Custodia compartida
Ni el móvil ni la hora de dormir: el motivo que casi nunca sirve para cambiar una custodia según la abogada Laura Lobo
Las discrepancias educativas entre progenitores pueden ser importantes, pero no siempre tienen recorrido judicial en un divorcio
¿Tiene que declarar mi hijo en el divorcio? La abogada Laura Lobo aclara cuándo y cómo se escucha a los menores

Ni el móvil ni la hora de dormir: el motivo que rara vez sirve para cambiar una custodia según la abogada Laura Lobo. / INFORMACIÓN

En muchos divorcios, el conflicto no termina con la ruptura de la pareja. Cuando hay hijos menores, las diferencias que antes podían resolverse dentro de la convivencia pasan a convertirse en motivo de discusión constante entre los progenitores. La hora de acostarse, el uso del móvil, las comidas, los deberes, las extraescolares o la forma de poner límites aparecen con frecuencia en las conversaciones entre abogados, mediadores y familias que intentan ordenar una nueva etapa tras la separación.
Estas discrepancias suelen vivirse con mucha intensidad porque afectan directamente a la crianza de los hijos. Cada progenitor puede considerar que su criterio es el más adecuado y que el otro actúa de forma irresponsable, permisiva o poco saludable. Sin embargo, una cosa es que esas diferencias sean importantes en la vida diaria y otra muy distinta es que puedan transformarse fácilmente en medidas concretas dentro de una sentencia de divorcio o en un convenio regulador.
Quejas
A partir de este punto, la abogada Laura Lobo advierte de una de las quejas que más se repite en los procedimientos de divorcio: criticar al otro progenitor por cuestiones educativas relacionadas con los hijos. Según explica, es muy habitual escuchar reproches sobre el tiempo que los menores pasan delante de las pantallas, la alimentación que reciben en casa del otro progenitor, las actividades a las que dedican su tiempo libre o la hora a la que se acuestan. Son asuntos cotidianos, pero también sensibles, porque cada familia los interpreta como una parte esencial de su modelo de crianza.
Sentencia
La cuestión, según Lobo, es que estos criterios educativos rara vez tienen una traducción directa en una resolución judicial. La abogada señala que "todos estos criterios a la hora de educar a los hijos no van a tener reconocimiento en una sentencia y muy difícilmente pueden pactarse en un convenio". Es decir, aunque para un padre o una madre resulte decisivo que el menor use menos el móvil, cene de una forma más saludable o mantenga una rutina concreta antes de dormir, no siempre es posible convertir esos deseos en obligaciones judicialmente exigibles. El derecho de familia trabaja con criterios amplios, como el interés superior del menor, pero no suele entrar a regular cada detalle de la vida doméstica.
Custodia
Uno de los ejemplos más claros es el de la custodia. Laura Lobo recuerda que "es muy difícil que te den una custodia exclusiva simplemente porque el otro progenitor le deja más tiempo el móvil o porque las cenas con el otro son menos sanas que contigo". Para que un juez adopte una medida tan relevante como atribuir la custodia exclusiva a uno de los progenitores, normalmente deben existir elementos de mayor gravedad, pruebas sólidas y una afectación real al bienestar del menor. Las diferencias de estilo educativo, por sí solas, no suelen bastar.
Esto no significa que esas cuestiones carezcan de importancia. Al contrario, la propia abogada subraya que son asuntos muy relevantes porque definen cómo se está educando a los hijos. El problema es que no todo lo importante desde el punto de vista familiar tiene una traslación sencilla al procedimiento de divorcio. Un juez puede fijar un régimen de custodia, visitas, vacaciones, pensión de alimentos, gastos extraordinarios o decisiones sobre patria potestad, pero resulta mucho más complicado que una sentencia determine con detalle cuántos minutos puede usar un menor el teléfono, qué debe cenar cada noche o a qué hora exacta debe acostarse en cada domicilio.
Por eso, la letrada aconseja que esas diferencias se gestionen fuera del conflicto judicial. Cuando no existe una situación de riesgo, abandono, negligencia grave o perjuicio acreditado para el menor, lo más eficaz suele ser intentar alcanzar acuerdos de crianza, acudir a mediación familiar o establecer pautas comunes de comunicación entre progenitores. El divorcio reorganiza la vida familiar, pero no convierte al juez en supervisor permanente de cada decisión educativa. La clave está en distinguir entre discrepancias cotidianas, aunque molestas, y hechos verdaderamente relevantes desde el punto de vista legal. Solo estos últimos suelen tener recorrido real en una sentencia.
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Fuente: Información
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