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De los neobancos a las 'neoaseguradoras'

Las aseguradoras entran en la batalla por el ahorro con la misma fórmula que revolucionó la banca digital

La tecnología empieza a unir inversión, seguros y ahorro en una única experiencia móvil mientras el sector se prepara para el mayor relevo generacional de patrimonio de la historia

La nueva batalla por el ahorro llega a los seguros: inversión, tecnología y protección se unen en una sola app.

La nueva batalla por el ahorro llega a los seguros: inversión, tecnología y protección se unen en una sola app. / PIXABAY

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Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid
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Durante la última década, los neobancos cambiaron la forma en la que millones de personas se relacionaban con su dinero. Abrir una cuenta desde el móvil en pocos minutos, realizar transferencias instantáneas o gestionar tarjetas desde una aplicación dejó de ser una excepción para convertirse en la nueva normalidad financiera.

Ahora, algunos expertos creen que esa transformación podría empezar a extenderse también al mundo del ahorro, la inversión y los seguros. Es el momento de las llamadas “neoaseguradoras” o, al menos, de una nueva generación de plataformas que buscan simplificar el acceso a productos tradicionalmente complejos y unir en un mismo entorno digital servicios que hasta ahora funcionaban por separado.

La aparición de iniciativas como myETF (la primera plataforma digital de ETF –fondos cotizados– con seguros ‘unit linked’), impulsada por la firma tecnológica Flinket junto a la aseguradora MGC Mutua, ha reabierto el debate sobre hasta qué punto el sector asegurador está llamado a vivir una transformación similar a la que experimentó la banca tras la irrupción de actores como Revolut, N26 o Wise.

Desde myETF prefieren, sin embargo, hablar menos de sustitución y más de colaboración. “El patrón dominante no es ‘te quito el cliente’, sino ‘te doy la infraestructura que no tienes tiempo de construir’”, explican desde la compañía, que considera que la mayor transformación llegará inicialmente al denominado middle y back office, es decir, a toda la maquinaria tecnológica y regulatoria que opera detrás del producto final.

El cliente ya no quiere comportamientos estancos

La principal diferencia respecto a hace apenas una década es que el comportamiento del consumidor ya ha cambiado.

“La generación que empezó invirtiendo desde el móvil no va a aceptar esperar tres días para ver reflejada una operación ni firmar papeleo físico en una oficina”, explica Jesús Pérez Pérez, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). “Exigen inmediatez, transparencia y plataformas que se parezcan más a Netflix o Spotify que a una banca web tradicional”, continúa.

Ese cambio de hábitos está obligando a las entidades financieras a replantearse productos y procesos diseñados hace décadas para un cliente completamente distinto.

Para Xavier Plana, director general de MGC Mutua, el fenómeno va más allá del canal digital. “El cliente quiere operar desde el móvil, entender qué está contratando y tener más control sobre sus decisiones”, señala. A su juicio, la verdadera transformación no estará únicamente en los productos, sino en la manera de distribuirlos, explicarlos y acompañar al cliente en sus decisiones financieras.

El reto de convertir ahorro en inversión

España continúa siendo uno de los países europeos con mayor volumen de ahorro depositado en cuentas corrientes y depósitos bancarios. La tasa de ahorro de los hogares españoles se situó en el 12% de la renta disponible durante 2025, según el INE. El desafío, coinciden los expertos, no es tanto la falta de ahorro como la dificultad para transformarlo en inversión.

“La tecnología ya está derribando esa barrera, principalmente a través de la microinversión y la automatización”, sostiene Pérez Pérez. Herramientas como los roboadvisors (plataforma digital que invierte tu dinero por ti utilizando algoritmos), las aportaciones periódicas o las inversiones desde importes reducidos han contribuido a acercar los mercados a perfiles que históricamente se mantenían al margen.

Desde MGC consideran, no obstante, que el principal obstáculo sigue siendo la educación financiera. “Cuando una persona no entiende bien qué está contratando o qué riesgos está asumiendo, es lógico que se refugie en productos que percibe como más seguros”, afirma Plana.

La tecnología, añade, puede simplificar el acceso y mejorar la transparencia, pero necesita ir acompañada de información y acompañamiento para generar confianza.

La desaparición de las fronteras financieras

Otra de las grandes tendencias que anticipa el sector es la progresiva desaparición de las fronteras entre banca, seguros e inversión.

“El usuario ya no quiere ir a tres sitios distintos”, resume el profesor del IEB. La irrupción del denominado embedded finance (servicios financieros integrados) apunta hacia plataformas capaces de combinar productos de ahorro, protección e inversión bajo una misma experiencia digital.

Plana coincide en este diagnóstico. “El cliente no piensa en compartimentos estancos entre banca, seguros o inversión; piensa en sus necesidades reales”, explica. Según el directivo, las futuras soluciones financieras tendrán sentido si ayudan a protegerse hoy, ahorrar de forma constante e invertir pensando en objetivos a largo plazo.

El gran traspaso generacional

El sector, además, se prepara para un fenómeno que podría redefinir el mercado durante las próximas dos décadas: el mayor traspaso generacional de patrimonio de la historia reciente.

Las nuevas generaciones se informan a través de redes sociales, comparan constantemente alternativas y esperan una relación mucho más directa y digital con las entidades financieras. “La industria tradicional no está del todo preparada”, advierte Pérez Pérez. 

Si intenta retener ese patrimonio heredado utilizando los mismos métodos de venta cruzada y opacidad de siempre, el dinero migrará hacia nuevos actores en cuestión de clics

Jesús Pérez Pérez

— Profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB)

Para las entidades tradicionales, el desafío no será únicamente tecnológico. Será también una cuestión de confianza.

“El futuro será digital, sin duda, pero seguirá siendo profundamente humano”, concluye Plana. Y esa es una idea que resume perfectamente el momento que vive el sector. La próxima revolución financiera probablemente no enfrente a bancos contra fintech ni a aseguradoras contra insurtech, sino a quienes sean capaces –o no– de combinar tecnología, simplicidad y confianza en la gestión del ahorro de una nueva generación de inversores.

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