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Centros de datos

Una familia se niega a vender su finca por 22 millones de euros para construir un centro de datos

Ambas mujeres defienden el valor sentimental y productivo de sus cultivos frente a las "falsas promesas" de empleo y crecimiento económico en la zona

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La empresa le ofreció diez veces el valor real de los terrenos, pero la familia prioriza el valor sentimental y productivo de sus cultivos

La empresa le ofreció diez veces el valor real de los terrenos, pero la familia prioriza el valor sentimental y productivo de sus cultivos / ARCHIVO

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Alejandro Navarro

Alejandro Navarro

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Una madre y una hija se han negado a vender parte de su finca para la construcción de un centro de datos, defendiendo así el valor familiar y productivo de sus cultivos.

Ambas mujeres, llamadas Ida Huddleston y Delsia Bare, habrían rechazado una oferta de 26 millones de dólares por sus terrenos agrícolas ubicados a las afueras de Maysville, una finca donde su familia había trabajado durante varias generaciones.

Una oferta de 26 millones de dólares por la mitad de su finca

En abril de 2025, una empresa pretendió comprar la mitad de la propiedad, que cuenta con una superficie cercana a las 486 hectáreas, con el objetivo de construir un centro de datos. Sin embargo, Bare lo tenía claro: "26 millones de dólares no significan nada".

Para ella, la vinculación que tiene con su finca es mayor que el dinero que puedan ofrecerle. A su vez, destaca que los terrenos han sido cultivados desde hace varias generaciones, donde vivieron tanto su abuelo, bisabuelo y otros muchos familiares.

Según comenta Bare, la empresa le ofreció una cantidad de dinero diez veces superior al valor real de los terrenos. Sin embargo, esta cifra no sería suficiente para compensar el valor sentimental, así como los problemas que generan estos centros, sobre todo por su consumo de agua y los posibles problemas para el riego.

"Falsas promesas" de empleo y crecimiento económico

Otro punto clave para la agricultora es el suministro de comida que ofrecen sus cultivos, ya que un proyecto de este tipo podría poner en riesgo la cosecha, y su acceso por parte de los ciudadanos.

A su vez, su madre, de 82 años, tampoco quiere abandonar la finca. Esta mujer acusa directamente a los empresarios, tachándolos de mentirosos con sus "falsas promesas" de empleo y crecimiento económico.

En todo caso, madre e hija no pretenden desprenderse de la finca, tanto por su valor sentimental, como por la importancia que tiene para alimentar y mantener a toda su familia. De tal forma, la construcción del centro de datos no sería una opción para ellas, ni siquiera una posibilidad en su mente.