Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

En Asturias

María (32 años) vive en un bosque sin electricidad de red ni agua caliente: “Te puedes quedar en tu sofá, bien tranquilo, viendo los pájaros pasar”

La mujer cuenta cómo es su día a día y confiesa sentir "envidia sana de toda esa gente que te dice que no te preocupes por fregar, que hay lavavajillas"

Álvaro (39 años) dejó la ciudad para salvar el pueblo de su padre: "Veníamos con las mochilas, el cámping gas y víveres para 15 días"

Lucía, 27 años, viviendo en un aldea gallega de 9 personas: "Para mí, la compra del mes ronda los 50 euros, porque entre el huerto y la recolección gasto muy poco"

María entrando a su casa en mitad de las montañas asturianas, que ha renovado ella sola.

María entrando a su casa en mitad de las montañas asturianas, que ha renovado ella sola. / YouTube / Arnau Serrado

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Oriol García Dot

Oriol García Dot

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

María, de 32 años, cambió la vida urbana por el aislamiento en un bosque asturiano, donde restaura en solitario una casa abandonada y apuesta por una forma de vida completamente autosuficiente, guiada por el sonido del agua que cae por una de las cascadas de la zona, que es la que le llevó a descubrir el que es su nuevo hogar.

Esta historia la ha sacado a la luz el canal de YouTube de Arnau Serrado, un chico que sube contenido a sus redes sociales con las historias de gente que ha abandonado la ciudad para vivir una vida simple y autosuficiente en mitad de las montañas. Además, la propia protagonista también comparte su historia a través de su canal de YouTube @elcampuylamaria.

Instalarse en pleno bosque asturiano

Hace más de seis años, María decidió dejarlo todo para instalarse en pleno bosque asturiano y restaurar, con sus propias manos, una casa que llevaba décadas abandonada. Actualmente, ese lugar tiene nombre propio: Nogalia. "Aquí estamos la Senda [la perra de María] y yo dándote la bienvenida a nuestra casita", dice María para recibir a Arnau Serrado, que ha venido a conocer su historia.

Para empezar, la protagonista cuenta que todo comenzó de forma inesperada, durante el confinamiento por el Covid. Según su propio testimonio, María se refugió en el mismo pueblo donde vive su madre, un lugar con "muy pocos vecinos" y "muy poco riesgo de contagio".

Una casa completamente abandonada

Fue entonces cuando, siguiendo el sonido de una cascada mientras limpiaba un río cercano al pueblo, encontró una casa completamente abandonada. "Me encontré este maravilloso lugar, que para nada era como es ahora. Solo se veía la parte de arriba, porque todo lo demás era zarza", recuerda María.

Una vez vio la casa y todo el ambiente que la rodeaba, sintió que había muchas posibilidades de que ese fuese su nuevo hogar.

Y lo primero que hizo fue ir a hablar con su madre para saber a quién pertenecía esa casa abandonada en mitad del monte. Tras enterarse de que la construcción la acababa de heredar el primo de uno de sus vecinos, tuvo una conversación con él.

María junto a Arnau Serrado (propietario del canal de YouTube) en el exterior de su casa.

María junto a Arnau Serrado (propietario del canal de YouTube) en el exterior de su casa. / YouTube / Arnau Serrado

6.000 euros para conseguir su hogar soñado

"Dijo que, si quería, él estaba totalmente receptivo. Me dijo que si yo quería que podía entrar en la casa cuando quisiese, porque las llaves las tenía una vecina de otro pueblo muy cerca de aquí", explica María. Los meses fueron pasando y, cada vez, María se iba encariñando más de la casa, por lo que acabó pagando 6.000 euros al propietario para, finalmente, conseguir su hogar soñado.

Desde entonces, María ha rehabilitado la casa prácticamente sola, combinando materiales reutilizados con técnicas de bioconstrucción que ha ido aprendiendo sobre la marcha. Vive sin electricidad de red, ya que depende de placas solares, y se abastece de un manantial propio por el que paga "6 euros al año". "Vives un poco con los ritmos de la vida", resume, explicando que la disponibilidad de sol o de lluvia condiciona buena parte de sus tareas diarias.

Depende del sol y la lluvia

De hecho, María explica que, si quiere tener electricidad, depende completamente de que haga sol, y si quiere agua, depende de que haya llovido. Aun así, ella no considera esto un problema: "Siempre hay cosas que hacer, siempre puedes ser productivo y, si no quieres serlo, te puedes quedar en tu sofá, bien tranquilo, viendo los pájaros pasar".

Pese a la dureza de algunas tareas, María no oculta ciertas carencias que todavía le pesan. "Por ahora no tengo agua caliente", admite entre risas, señalando el termo que aún no ha instalado.

Tampoco cuenta con lavadora ni lavavajillas, algo que, confiesa echar de menos: "Siento un poquito de envidia sana de toda esa gente que, cuando vas a su casa, te dice que no te preocupes por fregar, que hay lavavajillas".

María lavando un vaso a mano, ya que no tiene lavavajillas.

María lavando un vaso a mano, ya que no tiene lavavajillas. / YouTube / Arnau Serrado

Mentalidad optimista y muchos avances

A pesar de no estar siendo un camino fácil, María sigue con una mentalidad muy optimista y está orgullosa de sus avances: "Aunque vayas un poco con miedo, todo lo que haces es positivo, porque estás avanzando. El hecho de tener luz ya es un avance; el hecho de poder darle un interruptor y, gracias al sol, poder tener luz en casa por la noche es un gran avance. Hay que seguir avanzando".

Aunque parezca que María tiene algunas complicaciones con su nueva manera de vivir, está muy segura de que es lo que quiere: "Yo cuando entré aquí entré sin luz, sin agua, con la casa tal cual estaba... y nadie me obligó; yo lo hice porque quería, porque yo quería vivir la experiencia a tope, desde el 100%. Igual que hay gente que coge y pone una tienda de campaña, yo quería esto".