Los retos verdes del vino
El sector del vino acelera su transformación: sostenibilidad, sequía y relevo generacional marcan el futuro
Bodegas, Administración y expertos coinciden en que el cambio climático y la presión normativa obligan a reinventar el modelo productivo, con más digitalización, eficiencia y conexión con el medio rural
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De izquierda a derecha: Josep Maria Ribas, director de Cambio Climático de Bodegas Miguel Torres; Rosana Lisa, directora de I+D. Enología Transversal de Zamora Company; Trinidad Márquez, responsable Técnica y de Medioambiente de la Federación Española del Vino (FEV) y moderadora; Alejandro Lorca, subdirector General de Frutas, Hortalizas y Vitivinicultura del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; y Delfi Sanahuja, director Técnico y Enólogo de Perelada (Grupo Perelada & Chivite) / XAVIER AMADO

El sector vitivinícola español se encuentra en un punto de inflexión. El impacto del cambio climático, la creciente presión normativa europea y la transformación de los hábitos de consumo están obligando a bodegas y viticultores a redefinir su modelo productivo.
Así se puso de manifiesto en la mesa de debate ‘Sostenibilidad y futuro del sector vitivinícola’, organizada por EL PERIÓDICO, El Periódico de España, Prensa Ibérica y Activos, y patrocinada por Perelada (Grupo Perelada & Chivite) y Zamora Company, donde representantes del sector público y privado coincidieron en que la sostenibilidad ya no es una opción, sino una condición imprescindible para la viabilidad del negocio. En el encuentro participaron Trinidad Márquez, de la Federación Española del Vino (FEV), como moderadora; Alejandro Lorca, del Ministerio de Agricultura; Delfi Sanahuja, de Perelada; Josep María Ribas, de Familia Torres; y Rosana Lisa, de Ramón Bilbao (Zamora Company), quienes trazaron una radiografía completa de los retos y oportunidades del sector.
La sesión arrancó con un mensaje claro por parte de Trinidad Márquez: el cambio climático ha pasado de ser una preocupación futura a un condicionante inmediato. “Está jugando un papel clave en los viñedos, en los sistemas de maduración y en el comportamiento de la uva”, subrayó, insistiendo en que el sector necesita una estrategia a largo plazo para adaptarse a un entorno cada vez más volátil. Además, recordó el peso del vino en el medio rural, donde en muchos casos actúa como motor económico y freno a la despoblación.
Presión climática y normativa
El diagnóstico compartido por los ponentes dibuja una situación de máxima exigencia. Por un lado, el cambio climático está alterando las condiciones tradicionales de cultivo. Las sequías prolongadas, el aumento de temperaturas y la mayor frecuencia de fenómenos extremos están impactando directamente en la producción.
“El agua es el nuevo oro líquido”, resumió Delfi Sanahuja, quien explicó que la disponibilidad hídrica se ha convertido en el principal factor de incertidumbre. La falta de agua no solo afecta a la cantidad de uva, sino también a su calidad y a la estabilidad de las cosechas. “Sin regularidad en la producción, la rentabilidad del viñedo se resiente”, advirtió.
En paralelo, el sector se enfrenta a una intensa presión normativa. Alejandro Lorca detalló que la actual Política Agraria Común (PAC) ya incorpora buena parte de las exigencias medioambientales derivadas del Pacto Verde Europeo, con instrumentos como los ecorregímenes o las ayudas vinculadas a prácticas sostenibles. No obstante, reconoció que ha sido necesario introducir ajustes. “Había requisitos que no contemplaban la realidad del campo. Se ha avanzado hacia una mayor simplificación y flexibilidad”, explicó.
Esa flexibilidad, añadió, permite adaptar las políticas a las particularidades de cada territorio, algo clave en un país con tanta diversidad climática como España. Además, destacó que las inversiones públicas están priorizando sistemas de producción más sostenibles, especialmente en ahorro de agua y fomento de la agricultura ecológica.
La sostenibilidad, entre obligación y oportunidad
Aunque la sostenibilidad implica costes y cambios estructurales, los expertos coinciden en que también representa una oportunidad estratégica. Josep María Ribas defendió que el sector del vino puede posicionarse como un referente en sostenibilidad si logra medir, certificar y comunicar adecuadamente sus avances.
“El vino puede tener un impacto muy positivo en el entorno”, señaló, recordando que muchas bodegas llevan años trabajando en la reducción de emisiones, en la eficiencia energética o en la protección y salud del suelo. En su opinión, las nuevas exigencias regulatorias no hacen más que consolidar una tendencia que ya estaba en marcha.
Sin embargo, uno de los principales frenos sigue siendo la carga administrativa. “La burocracia es un obstáculo real”, insistió Sanahuja. Las bodegas, especialmente las más pequeñas, deben destinar recursos significativos a cumplir con requisitos documentales, lo que ralentiza la ejecución de proyectos.
Rosana Lisa coincidió en este diagnóstico, aunque añadió que esa exigencia también actúa como filtro. “Es una oportunidad para que las bodegas que realmente apuestan por la sostenibilidad sigan avanzando”, afirmó.
Adaptarse al clima
La adaptación al cambio climático se ha convertido en una prioridad operativa. Las bodegas están desplegando múltiples estrategias para hacer frente a la escasez de agua y al aumento de temperaturas.
Entre ellas destaca la gestión eficiente del agua, con sistemas de riego más precisos, reutilización de aguas depuradas y captación de recursos hídricos. Sanahuja explicó que en su bodega llevan décadas trabajando en el ámbito de la modernización de los regadíos, combinando distintas fuentes de agua y mejorando la eficiencia mediante riego subterráneo y sensores de humedad.
La digitalización juega un papel clave en este proceso. Las estaciones meteorológicas, los sistemas de monitorización y la viticultura de precisión permiten ajustar las decisiones en tiempo real. “Antes se trataba el viñedo por rutina; ahora se actúa solo cuando es necesario”, explicó, destacando el impacto positivo en costes y sostenibilidad.
Otra línea de adaptación es el cambio en el viñedo. Rosana Lisa explicó que su grupo apuesta por viñedos en altura para mantener la frescura de los vinos, así como por variedades más resistentes al estrés hídrico. También se están aplicando técnicas como el sistema Keyline para mejorar la retención de agua en el suelo.
En paralelo, algunas bodegas están recuperando variedades ancestrales. Ribas destacó que estas uvas, adaptadas históricamente al territorio, pueden ofrecer mayor resiliencia frente al cambio climático. “Estamos redefiniendo el mapa del vino”, afirmó.
Reto social y económico
El debate puso de relieve que la sostenibilidad no puede limitarse al ámbito ambiental. Los desafíos sociales y económicos son igualmente relevantes.
Uno de los principales es, como en la mayoría de oficios, el relevo generacional. “Necesitamos atraer a jóvenes al campo”, advirtió Sanahuja. La falta de mano de obra cualificada y el envejecimiento del sector amenazan la continuidad de muchas explotaciones.
Además, el viñedo desempeña una función clave en la cohesión territorial. Márquez subrayó que en numerosos municipios la actividad vitivinícola es esencial para mantener la población. Sin ella, muchos pueblos quedarían abocados a la despoblación.
Ribas y Lisa coincidieron en destacar el papel de las bodegas como dinamizadoras del entorno rural, no solo por el empleo directo, sino también por la red de proveedores y viticultores con los que trabajan. “Hay cientos de familias que dependen de este sector”, recordaron.
Economía circular y eficiencia
En el ámbito empresarial, la sostenibilidad se traduce cada vez más en eficiencia y ahorro de costes. Las bodegas están implementando medidas de economía circular que reducen tanto el impacto ambiental como los gastos operativos.
Entre ellas, la reducción del peso de las botellas de vidrio se ha convertido en una práctica cada vez más extendida. “Es un ‘quick win’: menos coste, menos emisiones”, explicó Ribas. También destacó el uso de energías renovables, como la biomasa o la energía fotovoltaica, y la reutilización de residuos del viñedo.
Estas iniciativas permiten avanzar hacia modelos más resilientes en un contexto de volatilidad de precios energéticos y materias primas. “La sostenibilidad es también competitividad”, resumió.
Comunicación
Pese a los avances, el sector reconoce que tiene una deuda en comunicación. “Se hacen muchas cosas, pero no se cuentan lo suficiente”, admitió Lorca.
El consumidor, cada vez más sensibilizado, demanda productos sostenibles, pero no siempre percibe el esfuerzo que hay detrás. En este sentido, el enoturismo emerge como una herramienta clave para acercar la realidad de las bodegas al público.
Sanahuja destacó que las visitas permiten explicar de forma directa las prácticas sostenibles y generar una conexión emocional con el consumidor. “Quien visita una bodega se convierte en embajador de la marca”, afirmó.
Además, el enoturismo está atrayendo a un público cada vez más joven, lo que abre nuevas oportunidades en un momento en que el consumo de vino muestra signos de estancamiento.
Mayor visión a largo plazo
El sector vitivinícola afronta un escenario complejo, marcado por la incertidumbre climática, la presión regulatoria y los cambios en el mercado. Sin embargo, también dispone de herramientas para adaptarse y seguir siendo competitivo.
La sostenibilidad, en su sentido más amplio, será el eje sobre el que se construya el futuro del vino. Como concluyó la moderadora, ya no se trata de reaccionar campaña a campaña, sino de planificar con visión estratégica.
En un entorno en constante transformación, la capacidad de anticiparse y adaptarse marcará la diferencia entre quienes sobrevivan y quienes lideren la próxima etapa de uno de los sectores más emblemáticos de la economía española.
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