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Opinión

Mar López

Mar López

Responsable de Bussiness Banking de Deutsche Bank España

Del emprendimiento a la expansión, el salto que define el éxito empresarial

España cuenta con más de 3,3 millones de empresas, y crea alrededor de 120.000 nuevas al año

Digitalización en pymes.

Digitalización en pymes. / Europa Press

Cada mes de abril, el Día Mundial del Emprendimiento invita a poner el foco en quienes deciden dar el paso de crear una empresa. Y es que España es un país emprendedor por naturaleza. Cuenta con más de 3,3 millones de empresas en todo el territorio nacional y crea alrededor de 120.000 nuevas al año, según los últimos datos del INE, alcanzando cifras que no se veían desde antes de la crisis financiera.

La iniciativa empresarial sigue creciendo en nuestro país incluso en escenarios exigentes y los datos muestran cómo, a pesar de un entorno geopolítico cada vez más convulso, el emprendimiento no se detiene sino que se transforma. Así, vemos cómo prácticamente cada día se crean oportunidades en sectores vinculados a la transición energética, la digitalización, la eficiencia industrial o la relocalización de cadenas de suministro, alineándose así a las grandes tendencias que marcarán la economía en los próximos años.

Pero, más allá de los inicios y las oportunidades que se crean en un país dinámico en la creación de empresas, uno de los grandes retos es el crecimiento, la consolidación y la planificación empresarial a largo plazo. Pasar de un proyecto que nace en una presentación en Power Point y en un entorno local a una empresa que diversifica sus riesgos y es capaz incluso de competir en diferentes mercados, también internacionales, es un punto de inflexión que no todos se plantean y que define su trayectoria.

No se trata solo de vender o competir fuera de nuestras fronteras sino de diversificar el negocio y también los riesgos asociados, acceder a nuevos mercados y ganar escala en un contexto que cada vez es más global. Pero este proceso no está exento de barreras. El acceso a financiación, el conocimiento de los diferentes sectores, de los mercados exteriores, la regulación o la propia estructura de la empresa son factores que a menudo condicionan ese crecimiento. Y es precisamente en este punto donde el acompañamiento se vuelve clave.

El papel de la banca resulta diferencial, que no puede limitarse solo a temas de financiación y a simplificar la operativa del día a día. Su verdadero valor reside también en el acompañamiento, en entender el momento de cada empresa, anticipar sus necesidades y facilitar herramientas que permitan convertir un proyecto en una compañía con capacidad de pasar de un PPT a un proyecto sólido y con futuro, con potencial de crecimiento y expansión.

Así, un partner financiero global permitirá a estas empresas no solo una gestión operativa y acceso a financiación en distintas geografías, sino también la capacidad de anticipar tendencias, entender los riesgos asociados a cada mercado y ofrecer asesoramiento especializado para tomar decisiones estratégicas con mayor seguridad. Igualmente, deberá ofrecer soluciones adaptadas a cada fase de crecimiento, desde la propia estructuración de operaciones hasta la gestión de divisas, pasando por la optimización de la tesorería o el acceso a redes y conocimiento local en nuevos mercados, facilitando de este modo el crecimiento y transformando el espíritu emprendedor en proyectos sostenibles y escalables.

Por eso en un país de emprendedores, emprender no es solo tener una buena idea. Es saber desarrollarla y ejecutarla en un entorno cada vez más exigente y, sobre todo, tener la ambición ─y el apoyo oportuno─ para poder llevarla incluso más allá de las fronteras. Así, en este mes que celebramos el Día Mundial del Emprendimiento, conviene recordar que crear empresas es importante, pero hacerlas crecer y pensar en ellas a largo plazo es esencial. Y en un mundo incierto, esa capacidad de crecimiento es, igualmente, una oportunidad.

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