deberán incorporar porcentajes de material reciclado, con objetivos que irán aumentando de cara a 2030 y que volverán a ser revisados al alza para 2040. Aunque muchas compañías están ya al día en la materia, todavía queda un buen puñado que no van a llegar a tiempo.

Un organismo que lo valide

"No es por falta de voluntad, sino porque, sencillamente, en algunos sectores aún no se ha inventado el material que garantice que la calidad del producto seguirá siendo la misma que hasta ahora de cara al consumidor", lamenta Sonia Muro, directora de Sostenibilidad de Florette Ibérica, una empresa que se ha especializado en la comercialización de ensaladas frescas para la que utiliza envoltorios de plástico, concretamente de poliolefina (un tipo de plástico flexible y resistente, formado principalmente por polietileno y polipropileno). "Aunque más del 95% de nuestros envases son ya reciclables, nos encontramos con que, por ejemplo, no hay suficiente disponibilidad de materiales reciclados para las poliolefinas, entre otras razones porque ahora mismo no existe un organismo o entidad oficial que los valide o certifique", constataba Muro en el marco de una ponencia titulada 'El 'packaging' como elemento diferenciador', celebrada en la feria Expo FoodTech de Bilbao.

Otro inconveniente puede derivar de la percepción que pueda tener el consumidor respecto al nuevo empaquetado. "El reto es cómo va a hacerse la aplicación de esa legislación en entornos industriales", agregaba en la misma charla María de Dios Maqueira, directora de Packaging en el grupo Mahou San Miguel. "El cambio no puede hacerse a cualquier precio ni de cualquier manera, porque corremos el riesgo de que el embalaje, en nuestro caso, la nueva tipología de botellas modifique la impresión que el cliente tiene sobre la calidad del producto", alertaba De Dios.

"En el caso de las empresas del sector de la alimentación existe el reto añadido de que el envase, además de tener que cumplir unos requisitos ambientales y de ser el vendedor silencioso que hace que el consumidor escoja un determinado producto en el punto de venta, tiene una funcionalidad muy específica: la de proteger el alimento y garantizar la seguridad alimentaria", agregaba, en la misma feria bilbaína, la directora general de Procircular, Carmen Sánchez García de Blas.

Plásticos reciclados

Otro sector que advierte de dificultades en la puesta en marcha de la nueva legislación es el de los plásticos reciclados. Patricia Aymà, fundadora de la empresa Benviro, explica a este diario que hay varias cuestiones técnicas que, según su punto de vista, no se están teniendo suficientemente en cuenta. "El reciclaje de plásticos es viable en la medida en que añadimos plástico virgen para mantener la calidad del material", señala. Cada vez que el plástico se funde para volver a utilizarlo, explica, una parte de sus enlaces se degrada y el material pierde prestaciones, una circunstancia especialmente delicada en los envases destinados a estar en contacto con alimentos.

La planta de Benviro, en Murcia.

La planta de Benviro, en Murcia. / Agencias

Como alternativa, Aymà reclama que la normativa abra más la puerta a los materiales biodegradables. La regulación limita actualmente su utilización a un número reducido de aplicaciones, como las bolsitas de té, pese a que, según la empresaria, algunos bioplásticos pueden reutilizarse y reciclarse en determinadas condiciones. "Tenemos certificaciones que demuestran que un bioplástico puede soportar más de doscientos lavados", afirma.

La fundadora de Benviro sostiene que el reglamento persigue "objetivos compartidos" por la industria, como reducir los residuos y fomentar la reutilización, pero considera que le falta incorporar "más conocimiento técnico" procedente de las empresas del sector. También recuerda que el uso de plástico reciclado no elimina la generación de microplásticos persistentes ni garantiza que los envases acaben realmente reciclándose. Para ello, advierte, deben estar correctamente identificados, separados y clasificados, además de existir un mercado que haga económicamente viable su recuperación. "Aunque las empresas quieran cumplir la legislación, en la práctica puede resultarles muy complicado, porque su producto quizá nunca llegue a reciclarse", zanja.

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