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Jornadas del Cercle d'Economia

Europa debate como recuperar sus fábricas en la era de la IA: "Queremos hacer coches, pero no tenemos ruedas ni motor"

La segunda jornada del Cercle d'Economia reflexiona sobre la autonomía estratégica del Viejo Continente, frente a los gigantes estadounidense y chino

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Laura Urquizu (Cercle), el cofundador de Apptronik, Luis Sentis, la presidenta de GMV, Mónica Martínez y el CEO de Openchip, Francesc Guim, en el Cercle.

Laura Urquizu (Cercle), el cofundador de Apptronik, Luis Sentis, la presidenta de GMV, Mónica Martínez y el CEO de Openchip, Francesc Guim, en el Cercle. / David Zorrakino / Europa Press

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Gabriel Ubieto

Gabriel Ubieto

Barcelona
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Hace casi una década, la empresa Hanson Robotics comenzó a pasear por conferencias de todo el mundo al robot Sophia, un autómata con forma humanoide que tenía la capacidad de mantener conversaciones, si bien no excesivamente sofisticadas. Algo que entonces, cuando Chat GPT no era ni un pensamiento en la mente del común de los mortales, era visto como distópico y presenciar esa Siri de metal y silicona suponía un reclamo en muchos escenarios.

Hoy prácticamente cualquiera puede comprarse por menos de 5.000 euros un robot humanoide que le mandan desde China, con una autonomía móvil y reflexiva sustancialmente mayor que Sophia -que sigue, en una versión mejorada, dando charlas TED por el mundo-.

El fundador y director ejecutivo de SingularityNET, Ben Goertzel, habla con el robot humanoide Sophia, durante la Web Summit en Lisboa, el 7 de noviembre de 2017.

El fundador y director ejecutivo de SingularityNET, Ben Goertzel, habla con el robot humanoide Sophia, durante la Web Summit en Lisboa, el 7 de noviembre de 2017. / ANTONIO COTRIM / EFE

"En mi empresa [Apptronik], empezamos a vender los primeros robots humanoides a la Nasa, hace 10 años. Tenían un coste de dos millones de dólares por robot, hace dos años lo vendíamos por 250.000 euros y no tardarán en valer unos 3.000 euros", ha explicado Luis Sentís, cofundador de Apptronik, este martes en las jornadas del Cercle d'Economia.

El mundo avanza a una velocidad vertiginosa, pero no así Europa. Uno de los 'late motiv' de la edición de este año es cómo el Viejo Continente puede recuperar su autonomía estratégica y marcar su propio ritmo ante la fuerte pisada de los gigantes estadounidense y chino, donde hoy ya son capaces de fabricar esos robots humanoides por unos pocos miles de euros.

"A dia de hoy no tenemos chips en Europa y tenemos que exportarlo todo. Los europeos hacemos 'real state' [inversión inmobiliaria], queremos tener coches, pero no tenemos ruedas ni motor", ha afirmado Francesc Guim, consejero delegado de Openchip. Es decir, mientras el poder del dinero sea el que mande, los europeos están bien posicionados, pero, ¿qué pasará cuando aquellos que son los que fabrican corten el grifo?

Volver a tener "superpoderes"

Nadie duda del conocimiento y la riqueza que hay en el Viejo Continente, pero sí de su capacidad para mantenerlos a futuro. Los europeos han ido deslocalizando fábricas durante las últimas décadas a otros continentes, deshaciéndose de un empleo que se veía como contaminante, de rentabilidad a largo plazo y que podía hacerse más barato y con todas esas externalidades negativas en terceros países.

2024, año de ruptura para los microchips en el mundo

2024, año de ruptura para los microchips en el mundo / Archivo

Pero de aquellos polvos, han surgido lodos que son hoy el sustento de la industria del futuro, como es el caso de los microchips. Pieza omnipresente en la tecnología, desde una sofisticada máquina al teléfono móvil que cualquiera lleva en su bolsillo, pero que no se fabrica en Europa.

La Comisión Europea, de hecho, está preparando la Chips Act 2.0 para forzar la demanda de chips europeos con compras públicas y elevar la cuota europea en la producción mundial de semiconductores hasta el 20% en 2030. "Vivimos en una Europa sometida a mil presiones que le toca asumir, desde la mayoría de edad, su reto", ha reconocido el ministro de Industria, Jordi Hereu.

Jordi Hereu, en el Cercle

Jordi Hereu, en el Cercle / Cercle

Los microchips también son elementales para sustentar la base física que luego desarrolla el código de la tan de moda inteligencia artificial. Y a la que sociedades envejecidas como la europea fían su salto productivo mediante el que puedan mantener su estado del bienestar. "Si sabes cómo sacarle valor, la IA te confiere superpoderes", ha afirmado la presidenta de GMV, Mónica Martínez Walter.

¿Cómo volver a sentarse a la mesa de los 'mayores'? "China y EEUU nos llevan 30 años de ventaja. Europa tiene que ser extremadamente agresiva en inversiones, ahora mismo la dependencia es brutal", ha considerado el consejero delegado de Openchip.

El próximo Taiwán

Un reto complicado, pero no imposible, tal como demostró un microestado, como Taiwán, que a la sombra de un gigante como China apostó por hiperespecializarse en el diseño y ensamblaje de microchips y en apenas unas décadas pasó de ser una economía rural a una hipertecnológica. "Hay países enteros que están luchando por ser el siguiente Taiwán y en Europa deberíamos", ha considerado Sentis, de Apptronik.

Europa es consciente que podrá ganar autonomía, pero no eso no significa producirlo todo en suelo europeo ni desarrollarlo solo desde Europa. "Tenemos que relocalizar producciones en Europa", pero, por ejemplo, "la transición al vehículo eléctrico solo desde Europa no se puede hacer. ¿Qué le tenemos que pedir a alguien que venga a invertir en Europa? ¿Cuánta transferencia tecnológica debe dejar, cuantos trabajadores españoles debe utilizar?", se ha preguntado el ministro de Industria.

¿Cómo mantenemos el control humano cuando la IA decide tanto o más rápido que nosotros?

Mónica Martínez Walter

— Presidenta de GMV

Las industrias del futuro redefinirán el contrato social, de la misma manera que lo hizo la introducción de la máquina de vapor en el Reino Unido hace cuatro siglos. Un nuevo contrato social en el que la complementariedad (o no) y la autonomía del humano sobre la máquina (o no) están en duda. "¿Cómo mantenemos el control humano cuando la IA decide tanto o más rápido que nosotros?", se ha preguntado la presidenta de GMV.

Jordi Hereu (Industria), Juanjo Cano (Kpmg), Daniel Tugues (Veolia), Núria Mas y Teresa Garcia-Milà (Cercle)

Varios asistentes a las jornadas del Cercle, entre ellos Juanjo Cano (Kpmg), Jordi Hereu (Industria) y Teresa Garcia-Milà (Cercle) / Cercle

Los distintos ponentes del Cercle han coincidido que el Viejo Continente debe tratar de encontrar un "equilibrio" entre desarrollo, con una regulación menos "aspiracional y más práctica", y "mantener su calidad de vida", en palabras de Daniel Tugues, director de Veolia España.

Otro consenso ha sido que todo ello será imposible si no se aumenta la inversión en formación, tanto desde el sector público, como desde las propias empresas. "Hay que hacer una formación continua y combinar las habilidades tecnológicas con las transversales", ha aseverado Juanjo Cano, presidente de KPMG España.

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