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Opinión

Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

Buscar soluciones para no colapsar

Las islas Baleares se está convirtiendo en el mejor ejemplo para aprobar modelos de gestión con el fin de evitar el bloqueo y la saturación creada por el turismo durante el verano

Archivo - Puerto de Palma de Mallorca.

Archivo - Puerto de Palma de Mallorca. / APB - Archivo

Hvar, Krk y Cres son tres de las islas de la costa dálmata, pertenecientes a Croacia, que se están poniendo más de moda para el turismo internacional. Con sus reminiscencias históricas venecianas y unos precios, aún, asequibles, se conectan con la península a través de un puente o por ferry. También son lugar de parada de los múltiples cruceros, de todo color y tamaño, que se prodigan por el archipiélago. El número de turistas que reciben, cifras oficiosas, no llega a dos millones al año; una cantidad muy por debajo de las islas más visitadas del Mediterráneo. Para definir su futuro, qué quieren ser de mayores, cómo quieren explotar su oferta, no les queda otra que mirar un poco más allá. Una de las opciones de quienes definen las políticas turísticas de ese país es fijarse en qué ha ocurrido en el resto de islas de nuestro mar. Desde las cercanas griegas hasta nuestras Baleares.

En el Mediterráneo hay alrededor de 250 islas habitadas y el 90% de ellas se concentran en un solo país: Grecia. Las diferencias son inmensas. Las cinco mayores islas por superficie son Sicilia, Cerdeña, Chipre, Córcega y Creta. Por población, Sicilia, con cerca de cinco millones de habitantes, supera a Cerdeña (1,6 millones), Chipre (1,3), Mallorca (970.000) y Creta (624.000). Es la cifra de densidad de habitantes por kilómetro cuadrado donde empieza a haber más cambios. A la minúscula Procida (2.584 habitantes por kilómetro cuadrado), situada en el golfo de Nápoles, le siguen Malta, Ischia, Capri y la Maddalena. Ibiza, con 278 habitantes por kilómetro cuadrado, es la primera de las Baleares en densidad, en la 14ª posición.

Pero allí donde las diferencias se agigantan es en el número de turistas anuales que reciben. Mallorca, con 13,5 millones de visitantes en 2025, multiplica por dos a Creta, cuna de la primera gran civilización mediterránea. Le siguen Sicilia, Chipre y Malta. Ibiza y Formentera recibieron en su conjunto 3,7 millones de turistas, y Menorca, 1,7 millones. La mitad de estos se concentran entre finales de junio y comienzos de septiembre. Estas cifras convierten a esas islas en las de mayor densidad de población en verano, con la repercusión que supone en todos los ámbitos. La masificación que se genera y la dificultad para llegar a puntos determinados ampliamente difundidos por las redes sociales son ya imposibles de gestionar. ¿Es sostenible el modelo turístico tal como ha sido hasta la fecha? ¿Y qué ejemplo genera para el resto de las islas, mayores y menores?

No es el momento de rasgarse las vestiduras pensando en los errores del pasado. Ahora toca actuar y definir hacia dónde quiere irse. Con medidas que aplaquen a los movimientos turismofóbicos y que faciliten el progreso y la convivencia en unas islas que tanto deben su crecimiento al turismo. Esponjar o colapsar. Lograr desestacionalizar los visitantes y establecer nuevos controles, lo más consensuados posibles.

Las decisiones que están emprendiendo las islas Baleares para gestionar su modelo turístico son uno de los casos más relevantes de estudio. Hace tres años, Prensa Ibérica inauguró en Valencia su primer Foro Económico y Social del Mediterráneo, que tuvo su segunda edición en Málaga en 2025 y tendrá su tercera en Barcelona los próximos 17 y 18 de junio.

Como en los encuentros anteriores, el foro de este año seguirá reflejando el trabajo de los consejos de los ocho diarios mediterráneos de Prensa Ibérica. Cada uno de ellos ha estudiado un caso en los ámbitos que más preocupan para el desarrollo de nuestro litoral. Desde la gestión del agua para enfrentarse a las consecuencias de las próximas sequías hasta los límites que pueden establecerse en el desarrollo inmobiliario.

En el caso de Baleares, como expresa la portada de esta semana de ‘activos’, se ha analizado el caso de la movilidad terrestre. El consejo impulsado por Diario de Mallorca y Diario de Ibiza ha reunido a significativos representantes de la sociedad civil de las islas para analizar la gestión y el uso del vehículo privado, incluyendo el de alquiler. El inicio de medidas más o menos restrictivas para el uso del automóvil ha empezado a germinar. Tal como explica el informe del consejo balear, hay cuatro respuestas posibles: regular los accesos en lugares determinados, gestionar los flujos en aquellos nodos de comunicaciones que se saturan, apostar por alternativas (mejora del transporte público, aparcamientos disuasorios, entre otras) y aplicar instrumentos económicos como, por ejemplo, las tasas.

Un mar de compromisos es el lema de la tercera edición del Foro Económico y Social del Mediterráneo. Comprometerse para avanzar.

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