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En frente

Tesla abandona la órbita del éxito del coche eléctrico

La firma de coches busca otras fuentes de crecimiento, como los cargadores, las baterías y, una novedad, los robots humanoides

Ilustración generada a través de IA de Elon Musk ante un coche de Tesla.

Ilustración generada a través de IA de Elon Musk ante un coche de Tesla.

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Andrea Gil

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Ya lo predijo en 2017 Rupert Stadler, ex-CEO de Audi, y no fue el único: "Cuando todos los fabricantes tengan a mano la tecnología eléctrica, veremos dónde queda Tesla. Sí, ha hecho cosas bien, pero el partido no ha hecho más que comenzar y todavía no ha finalizado". Y así ha sido. La marca de Elon Musk ha iniciado un retroceso tras años de dominio a nivel mundial en el terreno del coche eléctrico. La cuenta atrás para salir de la órbita del éxito ha comenzado.

En cifras globales, en 2024, Tesla ya se vio superada en modelos electrificados (sumando híbridos enchufables y 100% eléctricos) por la china BYD, y, en 2025, volvió a sucumbir ante el mismo gigante asiático, pero ya solo en coches eléctricos. En 2026, las cosas no pintan mejor, y es que, desde su año récord (2023), la caída se encuentra ya en el 10%. Y todo apunta a que la situación no mejorará.

El caso de Tesla es un resumen de la situación del sector del automóvil, que reacciona a trompicones ante los grandes cambios. Su apuesta tecnológica por el coche eléctrico fue definitiva con su primer lanzamiento en 2008, el Tesla Roadster, pero ahora, efectivamente, todos los grandes fabricantes tienen el mismo conocimiento e incluso lo han mejorado.

Poca gama y más actores

Europa y China son los escenarios donde Tesla está notando el desmoronamiento del imperio de Musk. Las aventuras políticas del magnate sudafricano -nacido en Pretoria y, según Forbes, con una fortuna que asciende a 815.600 millones de dólares, unos 694.000 millones de euros-, jugando de la mano de Donald Trump de forma más que significada, han impactado en su línea de flotación y, además, en el peor momento, así que han acabado siendo un tiro en el pie.

A nivel de producto, la compañía ha acusado enormemente la falta de calidad y la ausencia de una propuesta clara de gama. Experimentos como el Cybertruck y el prometido y cancelado Model 2 no han fructificado con éxito, por lo que ha acabado por ofrecer solo cuatro modelos más: el Model 3, el Model Y, el Model S y el Model X (tampoco hay mucha imaginación en la nomenclatura).

La deriva empresarial de Musk ofrece un buen catálogo que puede inducir a pensar que esto del automóvil no es su razón de ser. Tras entrar como accionista en la compañía en 2004, las ideas del magnate, brillantes en su concepto y algo menos exitosas en su ejecución, asombraron a medio mundo. La unión de los conceptos baterías de iones de litio (en base a la celda 18650) y coches fue un bombazo (fue el primero en usar esa composición de baterías), y pilló a los fabricantes de coches a contrapié. Pero ahora que todo el mundo está ahí, a Tesla le resulta más complicado mantener el liderazgo ganado a pulso (y por incomparecencia del rival, sea dicho de paso). Los fabricantes tradicionales ya disponen de la tecnología eléctrica en casi todas sus gamas, y los chinos ya no son una amenaza emergente, sino una realidad.

En el primer trimestre de 2025, Tesla registró su mayor desplome histórico: las ventas se redujeron a la mitad en Europa y el 49% en China. Ese mismo año, China superó los 30,1 millones de turismos vendidos, con una penetración del 51% de vehículos de nueva energía (donde se engloban los eléctricos), un entorno donde Tesla ya no marca el ritmo. En Estados Unidos, su feudo natural, 2025 tampoco fue un buen año, al registrar una caída de 50.000 unidades, contribuyendo a ese inicio de derrumbe mundial del 8,5% en un trimestre final nefasto.

Elon Musk, con su hijo XAE A 12, y Donald Trump, en el Despacho Oval, en febrero de 2025.

Elon Musk, con su hijo XAE A 12, y Donald Trump, en el Despacho Oval, en febrero de 2025. / JIM WATSON

Ingresos y beneficios

Si analizamos fríamente la estadística financiera de Tesla, podríamos dividir su evolución en cuatro fases.

La fase 1 tuvo lugar entre 2016 y 2019. En ese periodo, la marca afrontó las pérdidas propias de las empresas emergentes en un terreno en el que el coche eléctrico seguía siendo un desconocido. Tesla registró caídas operativas constantes debido a la enorme inversión en capacidad de producción.

En 2020 se produjo un punto de inflexión, que dio lugar al inicio de la fase 2. Ese fue el primer año completo con beneficios netos, impulsado por el Model 3 y el Model Y, y la venta de créditos regulatorios (derechos de emisión que Tesla recibe por vender vehículos de cero emisiones y que despacha a fabricantes con motores de combustión que no cumplen los objetivos ambientales).

La fase 3 se dio entre 2021 y 2022. La compañía automovilística llegó a una rentabilidad récord, con un crecimiento de ingresos del 18,8% en 2023 frente a la cifra registrada en 2022, alcanzando los 96.773 millones de dólares (82.189 millones de euros).

Tras el éxito, empezó la debacle, la fase 4. Los márgenes de beneficio se fueron reduciendo. En 2024, pese a que los ingresos aumentaron ligeramente (0,95%), los márgenes se estrecharon debido a la guerra de precios del mercado. Era el preludio de lo que iba a acontecer en el futuro.

En 2026, si contamos de marzo de 2025 a marzo de 2026, los ingresos se situaron en 97.879 millones de dólares. El primer trimestre de este año reportó una caída del 61% en el beneficio neto frente al mismo periodo del año anterior. A todo ello hay que sumar que socios clave como el Grupo Stellantis y Toyota han decidido dejar de comprar créditos regulatorios a Tesla.

China, EEUU, Europa

Con los fabricantes chinos superando ya claramente a la marca de Musk (BYD vendió 2,26 millones de vehículos en 2025, frente a los 1,66 millones de Tesla), la lógica lleva a pensar que la apuesta tendría que trasladarse a mercados como el europeo o el estadounidense. Pero, como ya se ha apuntado, la imagen del magnate se ha llevado por delante a Tesla en muchos escenarios, principalmente Europa. Pese a que sigue manteniendo una calidad correcta, la mejora del resto la ha dejado atrás.

A nivel de comunicación, la firma nunca se ha tomado muy en serio al Viejo Continente. Las ventas tampoco han acompañado por la amistad significada de Musk con Trump. Y el hecho de ser nombrado administrador de facto del Departamento de Eficiencia Gubernamental de la Casa Blanca, y su actuación capital en los recortes de personal y financieros de los funcionarios estadounidenses, no le ayudaron a ganar popularidad. Todo lo contrario. Las pegatinas en numerosos coches Tesla de "Me compraron antes de que Elon Musk se volviese loco" o "Mi coche funciona mejor que las decisiones de su CEO" proliferaron.

El idilio con el inquilino de la Casa Blanca solo duró cinco meses, es cierto, pero fue demasiado tiempo para recuperar luego su maltrecha imagen. Y no solo fue eso. Los amoríos con Trump tampoco ayudaron a nivel comercial en Estados Unidos a Musk , que acabó pillándose los dedos con la deriva negacionista respecto al cambio climático de la Administración norteamericana. El 30 de septiembre de 2025, el Gobierno federal eliminó el crédito fiscal de hasta 7.500 dólares (6.400 euros) para la compra de vehículos eléctricos. Vamos, que puso punto final al Moves estadounidense.

Con una mala imagen en medio país y sin ayudas en un mercado donde Tesla era claro dominador, se mascaba la tragedia. Más allá de eso, la ausencia de una política de cero emisiones del Ejecutivo de Trump pudo acabar generando una pérdida de ingresos de más de 1.400 millones de dólares a corto plazo.

Dura competencia de fabricantes tradicionales y, especialmente, de China, coste de materiales, mala reputación tras su aventura con el líder republicano, gama reducida, problemas con los AutoPilot de conducción autónoma... todo ello ha llevado a Tesla a vivir en un sinvivir. Pero hay más, y es que el magnate flirtea con infinidad de negocios.

Musk es sinónimo de emprendedor, de brillantez, de ideas locas y, al mismo tiempo, de caos. Los malos resultados que está registrando Tesla tienen una razón de ser más allá de las "neveras con ruedas", como muchos califican ya a los coches de la marca. Los negocios del multimillonario son variopintos y siempre relacionados con la tecnología. Además de CEO de Tesla, es consejero delegado e «ingeniero» jefe de la empresa SpaceX, fundador de The Boring Company, cofundador de Neuralink y OpenAI, y director de tecnología de X Corp y propietario de la misma red social X (antigua Twitter).

Del Roadster al Cybertruck, del éxito a la supervivencia

Corría el año 2003. Los ingenieros estadounidenses Martin Eberhard y Marc Tarpenning se propusieron demostrar al mundo que los coches eléctricos eran una mejor opción que los coches de combustión. Nació así Tesla, nombre que recuperaba el apellido del inventor Nikola Tesla. Obviamente, a este plan le hacía falta una importante inversión que le diera el respaldo económico necesario y fue ahí, en 2004, cuando Elon Musk entró en juego como principal inversor. Unos seis millones y medio de dólares le dieron la posición de presidente de una empresa automovilística con una gama más bien limitada:

Roadster, el primero. El primer vehículo que Tesla puso en la carretera fue un biplaza de tracción trasera que demostraba que los coches eléctricos podían ser bonitos, deportivos y de altas prestaciones. Estuvo en el mercado de 2008 a 2012 (la firma ha anunciado uno nuevo en dos años) y llegaron a fabricarse hasta 500 unidades al año, pese a su elevado precio (100.000 dólares). Fue entonces cuando Tesla puso en marcha el segundo paso de su plan, después de haberse presentado como una marca de coches eléctricos vanguardista y revolucionaria: lanzar un nuevo modelo con altas prestaciones. Así llegó el Tesla Model S, un sedán con acabados y espíritu prémium. En la actualidad se comercializan las nuevas versiones por unos 110.000 euros, casi nada.

Llega el Model X. Para aprovechar las tecnologías y las plataformas eléctricas, en 2015 nació el Tesla Model X, un crossover que seguía manteniendo ese carácter de alta gama, pero que apuntaba más al confort y la habitabilidad, con hasta siete plazas.

El popular Model 3. Gracias a los beneficios obtenidos con los tres primeros modelos, pero sobre todo a la fama ganada por su tecnología y sus plataformas eléctricas, Tesla entró en una nueva etapa con el objetivo de desarrollar nuevos coches a un precio más económico (36.900 euros). Así llegó, en 2017, el Model 3. Con su misma plataforma, Tesla desarrolló el Model Y, un SUV del segmento D que aterrizó en el mercado estadounidense en 2020. Su versión de acceso comparte autonomía con el Model 3 y se vende en España por 40.990 euros.

El polémico Cybertruck. El salto a lo extravagante llegó con el Cybertruck. Este modelo se presentó en 2019 y llegó en 2023, repleto de problemas. Una vez entregadas las primeras unidades, empezó la mala propaganda: la carrocería, en teoría de acero inoxidable, se oxidaba; la autonomía no era la prometida; las ventanillas, casi blindadas, se rompían; el pedal del acelerador se atascaba... pero ahí sigue.

El enigma AutoPilot. Los modelos de Tesla han venido asociados a su propuesta de conducción autónoma. Tampoco exenta de problemas. No es un sistema de conducción autónoma, pero sí que llega un momento en el que casi se le asemeja. Entre 2018 y 2023, se abrieron en EEUU varias investigaciones sobre una serie de accidentes que involucraban a conductores de Tesla con el sistema AutoPilot activado.

Aventurero espacial

La aventura espacial en los últimos años no se contempla sin su participación. De hecho, invirtió antes en Space X que en Tesla. En 2002, fundó la empresa dedicada al transporte espacial privado, con el objetivo de reducir costes para facilitar la colonización de Marte. Cohetes (algunos dan servicio a la propia NASA), viajes turísticos al espacio y hasta el lanzamiento en febrero de 2018 de una nave rumbo a Marte con un Tesla Roadster en su interior son algunas de sus imágenes más icónicas. Actualmente, es el coche que más lejos ha llegado en la historia ya que está a 280 millones de kilómetros de la Tierra, realizando una órbita heliocéntrica (alrededor del Sol): completa una vuelta cada 557 días.

Este año, la compañía ha evolucionado significativamente al integrar la inteligencia artificial (IA). De la mano de xAI, la empresa integra las propias actividades de la inteligencia artificial con cohetes y la internet espacial (los famosos satélites Starlink). Además, ha anunciado un proyecto para lanzar satélites que establecerán centros de datos en el espacio, más grandes que la Estación Espacial Internacional. Ideas no le faltan.

El caso de Twitter también es llamativo. Musk adquirió Twitter por 44.000 millones de dólares (unos 37.400 millones de euros) en octubre de 2022 y transformó la red radicalmente bajo la premisa de impulsar la libertad de expresión. La plataforma cambió su nombre a X en julio de 2023, buscando convertirse en una superaplicación, con Linda Yaccarino como CEO desde junio de 2023, aunque Musk mantiene el control operativo. Desde entonces, la app se está enfrentando a desafíos continuos de rentabilidad y disputas legales relacionadas con la adquisición, incluyendo acuerdos sobre divulgación de acciones.

Para rizar el rizo, una de las últimas ocurrencias de Musk es una suma de todo lo visto hasta ahora, siempre con la tecnología por bandera. Tesla incorporará la robótica avanzada a su oferta. La marca presentó recientemente su humanoide pensado para realizar tareas de ayuda. Su nombre: Optimus (como Optimus Prime, de la saga Transformers). Su precio estará en torno a 30.000 dólares (como un coche), unos 25.500 euros. Mide 1,73 metros, pesa 57 kilos y tiene 28 grados de libertad en el cuerpo, con manos capaces de llevar a cabo una manipulación fina como coger un huevo sin romperlo.

Mientras busca su hueco en el mercado, Musk ya ha encontrado dónde rodar este robot: en sus plantas de automóviles. Y es más, la fábrica de inicio de producción es la de Fremont (Texas), donde hasta esta misma semana se producían el Model S y el Model X. El próximo año quiere empezar a fabricarlo en masa en otra de sus instalaciones: Giga Texas, con una capacidad de producción de 10 millones de humanoides.

Negocio diversificado

Otros negocios relacionados con Tesla son los cargadores para vehículos eléctricos, que van desde el Wall Connector hasta el Supercargador V4, pasando por diferentes modelos adaptables a zonas comunes o privadas. Todo ello con la fuerza de imagen y la buena capacidad de funcionamiento que acreditan. Dicen que son mejores que los coches. Y, por su capacidad de carga rápida, son de los más eficientes del mercado.

Además de coches y cargadores, Tesla también fabrica acumuladores o baterías para uso doméstico, y paneles solares, otra de sus grandes virtudes tecnológicas. Y como producto estrella: las gigafactorías (para producir celdas de baterías y ensamblarlas), un terreno en el que la firma automovilística lleva la delantera y ha servido de inspiración para muchos fabricantes.

¿Alguna idea más, Elon?

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