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Organizaciones empresariales

Chequeo al informe Fénix: la polémica radiografía de la economía catalana y su productividad

El estudio pone en el punto de mira la aportación de los inmigrantes a la economía y cuestiona la utilidad de sectores enteros

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Dos repartidores de Glovo, cerca de la Sagrada Família de Barcelona

Dos repartidores de Glovo, cerca de la Sagrada Família de Barcelona / Zowy Voeten

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Albert Martín

Albert Martín

Barcelona
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Economistas y organizaciones empresariales llevan desde mediados de junio estudiando y cuestionando el informe Fénix. Este estudio sobre la productividad de la economía catalana ha encontrado entusiastas voces a favor de sus planteamientos, pero también detractores, tanto por su metodología como por sus conclusiones. Estos son las claves que explican la polémica originada alrededor de este informe económico.

¿Catalunya va mal?

"El modelo económico actual de Catalunya es insostenible y aboca al país al retroceso económico y a la ruptura de la cohesión social a medio plazo". Éste es el título de la página web en que se presenta el informe Fènix, en lo que supone una obvia llamada de atención y una mirada no sólo pesimista sino también alarmada sobre la situación de la economía catalana.

El informe pone su mirada en la riqueza per cápita, estrechamente vinculada a la productividad, de la que habla en términos crudos: "No sólo es mediocre en el contexto europeo (en el 2000 era el 8% inferior a la media europea), sino que está empeorando (ahora es el 13% inferior)". Pero lo cierto es que existen discrepancias entre economistas en esta cuestión. Tanto el Banco de España como la Cambra de Comerç (en un estudio presentado a mediados de junio) afirman que la productividad está creciendo y acortando la brecha respecto a su nivel europeo. Así, en el 'Informe anual' del supervisor bancario se indica que desde 2014 a la actualidad la brecha de productividad acumulada respecto a Europa ha pasado de ser de 12 puntos a los ocho actuales. La Cambra, a su vez, apunta que en 2025 el PIB por habitante aumentó un 1,6%, y la productividad por hora trabajada lo hizo un 1,1%. También un informe del BBVA e IVIE iba en la misma línea optimista.

Este reciente repunte cuestiona en parte las conclusiones de un informe que mira la evolución de este indicador entre el año 2000 y el 2024.

Los 'culpables', molestos

El informe considera 'subvencionados' aquellos sectores en que los trabajadores consumen más recursos públicos de lo que aportan por la vía de los impuestos y las contribuciones a la Seguridad Social. Los cálculos del 'informe Fènix' son claros: los empleos con un salario medio anual inferior a los 27.500 euros son "altamente subvencionados" porque, dice el informe, los trabajadores no cubren el coste de los servicios básicos. Los autores del informe apuntan que entre 2008 y 2023 el 52% de la creación neta de ocupación se produjo por debajo de este rango salarial, que incluye el sector turístico, el cárnico y el de reparto.

El estudio Fènix no puede ser más explícito a este respecto: "Los sectores que más han crecido no sólo no han aportado más bienestar, sino que han sustraído recursos del sistema, y eso nos ha empobrecido como sociedad. Hay que frenarlo con urgencia".

Entre las conclusiones que plantean los autores del informe aparecen directamente tres medidas especialmente dirigidas a estos sectores. El informe aboga por "eliminar las ventajas fiscales que favorecen actividades de baja productividad", pide "incrementar el salario mínimo para frenar la expansión de puestos de trabajo poco cualificados" y reclama también "reducir la capacidad turística".

Este señalamiento público ha llevado a que organizaciones como Foment o Pimec rechacen el informe, a pesar de compartir la preocupación por la productividad de la economía catalana. Otras, como Cecot, dan la razón a los autores del informe: "Cecot ya avisa desde hace tiempo de que hay riesgos de insostenibilidad en nuestro estado del bienestar por la estructura económica y demográfica; debemos generar más riqueza con menos recursos y eso no lo conseguiremos con una economía más terciarizada".

El Col·legi d'Economistes, por su parte, ha mantenido una cierta distancia, aunque su decano, Carlos Puig de Travy tildó el estudio de "muy riguroso" y afirmó que ponía sobre la mesa cuestiones "imprescindibles".

El trabajo de los inmigrantes

Entre los partidos que más han aplaudido las conclusiones del informe Fènix se encuentran dos formaciones que han hecho de la inmigración su principal reclamo electoral: Vox i Aliança Catalana. Los sectores que el informe señala como "subvencionados" acostumbran a agrupar grandes cantidades de trabajadores migrados y de ahí la utilización del estudio.

Cabe recordar que el informe propone dos soluciones en este campo: "Implementar políticas de inmigración selectiva basadas en la cualificación de una demanda más exigente" y también el de "hacer obligatorio el conocimiento del catalán, como mínimo, como requerimiento para ocupar puestos de trabajo de atención al público y servicios de cuidado personal".

También formaciones como Junts o el PP han expresado que están de acuerdo con el informe.

Uno de los autores del informe, Miquel Puig, quiso aclarar recientemente en un acto que el estudio ataque a los migrantes: “No es un documento antiinmigración, es un documento antitontería.

El debate sobre la planificación económica

Economistas consultados por este diario y que piden el anonimato apuntan que existe una cuestión de fondo en el 'informe Fènix' que también resulta polémica, y es la idea de que la economía puede "planificarse" en función de unos objetivos concretos. "Es controvertido pensar que puedes decidir una asignación sectorial en base a un modelo económico, porque en la cuestión también hay planos políticos y sociales, y en última instancia, son los actores privados los que tienen que tomar sus decisiones".

Estas mismas voces apuntan que tampoco está claro que la productividad sea el único indicador que haya que tener en cuenta. También se podría apostar por actividades tecnológicas, o por las que forman parte de la economía verde, o las que promueven la autonomía de la economía catalana respecto al exterior.

Los autores, en cualquier caso, se defienden de la idea de que ellos hayan promovido la supresión de sectores como el de la hostelería. "Claro que no queremos dinamitar nada, ni queremos perder el 15% de nuestro PIB", explica Guillem López-Casasnovas.

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