Fiscalidad de criptomonedas
Jorge Abascal (Investaxes): “El mayor problema en criptomonedas no es pagar impuestos, es no saber cómo hacerlo”
La complejidad para declarar criptomonedas crece en España y los expertos alertan de caos en los datos y de mayor control de Hacienda sobre inversores digitales

Jorge Abascal (izq.) y Javier Nebot (der.), cofundadores de Investaxes / INVESTAXES - CEDIDA

La fiscalidad de las criptomonedas se ha convertido en uno de los grandes retos de la economía digital en España. A medida que crece el número de inversores en activos digitales, también lo hace la presión de Hacienda para controlar estas operaciones. Sin embargo, el principal obstáculo no está en la normativa, sino en la capacidad real de los usuarios para cumplirla.
Esa es la tesis que plantea Jorge Abascal, colaborador en C4E.Club y cofundador de Investaxes, una herramienta diseñada para automatizar la declaración fiscal de criptoactivos. Su diagnóstico es que el problema no es la intención de cumplir, sino la complejidad del proceso.
En la práctica, miles de usuarios operan con múltiples exchanges, wallets y protocolos DeFi (finanzas descentralizadas), lo que genera un historial fragmentado y difícil de reconstruir. Sin esa trazabilidad, calcular correctamente impuestos se convierte en una tarea técnica, incluso para perfiles avanzados.
Un sistema fiscal que exige precisión
En España, las operaciones con criptomonedas tributan como ganancias patrimoniales dentro del IRPF, y deben declararse cuando se venden, intercambian o generan rendimientos.
El cálculo no es trivial. Hacienda exige aplicar el método FIFO (First In, First Out), que obliga a considerar que las primeras criptomonedas adquiridas son las primeras en venderse, independientemente de la plataforma utilizada.
Además, las ganancias tributan por tramos que pueden alcanzar hasta el 30%, dependiendo del volumen.
A esto se suman nuevas obligaciones informativas, como la declaración de activos en el extranjero, lo que refuerza el control sobre el ecosistema.
Datos desordenados y falta de control
Más allá del marco normativo, el principal desafío es operativo. Muchos usuarios no tienen un registro claro de sus operaciones, especialmente si han utilizado distintas plataformas o han interactuado con protocolos descentralizados.
El resultado es un escenario frecuente: inversores que quieren declarar, pero no saben cómo reconstruir su historial de transacciones.
Este problema no es menor. En entornos como el trading activo o el uso de DeFi, una misma cartera puede generar cientos o miles de movimientos en un año, incluyendo intercambios, staking (procedimiento que usan algunas criptomonedas para verificar transacciones) o provisión de liquidez. Sin herramientas adecuadas, calcular la base imponible se vuelve prácticamente inviable.
Automatizar la fiscalidad cripto
En este contexto surgen herramientas Investaxes, una plataforma que busca simplificar ese proceso mediante la automatización y agregación de datos.
El software permite integrar información de exchanges, wallets y blockchains, centralizando todas las operaciones en un único entorno. A partir de ahí, genera informes fiscales adaptados a la normativa española, incluyendo IRPF, patrimonio y declaraciones informativas. El objetivo es reducir la fricción entre el usuario y el cumplimiento fiscal.
Hacienda intensifica el control
El crecimiento del mercado cripto no ha pasado desapercibido para la Administración. En los últimos años, la Agencia Tributaria ha reforzado su capacidad de seguimiento, solicitando información a intermediarios y aumentando los mecanismos de control sobre los contribuyentes, con medidas como la ley DAC8. La tendencia es clara: mayor transparencia y menor margen para la opacidad.
A raíz de su experiencia en el ecosistema digital, Abascal también advierte de los riesgos asociados a la falta de control sobre la propia actividad online. “He perdido, he ganado, me han hackeado… pero es la única forma de aprender”, explica al referirse a su recorrido en entornos digitales y financieros.
Profesionalizar al inversor digital
Para Abascal, este nuevo escenario exige un cambio de mentalidad. El usuario cripto ya no puede operar como un perfil informal, sino que debe asumir un enfoque más cercano al de un inversor tradicional. Eso implica no solo entender el mercado, sino también cumplir con sus obligaciones fiscales.
En un entorno donde la tecnología avanza rápido, la diferencia no estará en acceder a oportunidades, sino en saber gestionarlas correctamente.
La economía digital abre nuevas posibilidades, pero también introduce nuevas responsabilidades. Y en el caso de las criptomonedas, la fiscalidad se ha convertido en una de las más relevantes.
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