El negocio del bienestar
La clínica estética con mentalidad (y fondos) de ‘startup’ ultratecnológica
Santé, de los fundadores de Didit, prevé terminar su tercer año de vida con 4 millones de euros de facturación, un segundo centro en marcha y planes para empezar en el extranjero
Los centros de estética ganan terreno en Barcelona mientras las peluquerías tradicionales luchan por sobrevivir

La doctora Sol Montalve y Héctor Carrillo, directora médica y consejero delegado, respectivamente, de Santé. / Santé

Había estudiado finanzas en Estados Unidos gracias a una beca conseguida a través del tenis. Trabajó en una de las cuatro mayores consultoras del mundo, y, luego, en Europastry, pero el gusanillo del emprendimiento seguía ahí, así que cuando dos grandes amigos que había hecho gracias al tenis (Alberto y Alejandro Rosas), le propusieron embarcarse en Didit, una plataforma que ayuda a las empresas a verificar la identidad de sus usuarios y prevenir el fraude, apenas lo dudó. “Son brillantes, así que me convencieron enseguida”, recuerda Héctor Carrillo, que poco sospechaba entonces que de aquella ‘startup’ ultratecnológica nacería una clínica de medicina estética que estaría dirigiendo él mismo un año después.
“Una cosa que nos une mucho a los tres es que somos unos apasionados de la salud; también de la estética y el bienestar, pero sobre todo de la salud, nos encanta, y no había ninguna clínica que nos representara del todo”, narra Carrillo, para explicar que acabaran montando Santé, en paralelo a Didit. “Creímos que era una buena oportunidad para diversificar nuestros negocios y hacer algo que realmente nos apasionara”, prosigue.
No son los únicos que han detectado que la fiebre por el autocuidado y la estética son un filón claro de negocio, pero, incluso existiendo competencia, la apuesta les funcionó. Con solo una clínica abierta en Barcelona y una treintena de trabajadores, Santé facturó el año pasado 1,2 millones de euros y su previsión es terminar este 2026, su tercer año de vida, con un volumen de negocio de 4 millones de euros.
“Didit estaba funcionando muy bien, y decidimos diversificar", recuerda Carrillo. "Ha habido momentos críticos en que hemos dudado de si podíamos hacerlo”, recuerda el mismo, respecto a llevar dos ‘startups’ a la vez. "Ha sido un periodo muy exigente, pero los tres tiramos mucho del carro y nos hemos sabido respetar y separar bien quién hace qué", remata.
Ayuda, en definitiva, tener las tareas claramente divididas, trabajar muy alineadamente, ser muy disciplinados en la ejecución (cortesía de los años de deportistas profesionales) y todo lo que puede aportar una empresa a la otra, enumera. Para empezar, Santé se alimenta de fondos propios. “Preferimos invertir en un negocio que nos apasionara, antes que en bolsa o en cualquier otra cosa”, razona su consejero delegado.
Oficinas propias y mirada al extranjero
La clínica empezó con limpiezas faciales y creció por la parte de los tratamientos capilares o las inyecciones para rellenar labios y ojeras o suavizar líneas de expresión, pero su ambición es que esto sea el trampolín que les permita llegar a donde realmente quieren: Ser “una clínica de cuidado de salud con enfoque 360 que se fije en el rendimiento, la longevidad, la prevención de enfermedades…”, ensueña Carrillo. “Detectamos que para empezar y crear una marca sólida era más fácil comenzar por la medicina estética”, justifica. Lo siguiente, avanza, será incorporar de cara a 2027 "novedades" relacionadas con la longevidad.
De momento, suman una media de 2.000 visitas al mes, y una recurrencia por cliente de 2 veces al año, aproximadamente. Tienen planes para abrir una segunda clínica en España en lo que queda de año, están a punto de mudarse de un 'coworking' a unas oficinas propias (compartidas con Didit) y ya piensan en abrir, el año que viene, su primer centro fuera del país.
“Hemos entendido muy bien el cambio generacional que hay en las clínicas estéticas, creo que somos la nueva generación de clínica médica”, defiende Carrillo, que también subraya el papel de la doctora Sol Monsalve como directora médica o la filosofía ‘startup’ que están intentando aplicar. “Metemos cantidad de tecnología y procesos en la operativa, o las decisiones médicas, y eso no es habitual en una clínica”, enfatiza. “Queremos crear algo mucho más grande y que trascienda: la ambición es que se convierta en una compañía mundial, como lo está siendo Didit, y que se nos vea como una plataforma de cuidado médico 360”, concluye Carrillo.
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