Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Campo

Paula de Prado (34 años), agricultora en Baena: "Dejé la hostelería en Madrid para gestionar yo sola una finca de olivos en Córdoba"

Esta cordobesa utiliza las redes sociales para dar visibilidad a la mujer en el mundo rural y llamar a las nuevas generaciones al relevo en el campo

Lucía (27 años) vive en un aldea gallega de 9 personas: "Para mí, la compra del mes ronda los 50 euros, porque entre el huerto y la recolección gasto muy poco"

La agricultora e influencer cordobesa, Paula de Prado

La agricultora e influencer cordobesa, Paula de Prado / FACEBOOK

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

María Roso

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

"Las mujeres hemos trabajado toda la vida en el campo, pero en la sombra", resume Paula de Prado, agricultora de 34 años que hace unos años dejó una década de hostelería en Madrid para regresar a Baena (Córdoba) y ponerse al frente, ella sola, de una finca de olivos. Su historia, contada en un reportaje del canal de YouTube 'Cuadrilla de la Cola Negra', es también la de una estadística que empieza a moverse: la de las mujeres al frente de explotaciones agrarias en España.

El relevo generacional pendiente en el campo español

España lleva años lidiando con dos problemas que se retroalimentan en el mundo rural: la despoblación y la falta de relevo generacional en las explotaciones agrarias. Los datos oficiales no dejan margen para la duda: la edad media de los titulares de explotación se sitúa en 61,4 años, y buena parte de ellos se jubilará en la próxima década. Naciones Unidas ha declarado 2026 Año Internacional de la Agricultora, un gesto simbólico que pone el foco precisamente en la pieza que más falta hace en ese relevo.

Paula Prado en su finca en Baena

Paula Prado en su finca en Baena / FACEBOOK

Según el último Censo Agrario del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicado en 2020, las mujeres están al frente del 28,6% de las 914.871 explotaciones agrícolas del país. Es un 22% más que en 2009, pero todavía lejos de la mitad. La brecha territorial, además, es notable: Galicia roza el 48% de jefas de explotación, mientras que Navarra se queda en el 19,3%. La Ley 35/2011 de titularidad compartida, pensada para sacar del anonimato a las mujeres que trabajan la tierra familiar, apenas suma 1.635 explotaciones inscritas en el registro del Ministerio de Agricultura (RETICOM) a 1 de junio de 2026.

De la hostelería madrileña a los olivos de Baena

Entre quienes forman parte de esa estadística está Paula de Prado, que hasta hace no mucho trabajaba en la hostelería en Madrid. "Después de mucho tiempo viviendo en Madrid llegó un momento en el que me colapsé", confiesa. Se había marchado a la capital buscando experiencias nuevas, pero algo se rompió: "Cuando vi lo que había allí no me veía a gusto con la vida que tenía". El detonante fue una ruptura sentimental: "Yo tenía allí mi trabajo, pero cuando terminé con la que era mi pareja, mi vida allí dejó de tener sentido y sin pensarlo me volví al pueblo".

La vocación, sin embargo, venía de mucho antes. "Lo que me tiraba de la agricultura era mi padre, que desde pequeña me inculcó el amor por los olivos", recuerda. "Desde pequeña me iba con él al campo, me enseñaba, me explicaba cómo era todo y aprendí mucho desde pequeñita".

Una finca gestionada en solitario, con mujeres en plantilla

Prado lleva hoy la explotación ella sola, aunque matiza el alcance de esa soledad: "Actualmente, trabajo sola y llevo la finca sola, pero sí es verdad que siempre he tenido el apoyo de mi familia y de mis hermanos". Para la campaña ha optado, además, por contratar a mujeres casi todo el año: Almudena, Mónica y Lorena trabajan con ella la mayor parte de la temporada. "He decidido darle también la oportunidad a las mujeres porque, aunque antiguamente trabajaban en el campo, no eran la cara más visible de la agricultura, por lo menos de los olivos", explica.

Divulgación y visibilidad, también en redes

La agricultora compagina el trabajo en la finca con la divulgación en redes sociales. "Soy agricultora y también influencer, se puede decir que sobre todo para dar visibilidad al campo", señala. "Cuando llego al campo, lo primero que busco es hacer un poco de contenido para subir a las redes y después ya me dedico a hacer la labor del día". A su juicio, esa exposición mediática está ayudando a cambiar la imagen del sector: "Ahora, gracias también a los medios de comunicación, se puede mostrar esa cara de la mujer en la agricultura, donde puede trabajar no solamente en la recolección de aceitunas, sino también en el resto de labores que tenemos en el campo".

Para De Prado, el balance de su regreso es, sobre todo, cotidiano. "Para mí volver al pueblo ha significado tener una vida más tranquila, dedicarme a lo que más me gusta, que es la agricultura, y sobre todo poder cuidar a mi hijo en un entorno que está en contacto con la naturaleza", concluye. El próximo censo agrario dirá si historias como la suya logran mover, por fin, una cifra que lleva una década subiendo despacio.

Fuente: Diario Córdoba