Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ni a los 65 ni a los 67

Los economistas coinciden: muchos jóvenes tendrán que trabajar más allá de los 70 años para mantener su pensión

Informes de la OCDE, la AIReF y el FMI –entre otros– alertan de que la precariedad y las carreras laborales más cortas retrasarán la jubilación

Un hombre joven trabajando en su oficio de zapatería. Un perfil de empleado que deberá tener un carrera muy regular y de largas cotizaciones para no tener que prolongar su jubilación hasta más allá de los 70 años

Un hombre joven trabajando en su oficio de zapatería. Un perfil de empleado que deberá tener un carrera muy regular y de largas cotizaciones para no tener que prolongar su jubilación hasta más allá de los 70 años / EUROPA PRESS

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La edad legal de jubilación en España no va camino de los 71 años. Pero varios organismos económicos nacionales e internacionales sí llevan tiempo alertando de otra realidad mucho más compleja: muchos jóvenes podrían verse obligados a prolongar su vida laboral hasta edades muy avanzadas si quieren mantener una pensión similar a su último salario.

El debate sobre las pensiones suele centrarse en el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida. Sin embargo, informes recientes de la OCDE, la AIReF, la Comisión Europea, el FMI o el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) apuntan cada vez más hacia otro problema estructural, en el que las nuevas generaciones están acumulando carreras laborales más cortas, más tardías y más inestables que las de sus padres. Y eso tiene consecuencias directas sobre su futura jubilación.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) lleva años advirtiendo en sus informes Pensions at a Glance de que los sistemas públicos europeos fueron diseñados para trabajadores con trayectorias laborales continuas y estables, empleados que comenzaban a cotizar a los 20 años o antes y enlazaban décadas de empleo relativamente estable hasta su retirada.

Ese modelo, sin embargo, se está debilitando en gran parte de Europa y especialmente en España, donde el paro juvenil, la temporalidad y los salarios bajos siguen situándose entre los más altos de la Unión Europea.

Los jóvenes se incorporan cada vez más tarde al mercado laboral por la prolongación de los estudios, los másteres, la precariedad y la dificultad para acceder a empleos estables. A eso se suman carreras intermitentes, periodos de desempleo y una creciente rotación laboral que reduce los años efectivos de cotización.

El resultado es que muchos trabajadores podrían llegar a la edad ordinaria de jubilación sin haber acumulado suficientes años cotizados para cobrar una pensión equivalente a la de generaciones anteriores.

Jubilarse a los 71 años

Ese es precisamente el escenario que analiza un reciente estudio de la Fundación BBVA y el Ivie. El informe concluye que quienes alcancen la jubilación con apenas 30 años cotizados podrían necesitar retrasar su retiro hasta los 71 años si quieren mantener un nivel de vida parecido al que tenían antes de dejar de trabajar.

El matiz es importante: el estudio no afirma que la edad legal vaya a elevarse hasta esa cifra, sino que carreras laborales más cortas obligarían a retrasar la jubilación para compensar una pensión más reducida.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) también viene alertando desde hace años sobre la presión creciente que sufrirá el sistema público de pensiones en las próximas décadas. El organismo independiente estima que el gasto en pensiones aumentará hasta el 16,1% del PIB en 2050, impulsado por la jubilación masiva de la generación del baby boom y el envejecimiento demográfico. Pero el problema no es únicamente financiero. La propia autoridad fiscal ha advertido de que la sostenibilidad del sistema “no ha mejorado” pese a las últimas reformas aprobadas por el Gobierno.

A ello se añade otra contradicción cada vez más visible en el mercado laboral español: mientras las reformas de pensiones incentivan carreras más largas y jubilaciones más tardías, el desempleo y las dificultades de recolocación aumentan notablemente a partir de los 55 años.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y distintos estudios europeos llevan tiempo señalando este problema. Los sistemas públicos necesitan que los trabajadores permanezcan más tiempo activos, pero muchas empresas siguen expulsando mano de obra sénior o limitando su contratación a edades avanzadas.

La Comisión Europea también trabaja desde hace años con escenarios de fuerte envejecimiento poblacional y reducción de la población activa. Sus informes proyectan una caída progresiva de la ratio entre trabajadores y pensionistas en buena parte de Europa durante las próximas décadas, lo que incrementará la presión sobre las cuentas públicas y sobre las cotizaciones sociales.

Empobrecimiento de los jóvenes

En paralelo, varios economistas y organismos independientes alertan de un fenómeno adicional: el empobrecimiento relativo de las generaciones jóvenes. Datos analizados por el Banco de España en 2025 reflejaban que la generación nacida en torno a 1980 ha acumulado menos riqueza neta mediana (107.031 euros) al cumplir los 45 años en comparación con la cohorte de 1960, que superaba los 200.000 euros a esa misma edad, especialmente por el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de capacidad de ahorro.

Eso complica todavía más la posibilidad de complementar las futuras pensiones públicas mediante ahorro privado, algo que cada vez recomiendan más instituciones internacionales.

El debate de fondo, por tanto, ya no gira únicamente sobre si la edad legal de jubilación pasará de los 65 a los 67 años, o de cuán sostenible es el actual sistema público de pensiones. La cuestión central es si las nuevas generaciones lograrán acumular suficientes años de cotización y salarios suficientemente altos como para retirarse con una pensión capaz de mantener su nivel de vida.

Y ahí es donde empieza a emerger un consenso cada vez más amplio entre organismos económicos: el gran reto de las pensiones del futuro no será solo vivir más años, sino haber trabajado lo suficiente antes de llegar a la jubilación.

Suscríbete para seguir leyendo