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ACTIVOS

Todobarro innova con los lodos dragados en el Guadalquivir

La firma malagueña factura tres millones al año gracias a un proyecto premiado a nivel mundial que recupera la tradición de los suelos, ladrillos y azulejos de barro cocido

Arriba, Pedro Rosa Mena (a la izquierda, agachado), fundador de Todobarro, junto a varios miembros de su equipo en una visita al estuario del Guadalquivir. En el centro, en la sede de la empresa, ubicada en Vélez-Málaga

Arriba, Pedro Rosa Mena (a la izquierda, agachado), fundador de Todobarro, junto a varios miembros de su equipo en una visita al estuario del Guadalquivir. En el centro, en la sede de la empresa, ubicada en Vélez-Málaga / 'activos'

Juan Luis Pavón

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Fuera tópicos y abajo prejuicios. Una pequeña empresa dedicada al barro cocido puede ganar un gran premio internacional de diseño como el Red Dot, reservado normalmente a grandes corporaciones, y al mismo tiempo impulsar proyectos de investigación ambiental. Es de Vélez-Málaga y se llama Todobarro.

El Design Zentrum Nordrhein Westfalen, de Essen (Alemania), ha premiado a Todobarro por su gama de celosías bioclimáticas: ocho piezas modulares de barro cocido con distintas formas geométricas que permiten múltiples combinaciones. Aportan valor decorativo y confort térmico sin impedir el paso del aire y la luz, e incorporan accesorios como maceteros y casas para pájaros. Todas se producen artesanalmente y se terminan a mano. El diseño es de Carlos Jiménez y Damián López, del estudio Leblume.

La firma tiene 24 empleados y una decena de colaboradores. Trabaja con arcillas andaluzas y colabora con talleres de Vélez-Málaga para la primera fase de producción. Más del 70% de su actividad corresponde a suelos y revestimientos. En 2025 alcanzó tres millones de euros de facturación, de los que el 40% procedían del extranjero.

Años de resilencia

Su fundador, Pedro Rosa Mena, estudió Administración y Dirección de Empresas, aunque siempre se sintió atraído por la arquitectura, la naturaleza y la historia. Tras dejar un puesto directivo en Panrico, fundó un negocio de materiales rústicos de alta gama y descubrió que franceses y norteamericanos valoraban más que los españoles los pavimentos tradicionales de barro. La crisis de 2008 hizo caer su empresa y decidió empezar de nuevo con Todobarro. «Comencé limpiando suelos de barro. Fueron años de resiliencia en los que convertimos la crisis en oportunidad colaborando con artesanos y empresas cerámicas locales», detalla.

El éxito de Todobarro se basa en crear marca, apostar por la internacionalización y vender directamente al cliente final a través de arquitectos, diseñadores e interioristas. «Nadie apostaba entonces por vender ladrillos a distancia. Apostamos por la personalización y por internet». Para diferenciarse difundieron fotos y vídeos de calidad y enviaban muestras en 48 horas a potenciales clientes. Más tarde comenzaron a trabajar directamente sobre planos, consolidando un modelo que denominan neoartesanía: tradición mediterránea, diseño contemporáneo y una alta personalización.

La expansión internacional vino acompañando a estudios españoles que realizaban obras fuera del país. Después llegaron encargos propios, como una urbanización de lujo en China. Entre sus experiencias destaca su trabajo para Zara. «Hicimos el suelo de una gran tienda en Japón y, días antes de inaugurarla, el color dejó de convencerles. Enviamos rápidamente a dos personas y solucionamos el problema con el suelo ya instalado». También han logrado vender con marca propia en Zara Home gracias a la transparencia de su producción y a su apuesta por la ecoinnovación.

La colección de celosías premiada con el Red Dot necesitó tres años de trabajo y cientos de pruebas para adaptar creatividad y técnica artesanal. Además, la empresa incorpora inteligencia artificial y sistemas de digitalización para mejorar la atención al cliente y el seguimiento de pedidos.

Tres pilares

Hoy Todobarro evoluciona sobre tres pilares: economía circular, bioclimatismo y biomateriales. Uno de sus grandes proyectos consiste en reutilizar los lodos extraídos por el Puerto de Sevilla en los dragados del Guadalquivir. Pretenden refinarlos y estabilizarlos para emplearlos en arquitectura bioclimática, bloques de tierra comprimida o mezclas cerámicas. El proyecto ya se encuentra en fase de prototipado industrial y busca crear espacios bioclimáticos con cerámica, agua y vegetación capaces de generar frescor natural.

Ligado a esta iniciativa, Todobarro impulsa Bioecorest, proyecto centrado en restaurar ecosistemas fluviales y marinos junto a la Autoridad Portuaria de Sevilla, la Universidad de Málaga y la Universidad de Lille. Han incorporado a la investigadora Raquel Sánchez de Pedro para desarrollar piezas de terracota capaces de alojar microalgas y favorecer la recuperación de arrecifes y márgenes erosionadas del Guadalquivir mediante bloques biodegradables con semillas integradas.

Otro de sus proyectos es la Casa Patio de la Universidad de Málaga, concebida como laboratorio ambiental para estudiar en tiempo real cómo la combinación de cerámica, agua y vegetación mejora el confort térmico de los edificios. Aquí participan también Innovarcilla y la Cátedra de Arquitectura Ambiental.

La empresa ha creado además la Fundación Todobarro para promover investigaciones sobre bioclimatismo y sostenibilidad. «Nos mueve la pasión por la naturaleza y por integrar elementos que no solo sean bellos, sino también funcionales», resume Rosa.

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