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EMPRESAS

La alicantina que introdujo la madera tropical en Leroy Merlín

Miriam Ibáñez es la CEO de MibaWood, grupo que apuesta por explotar de forma sostenible los recursos forestales con una propuesta que convence a la distribución

Míriam Ibáñez, dirige Mibawood desde El Campello (Alicante)

Míriam Ibáñez, dirige Mibawood desde El Campello (Alicante) / Jose Navarro

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David Navarro

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Míriam Ibáñez no es una empresaria convencional, y su compañía, MibaWood, tampoco es una maderera al uso. Desde su base en El Campello (Alicante), esta emprendedora ha logrado transformar una industria tradicionalmente rígida y cuestionada en un modelo de innovación y sostenibilidad, que ha conquistado a gigantes como el Grupo Adeo (Leroy Merlín) y Kingfisher (Brico Depot). Su historia es un relato de superación personal en el que, tras hacerse un hueco como ejecutiva en el negocio de la moda, decidió regresar a sus raíces, literalmente, para salvar los bosques tropicales a través de la eficiencia.

La vida de Ibáñez dio un vuelco cuando apenas era una niña debido a un complejo episodio judicial, que llevó a su padre a una prisión en Bolivia en 1991, en una situación que la empresaria compara con la que se relata en ‘El expreso de medianoche’. Tras años de lucha de su madre y el apoyo de algunas figuras públicas, su padre pudo regresar a España extraditado, pero el estigma social fue implacable. «Cuando has estado en la cárcel, la sociedad te ve como si tuvieras la lepra. Eres una paria», recuerda la empresaria sobre el regreso de su progenitor a su pueblo natal. Ante la falta de oportunidades, la familia regresó a Bolivia en 2003, donde su padre recibió la oferta de gestionar un aserradero en una zona salvaje cercana al Amazonas.

Con solo 18 años, decidió buscar su propio camino y emigró a Francia. Trabajó en gasolineras y lavando platos hasta que logró un contrato en una tienda de Zara. Su ascenso en Inditex fue vertiginoso, llegando a ser directora de la ‘boutique’ de los Campos Elíseos en París y responsable de dirección de medio centenar de tiendas en toda Francia. «Inditex para mí ha sido mi familia y mi formación porque no pude ir a la universidad», afirma emocionada. Su vida volvió a dar un giro en 2005, cuando fue a visitar el aserradero que gestionaba su padre en Bolivia. El contraste entre el lujo parisino y la inmensidad de la selva la decidió a dejar el negocio de la moda.

Más allá de lo emocional, su ojo clínico para la eficiencia detectó un problema grave: el desperdicio masivo de recursos que se realizaba en estas instalaciones. La mayoría de los aserraderos de maderas tropicales apenas aprovechaban el de un 20% del árbol para cumplir con las exigencias de formatos estándar de Europa y Estados Unidos, dejando el resto como residuo sin valor. Y así fue cuando decidió crear MibaWood, con el objetivo de «optimizar los recursos naturales para ponerlos en el mercado» basándose en lo que el bosque ofrece realmente y no solo en lo que el cliente pide.

Así, la compañía se diferencia de los importadores tradicionales porque no se limita a comprar y revender. Ibáñez define su filosofía como ‘forest centric’ en contraposición al manido ‘customer centric’ que emplean muchas compañías. Es decir, centrarse en lo que el bosque puede dar y no en lo que los clientes exigen. En lugar de forzar al bosque a producir una sola especie de moda como ocurrió con la teca de Birmania o el ipe, hoy en peligro de extinción y protegidos por CITES, MibaWood utiliza la ciencia para diversificar el consumo. «Nuestra idea basada en datos científicos es de combinar las especies por colores y no por nombres», explica Ibáñez. Dado que existen 60.000 especies tropicales y comercialmente solo se usan unas pocas, la compañía agrupa maderas con densidades y propiedades mecánicas similares en tres gamas cromáticas: Terra (marrones), Red (rojos) y Sand (arenas).

Esta estrategia se apoya en la información del Cirad, un organismo científico francés que es el mayor referente mundial en datos botánicos. Gracias a estas fichas técnicas, MibaWood puede garantizar que especies distintas pero compatibles puedan usarse juntas sin que se note la diferencia, reduciendo la presión sobre especies sobreexplotadas.

La democratización

Uno de los grandes hitos de MibaWood ha sido llevar un producto que era un lujo para «villas de Saint-Tropez» a los lineales de Leroy Merlín, haciéndolo accesible para cualquier terraza doméstica. Esto se logró optimizando el rendimiento del tronco: solo con la introducción de diferentes anchos y largos, pasaron de un rendimiento del 20% al 40%.

«Hemos conseguido democratizar la madera tropical» asegura la emprendedora. Esta eficiencia no solo abarata el producto, sino que es la clave de su sostenibilidad, permitiendo que este siga creciendo de forma controlada bajo la certificación FSC. En estos bosques gestionados se corta un árbol por hectárea cada 30 años, garantizando que la masa forestal se mantenga o crezca.

Tras un parón obligado por la crisis inmobiliaria de 2010, MibaWood «resucitó» en 2022 con un enfoque total hacia la gran distribución, cuando la ola de sostenibilidad llevó a Leroy Merlín a interesarse por el producto que vendía la compañía alicantina. Hasta esa fecha, el gigante francés no había introducido la madera tropical en su catálogo.

Los resultados han sido explosivos. De facturar apenas 400.000 euros en 2024, cerraron el año pasado con 2,5 millones en ventas, que prevén elevar a 4,5 millones en este 2026. Su objetivo es estabilizarse a medio plazo en una horquilla de entre 8 y 10 millones. Actualmente, MibaWood ya opera en España, Italia, Portugal y Francia y, además del grupo Adeo, también trabaja con Kingfisher (Brico Depot). La logística es su mayor desafío y coste: representa un 15% de su facturación, con almacenes en Alicante, Valencia, Florencia, Perpiñán y Dunker para manejar un material que llega a pesar 900 kilos por metro cúbico.

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