Leyla Kazim, la mujer que no hizo nada en su trabajo durante un año: "Desarrollé la sospecha de que mi puesto era irrelevante e inútil"
La empleada desarrolló una estrategia basada en simular que estaba ocupada: "No hay mayor engaño en una oficina moderna que una hoja de cálculo"
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The Telegraph / Will Brembridge/ vídeo: EPC

¿Es posible pasar meses o, incluso, un año entero en una oficina sin hacer prácticamente nada y que nadie lo note? Aunque suene improbable, la experiencia de una trabajadora británica ha reabierto el debate sobre la utilidad real de algunos empleos en el mundo corporativo.
La rutina de fichar, sentarse frente al ordenador y aparentar productividad forma parte del día a día de millones de empleados. Sin embargo, detrás de esa imagen de actividad constante, algunos trabajos podrían estar más enfocados a la percepción que al resultado real. Es en este contexto donde el caso de Leyla Kazim ha ganado notoriedad, tras relatar su propia experiencia en una gran empresa.
Kazim trabajaba en una compañía de 'software' en Londres y asegura en un artículo publicado en su perfil de Substack que todo comenzó tras un cambio en la estructura interna de la empresa. “Desarrollé la sospecha de que mi puesto era irrelevante e inútil. Además, mi nuevo responsable parecía tener muy pocas habilidades de gestión y ni siquiera tenía claro en qué consistía su función", explica.
Poner a prueba el sistema
Fue entonces cuando decidió poner a prueba el sistema: "Decidí hacer un experimento: dejé de trabajar para ver cuánto tardaría alguien en darse cuenta". Lo que esperaba que durara apenas unas semanas acabó prolongándose durante un año completo sin levantar sospechas. "Los resultados cambiaron para siempre mi enfoque profesional", expone Leyla Kazim.
Para mantener esta mentira, Kazim desarrolló una estrategia basada en simular que estaba trabajando: "No hay mayor engaño en una oficina moderna que una hoja de cálculo. La gente pasa, ve todo ese texto pequeño y las columnas, y simplemente asume que estoy trabajando".
Planificando un largo viaje de diez meses
Mientras sus compañeros y superiores daban por hecho que estaba realizando sus tareas pendientes, ella dedicaba su tiempo a planificar un largo viaje de diez meses: organizando itinerarios, presupuestos y alojamientos. De hecho, solo dedicaba unos 15 minutos de esfuerzo para generar correos o documentos que justificaran su trabajo.
Además, confiesa que su ubicación en el trabajo facilitaba que nadie la pillara: "Siempre tenía una página web preparada que parecía de trabajo, para poder quitar de la pantalla mi investigación de viajes. Tenía inclinado el monitor y, además, tuve la suerte de estar sentada frente a una ventana, lejos del paso de la gente, así que rara vez alguien veía mi pantalla".
Falta de supervisión real
Además, la autora reconoce que el sistema facilitaba esta situación: la falta de supervisión real y la importancia de aparentar productividad por encima de los resultados eficientes y reales.
En sus reuniones, bastaba con utilizar lenguaje corporativo y ofrecer actualizaciones superficiales para que todo pareciera en orden. "Usaba frases como 'estoy haciendo grandes progresos' o 'los stakeholders están alineados'", confiesa.
El experimento no terminó porque fuera descubierta, sino porque decidió abandonar el puesto. Lejos de sentir alivio, la experiencia reforzó su percepción sobre la falta de sentido de su trabajo.
Según explica, aquello le hizo replantearse su carrera y entender el entorno laboral como "una especie de teatro", donde su trabajo era inútil.
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