Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Oficios tradicionales y personas jóvenes

Carolina, electricista autónoma: "Yo no puedo decir cuánto gano al mes, porque igual hay un mes donde facturo 100 y otro donde puedo facturar 3.000"

El oficio de electricista se presenta como una alternativa profesional para jóvenes como Carolina, quien encontró en la autonomía una vía para prosperar

Poner un enchufe, el nuevo lujo doméstico: se ha pasado a elegir entre “dar calidad o dar precio”

La falta de relevo generacional en oficios tradicionales se ve contrarrestada por casos como el de Carolina, que eligió la electricidad para salir adelante

La falta de relevo generacional en oficios tradicionales se ve contrarrestada por casos como el de Carolina, que eligió la electricidad para salir adelante / ARCHIVO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alejandro Navarro

Alejandro Navarro

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El sector de las profesiones tradicionales, relacionadas con actividades manuales que se han llevado a cabo desde siempre, se encuentra en mitad de una transformación causada por la falta de relevo generacional.

En este sentido, los más jóvenes suelen elegir trabajados relacionados con el ámbito tecnológico o de oficina, alejados aún más del esfuerzo físico.

Un giro de 180 grados a su carrera profesional

Aunque también existen casos de personas que salen de la media y deciden dar un vuelco a su carrera profesional. Este es el caso de Carolina, una joven de 29 años con origen venezolano. Actualmente, vive en San Sebastián, donde trabaja como electricista autónoma, después de distintos cambios de rumbo a nivel profesional y personal.

"Yo fui policía. De policía pasé a tomar una decisión que fue irme de mi país", comenta. Después de pasar por Uruguay y llegar hasta el País Vasco, tuvo que recurrir a puestos de trabajo precarios y sueldos escasos.

"Trabajé de niñera, trabajé limpiando, trabajé aquí, trabajé allá, porque claro, mi profesión no la podía ejercer", recuerda. Al ser madre separada cuando llegó al país, era necesario encontrar un trabajo. Por ello, la propia madre de Carolina le recomendó estudiar electricidad, una decisión que marcaría su vida.

Ser electricista y darse de alta como autónoma

Ya solo el proceso de selección para obtener su carnet de instaladora fue muy duro: "Éramos 100 candidatos y solo había 15 plazas". Más tarde, admite que su primer trabajo durante la reforma de un local supuso una prueba de fuego para ella.

El esfuerzo físico que le suponía realizar las reformas integrales fue muy duro, por lo que buscaría una empresa dedicada exclusivamente a la electricidad. Aun así, después de la negativa de sus jefes a subirle el sueldo, tomó la decisión de hacerse autónoma.

"Yo no puedo decir cuánto gano al mes, porque igual hay un mes donde facturo 100 y hay un mes en donde puedo facturar 3.000", admite la empleada, señalando lo variable que puede ser su facturación como electricista autónoma.

Con todo ello, Carolina es una muestra más de nuevas generaciones que se adentran en los oficios tradicionales, con la intención de prosperar profesionalmente y sacar adelante su economía personal y familiar.