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INFRAESTRUCTURAS

Juan Santamaría, el consejero delegado más joven del Ibex 35 que prepara a ACS para la era de la IA

El consejero delegado de ACS pilota el salto del grupo de Florentino Pérez hacia los centros de datos y defiende que España está ante una oportunidad histórica con la IA

Juan Santamaría, consejero delegado de ACS, junto a Florentino Pérez, presidente y máximo accionista

Juan Santamaría, consejero delegado de ACS, junto a Florentino Pérez, presidente y máximo accionista / Archivo

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Gabriel Santamarina

Gabriel Santamarina

Madrid
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Cuando alguien piensa en ACS, la constructora que presume de ser la que más años de historia tiene en España, nunca apostaría que su primer espada (con permiso de su presidente, Florentino Pérez) es el consejero delegado más joven de todo el Ibex-35. Juan Santamaría (Madrid, 1978) tiene 48 años, es ingeniero de caminos y representa una rara avis dentro de la élite empresarial española: un directivo todavía joven para los estándares del poder corporativo, formado desde abajo en una de las mayores constructoras del mundo y llamado a pilotar la transformación de un grupo histórico en plena revolución de la inteligencia artificial.

Santamaría no ha llegado a la cima por accidente ni por un salto repentino. Su carrera es, más bien, la historia de una apuesta largamente madurada dentro de la constructora de Pérez. Entró en 2002, recién salido de la Universidad Politécnica de Madrid, y lleva 24 años en el grupo. Su gusto por la ingeniería y la construcción podría decirse que le corre por las venas: su padre, Juan Santamaría Fullana, fue presidente de Euroestudios y de Fidex, la patronal de las grandes empresas de ingeniería.

Su primer cargo directivo fue en 2006, con solo 28 años, asumiendo la dirección general de la filial de infraestructuras del grupo en Estados Unidos y Canadá. Una vez más, queda patente que para ser alguien en las constructoras patrias primero hay que hacer las Américas. En 2013 fue nombrado consejero delegado de Iridium, una de las concesionarias de ACS, pero solo un año más tarde fue enviado a Australia, otro de los grandes bastiones de los gigantes españoles. Aquí aterrizó primero como directivo de CPB Contractors y, posteriormente, de UGL, ambas filiales de Cimic, el brazo de ACS en el país, compañía en la que asumió el cargo de consejero delegado en 2020.

Precisamente, en ese año, caracterizado por el estallido de la crisis sanitaria de la Covid-19, Santamaría aterrizó en la primera línea de Cimic justo después de que estallara uno de los grandes rotos de ACS en su expansión internacional. Cimic era propietaria del 45% de BIC Contracting, una constructora con actividad en Emiratos, Qatar, Omán y Arabia Saudí, que terminó en fracaso. Esto causó un impacto extraordinario de 1.800 millones de dólares australianos, unos 1.100 millones de euros, en las cuentas de Cimic, el recorte del dividendo y la venta 'a derribo' del negocio. Para salvar aquella situación, la constructora vendió su negocio fotovoltaico y su negocio industrial, Cobra, operaciones valoradas en más de 7.000 millones de euros.

Cuatro años como consejero delegado

Dos décadas después de haber entrado en ACS, en mayo de 2022, fue nombrado consejero delegado del grupo, tomando el relevo de Marcelino Fernández Verdes, escudero de Pérez que terminó defenestrado por los malos resultados en Oriente Medio. Discreto en las formas, pero ambicioso en el fondo, y heredero de una cultura constructora clásica, pero convencido de que el futuro de las infraestructuras ya no se juega solo en carreteras, puentes, aeropuertos o túneles, Santamaría ha llevado a ACS a vivir el mejor momento de su historia. "En los últimos cinco años, el retorno medio anual ha alcanzado el 46%", aseguró exultante Florentino Pérez, durante la última junta de accionistas del grupo. Alguna culpa tendrá la apuesta por los centros de datos y el crecimiento de la inteligencia artificial (IA).

Su gran obsesión tiene menos que ver con el hormigón tradicional y más con el futuro invisible que sostiene la economía digital. Santamaría se ha convertido en uno de los grandes defensores empresariales del 'boom' de los centros de datos. Bajo su mandato, ACS quiere dejar de ser vista solo como una constructora global para presentarse como una compañía capaz de levantar las infraestructuras críticas de la inteligencia artificial. Su tesis es sencilla, pero poderosa: la nueva economía digital también necesita suelo, energía, obra civil, redes, seguridad, permisos, refrigeración y capacidad de ejecución.

En una conferencia en el mes de mayo en CaixaForum de Madrid, el consejero delegado verbalizó esa visión con una frase de enorme alcance: "La IA va a acabar con la sociedad y el modelo productivo tal y como lo conocemos. Habrá puestos de trabajo que desaparecerán, pero se crearán otros". El ingeniero de caminos ha entendido que los centros de datos son las autopistas del siglo XXI. Donde antes circulaban coches, mercancías y personas, ahora circulan datos, algoritmos, servicios en la nube y modelos de inteligencia artificial.

Positivo con el futuro de España

En la mencionada ponencia, titulada 'España ante su futuro: Retos y Oportunidades', toda una declaración de intenciones, el directivo demostró que, a pesar de pasarse buena parte de sus días fuera de España y que el negocio de ACS en el país ha menguado frente a otras geografías, sigue de cerca lo que ocurre en el país. Santamaría defendió que el país está en el mejor momento para aprovechar el 'boom' de los centros de datos. A su juicio, España parte de una posición privilegiada: buen punto de partida macroeconómico, el endeudamiento privado más bajo de la Unión Europea, llegada de cables submarinos, una sólida red de fibra óptica, capacidad de atraer talento, una industria energética resiliente y una balanza comercial positiva.

Pero su diagnóstico no cae en la autocomplacencia. Santamaría también advirtió de las debilidades. La principal, la escasa capacidad industrial para capturar toda la cadena de valor de esta revolución. España puede tener energía, conectividad, talento y posición geográfica, pero necesita más músculo productivo para no limitarse a ser un lugar donde otros instalan infraestructuras. Esa preocupación enlaza con una reflexión más generacional. Santamaría admitió estar preocupado porque en España "se ha perdido la capacidad de emprendimiento" de sus predecesores, entre ellos el mencionado Florentino Pérez, pero también sus homólogos, Rafael del Pino o José María Entrecanales Azcárate.

En ese punto, Santamaría no habla solo como consejero delegado de ACS. Habla como representante de una generación que ha heredado grandes compañías, pero que debe probar que sabe transformarlas. Su reto no es menor: mantener el legado constructor de ACS y, al mismo tiempo, empujarlo hacia negocios que hace apenas unos años parecían ajenos al corazón del grupo. La confianza del presidente y máximo accionista de ACS, Florentino Pérez, parece que es máxima. En un corrillo con periodistas en la última junta, el también presidente del Real Madrid presumía como un padre orgulloso de los negocios que Santamaría traía al grupo, con fuertes retornos y sin apenas riesgo.

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