Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Leopoldo Torralba

Leopoldo Torralba

Director de Análisis de Arcano Research

¿Cómo afectará a la economía el nuevo orden mundial?

EEUU está en el inicio de la fase de declive y en Europa , aunque con menor intensidad, se defienden medidas alcistas en tipos y bajistas en crecimiento. China, por el contrario, experimenta un gran auge

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/EPA/Graeme Sloan / POOL

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/EPA/Graeme Sloan / POOL / Graeme Sloan / POOL / EFE

Fue el filósofo italiano Antonio Gramsci el que dijo en los años 30 del siglo pasado: «El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». Ahora estamos allí.

Un imperio, históricamente, pasa por una serie de fases. La inicial implica el auge. El crecimiento se acelera de modo sostenible. La productividad se incrementa y tanto beneficios empresariales como salarios aumentan sin necesidad de recurrir al endeudamiento excesivo. Pero llegado un punto, la productividad ya no crece tanto, aunque las poblaciones se han acostumbrado al progreso.

Por ello, se empiezan a endeudar y los mercados suben destacadamente. Es el inicio de la fase de declive. Crecen las desigualdades sociales y así las tensiones locales. Las poblaciones votan a partidos políticos que les prometen solucionar la situación. Así, cada vez influyen más los partidos extremistas nacionalistas, que buscan culpables, muchas veces externos. Suelen ejecutar políticas proteccionistas y antiinmigratorias, originando también tensiones internacionales. En paralelo, las potencias hegemónicas empiezan a frustrarse ante su crecimiento cada vez menor y menos sostenible. También buscan salida a la mencionada frustración con demostraciones de poder internacional, aumentando su agresividad bélica.

Resultado inflacionario

El resultado económico de lo anterior es inflacionario. Los aranceles implican aumentos de precios y las restricciones inmigratorias otorgan más poder negociador al empleado local, aumentando salarios y con ello inflación. Los conflictos bélicos pueden provocar disrupciones energéticas y en rutas comerciales, tensionando los precios. Adicionalmente, ciertos populismos son deficitarios, el déficit público suele aumentar y éste normalmente acelera los precios. Ante ello, los tipos de interés suben y el crecimiento ralentiza, mientras los mercados corrigen.

Es muy posible que, llegados a este punto, al lector le suenen muchas de las cosas mencionadas antes, trasladadas al entorno actual. Estados Unidos es la potencia hegemónica, económica, militar, tecnológica e incluso energética. Pero está en el inicio del declive. Sus déficits externos son elevados desde hace mucho tiempo. Como resultado, su deuda neta externa es excesiva.

Es cierto que sus crecimientos han sido superiores al resto del mundo desarrollado desde hace tiempo, pero no por mayor productividad solo, sino por mayor endeudamiento, y eso no es sostenible. Las familias estadounidenses tienen tasas de ahorro muy reducidas, y la Administración pública, déficits demasiado elevados. Las desigualdades sociales han aumentado porque los salarios netos de inflación llevan décadas sin apenas crecer, mientras los márgenes empresariales, y con ello los mercados financieros, no paran de subir. Eso tampoco es sostenible socialmente. Una población frustrada por lo anterior ha elegido a un político de corte más bien populista nacionalista como Donald Trump.

Gestión poco saludable

Este quiere reducir la deuda externa rebajando los déficits exteriores, pero no aumentando la tasa de ahorro de las familias y la Administración pública, como debería ser una gestión saludable. Eso lastraría el PIB y lo que quiere es impulsarlo con mayores exportaciones. Pretende hacerlo vía aranceles, pero la diferencia salarial entre Estados Unidos y los países desde donde importa es sideral. La diferencia en precios de los productos también lo es y, así, Estados Unidos seguirá importándolos, pero más caros, acelerando la inflación y ralentizando el PIB. En paralelo, Trump está acelerando la agresividad bélica, buscando la supremacía del poder militar y las áreas de influencia, provocando disrupciones energéticas y en rutas comerciales, tensionando de nuevo la inflación y el crecimiento.

Al mismo tiempo, en Europa ascienden los partidos nacionalistas, de modo que, aunque con menor intensidad, podemos ver el auge de las medidas proteccionistas, inflacionarias, deficitarias, alcistas en tipos y bajistas en crecimiento. Todo ello se produce en un entorno de auge de otra potencia, China, todavía con superávits externos notables con Europa y países asiáticos que son plataformas de exportaciones hacia Estados Unidos, lo que podrá terminar siendo otra fuente de conflicto comercial. Finalmente, la misma Europa no está exenta de riesgos bélicos, toda vez que diversos países de la OTAN están muy cerca geográficamente de una Rusia que muestra una vocación expansionista.

En definitiva: "El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". Los eventos imprevistos pueden sucederse con cierta periodicidad. Son tiempos para gestionar riesgos con prudencia.

Suscríbete para seguir leyendo