BBVA Y SABADELL
Dos años del inicio de la batalla en que (casi) todos ganaron
BBVA y Banc Sabadell disparan su valoración desde el lanzamiento de la opa hostil que amenazó con acabar con la entidad catalana
El Sabadell triunfa sobre el BBVA: la opa decae tras quedarse en el 25,47% de aceptación
El BBVA deja atrás la opa con un nuevo récord de beneficio de 10.511 millones y la perspectiva de seguir batiéndolo hasta 2028

El presidente del Sabadell, Josep Oliu, y el del BBVA, Carlos Torres, en una imagen de archivo. / Ricardo Rubio

El 9 de mayo de 2024 un hecho relevante en la CNMV puso a temblar a la economía catalana. Tras una propuesta para comprar el banco de forma amistosa, el BBVA lanzaba una opa hostil contra el Banc Sabadell. La entidad de origen vizcaíno, seis veces más grande que la vallesana, planteaba un abrazo del oso que suponía, retórica al margen, la desaparición de la tercera empresa más importante de Catalunya, y la segunda en un campo tan trascendental para familias y empresas como es el financiero.
Tras unas semanas de secretos movimientos de Carlos Torres, presidente del BBVA, tratando de reunirse con Josep Oliu, su homólogo del Sabadell, y que dejó escenas como la de Torres de incógnito en las gradas del Open Banc Sabadell mientras Oliu recorría las tripas del complejo del Club de Tenis Barcelona para evitar un encuentro en el que se le habría notificado el interés del banco, a finales de abril de aquel año el BBVA dio a conocer su interés en una fusión. Días después, el consejo del Sabadell (con una única abstención, la del mexicano David Martínez) respondió de forma contundente contra la operación. El día anterior a la opa, una acción del banco catalán valía 1,80 euros; la del BBVA cotizaba a 10,29 euros.
Al cálculo numérico siguieron una serie de conclusiones, algunas de ellas precipitadas. La principal, que la fuerza del BBVA era muy superior a la del Sabadell y que difícilmente, con su tamaño, podría hacer frente a la opa y convencer a sus accionistas para rechazarla. También apareció un cierto pesimismo secular catalán que apuntaba que la opa estaba hecha, porque los principales accionistas del banco de origen vasco eran los mismos que los del banco catalán, y se señaló en especial el papel de BlackRock. Aquel lejano 9 de mayo, muchos creyeron que la historia estaba escrita y que sólo era cuestión de tiempo que el banco fundado en 1881 desapareciera para siempre.
Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta.
Cuando se cumplen dos años de la presentación de esa oferta hostil, pensada ante todo para reforzar la posición del BBVA en España, el Banc Sabadell sigue existiendo. De hecho, esta semana ha hecho una demostración de fuerza con la junta general de accionistas en que se ha brindado por la subsistencia de la entidad y se ha escenificado el relevo al frente del banco, con un consejero delegado, Marc Armengol (Barcelona, 1976), que ni siquiera es quincuagenario, todo un hito en el mundo de la banca española.
Los amantes de la aritmética se han encontrado con nuevas sorpresas: la entidad que preside Oliu no sólo no ha desaparecido, sino que valía este jueves 3,43 euros por acción, lo que significa que ha multiplicado su valor por 1,9 veces en este bienio. ¿Qué ha ocurrido con el BBVA? La derrota, avanzado por EL PERIÓDICO, ha sido muy dulce en este campo: de los 10,29 euros del 8 de mayo de 2024 ha saltado a 19,02 euros de este jueves, fecha del cierre de esta edición: también ha multiplicado su valor por 1,8.
¿Cómo es posible que todos hayan ganado en este tiempo?
Simplemente se ha cumplido la profecía de Andrea Orcel, el banquero italiano que pilota Unicredit. En su larga batalla por hacerse con el alemán Commerzbank, el financiero explicó que si una adquisición sale adelante, la lógica de las fusiones (con el consiguiente recorte de ocupación y las sinergias existentes) impulsará el negocio del banco. Y que en caso de que la adquisición no salga, la bolsa premiará a la entidad que, pese a seguir en solitario, no tendrá que hacer un gran desembolso económico, cosa que gusta a los mercados y más en momentos de inestabilidad geopolítica. El ‘win-win’ de los manuales, a todo color en la vida real.
Un presente prometedor, y alguna nube a la vista
Las presentaciones de resultados del primer trimestre de 2026 han vuelto a dejar claro que la banca en general, y BBVA y Sabadell en particular, siguen en un gran momento de salud. La economía mantiene el pulso, los tipos no sólo no son negativos sino que se esperan nuevos repuntes causados por la guerra de Estados Unidos e Israel en Irán y el futuro parece prometedor.
Sin embargo, en este luminoso panorama se han colado algunas nubes. La primera, un problema judicial llamado Villarejo. Durante toda la opa, e incluso en los momentos de cuerpo a cuerpo más intenso, el Sabadell evitó jugar esta carta. Lo cierto es que Francisco González, que fue presidente del BBVA durante 19 años y ungió a Torres como su sucesor, será juzgado por la Audiencia Nacional. La Fiscalía Anticorrupción pide para el banquero 173 años de cárcel por haber contratado al polémico excomisario para espiar a políticos, empresarios y periodistas durante 12 años. Los delitos que se le atribuyen son el de cohecho activo y 42 delitos de descubrimiento y revelación de secretos. El BBVA también aparece salpicado en el escrito de Anticorrupción, ya que al banco se le reclaman dos multas que suman 181 millones de euros.
Pero la principal falla del rotundo ‘win-win’ gestado por BBVA y Sabadell en los últimos dos años señala al presidente del grande de este binomio. Carlos Torres, que ya hizo una aproximación fallida al Sabadell en 2020, apostó enormes cantidades de credibilidad personal insistiendo que la operación saldría adelante, algo que defendió hasta pocos días antes de que se supiera que la aceptación de la opa había quedado en un ínfimo 25%. Fuentes del mercado apuntan que el principal problema del banquero madrileño no es que tuviera más o menos razón animando la opa y mostrándose convencido de su éxito. El problema, apuntan, es que hubo inversores institucionales que perdieron dinero por creer en su palabra. “Hay cosas que los fondos no olvidan”.
Si este vaticinio es o no cierto lo dirá el tiempo. Torres, mientras, podrá presumir de haber multiplicado por más de tres veces el valor de BBVA desde que llegó a la presidencia el 1 de enero de 2019. Y eso, en el mundo de las empresas cotizadas, resulta una cobertura muy difícilmente superable.
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