Tercer Foro Económico y Social del Mediterráneo
Marc Palahí, CEO de la Circular Bioeconomy Alliance y ‘chief nature officer’ de Lombard Odier: "Las grandes corporaciones saben que el actual modelo económico ya no funciona"
El CEO de la Circular Bioeconomy Alliance -entidad fundada en 2020 por el rey británico Carlos III- y ‘chief nature officer’ de Lombard Odier, uno de los bancos privados más antiguos del mundo, lleva tres décadas estudiando los bosques. Primero, como científico; luego, como director del Instituto Forestal Europeo, y ahora, desde Londres, donde trabaja para que la economía global deje de crecer a costa del planeta. Su tesis es tan sencilla como radical: después de 200 años de modelo extractivo, el sistema ha llegado a su límite y es urgente un cambio de paradigma. En junio expondrá sus ideas en la tercera edición del Foro Económico y Social del Mediterráneo, organizado por Prensa Ibérica en Barcelona.

Marc Palahí, CEO de la Circular Bioeconomy Alliance y ‘chief nature officer’ de Lombard Odier. / 'activos'

Es Ingeniero Agrónomo por la Universitat Politècnica de Catalunya, Forestal por la de Lleida, Máster en Silvicultura y doctor en Ciencias Forestales con enfoque en economía forestal por la de Joensuu en Finlandia. ¿Qué despertó ese interés por la naturaleza?
Nací en Barcelona, pero pasaba los veranos en el Pirineo de Huesca. Aunque urbanita, desde pequeño me atrajo el mundo rural. Los bosques simbolizan la naturaleza pura. Son el lugar donde más biodiversidad existe y donde mejor se entiende cómo funcionan los ecosistemas. Siempre los he visto como inspiración para una nueva economía en armonía con la naturaleza. Son las ciudades de la naturaleza, donde todo funciona en simbiosis y todo está interconectado. Cuanta más biodiversidad tiene un bosque, más resiliente es a los cambios.
Dedicó 25 años a la ciencia forestal para luego dar un salto a la política y las finanzas. ¿Cómo fue ese recorrido y qué le abrió la puerta a una actividad tan diferente?
Inicié mi carrera científica en el Instituto Forestal Europeo, donde fui creciendo progresivamente: de investigador júnior a sénior, luego puse en marcha la oficina de Barcelona del instituto, después fui nombrado director adjunto y más tarde llegué a subdirector general. El último paso fue asumir la dirección general de todo el Instituto Forestal Europeo, lo que me llevó a regresar a Finlandia 10 años después de haber estudiado allí. Lo dirigí durante 10 años. He dedicado 25 años a una carrera científica que culminó dirigiendo la principal institución forestal europea. Hace unos nueve años, conocí al entonces príncipe de Gales -hoy el rey Carlos III- en una conferencia que organizábamos en Escocia. Tomamos un té, conectamos de inmediato y comenzamos una colaboración que me llevó a viajar con él a varios países como asesor y a participar en eventos que él organizaba y donde podía exponer la necesidad de transitar de una economía fósil hacia una bioeconomía, es decir, un modelo enraizado en nuestros recursos biológicos y gestionado de forma sostenible.
Y llegó la parálisis del covid, que convirtió en una oportunidad. ¿Cómo lo hizo?
Durante la pandemia, la agenda del rey quedó completamente liberada y pudimos trabajar más estrechamente. Fue entonces cuando me propuso el reto de crear la Circular Bioeconomy Alliance, una organización que él fundó, y me pidió que liderara. Comencé a dirigirla desde Finlandia, compatibilizándola con mi cargo en el Instituto Forestal Europeo, pero cuando fue coronado rey, hace tres años, me trasladé a Londres para consolidarla como fundación. Después de un cuarto de siglo en el mundo de la ciencia, sentí que era el momento de dar un paso hacia algo nuevo: trabajar directamente con el sector privado y el financiero para acelerar ese cambio de paradigma. Así que me trasladé a Londres, constituimos la Circular Bioeconomy Alliance como fundación y empezamos a operar a otra escala. En paralelo, mientras buscaba financiación para la Alliance, entré en contacto con Lombard Odier, un banco privado suizo con tres siglos de historia, gestionado por seis socios y con una visión de inversión genuinamente estratégica y a largo plazo. Me ofrecieron financiación para la Alliance, pero con una condición: que asumiera el cargo de 'chief nature officer' de la entidad y los ayudara a visualizar cómo ejecutar inversiones de cientos de miles de millones alrededor de la naturaleza.
"La UE pierde al año 28.000 millones de euros en el sector agrícola por los impactos de la sequía y las inundaciones"
Pasó de estudiar ecosistemas forestales a analizar modelos económicos. ¿Cuál es el estado actual de nuestra relación económica con el planeta?
Hemos llegado a un punto de inflexión. Después de 200 años funcionando con una economía global extractiva basada en los recursos fósiles, el planeta ya no da para más. El mundo que hemos creado es mucho más grande que el planeta y necesitamos un cambio de paradigma total en los próximos 10-20 años, que debe pasar por entender, valorar e invertir en la naturaleza como el motor base de la economía.
¿Cómo debe producirse ese cambio de paradigma?
La Circular Bioeconomy Alliance agrupa a unas 70 organizaciones. Entre sus miembros figuran Lombard Odier; AstraZeneca; la Fundació La Caixa; GSK; LVMH; la Rothschild Foundation; empresas de moda de lujo como Brunello Cucinelli, Stella McCartney y Giorgio Armani; el grupo de alimentación catalán Agrolimen y Nactiva, y la Fundación Vallformosa. Estamos trabajando también con Amazon y en conversaciones avanzadas con Nestlé, entre otras grandes corporaciones. Trabajamos con grandes corporaciones que tienen que cambiar su cadena de valor, el paradigma industrial que las ha llevado hasta aquí. El reto es que pasen de cadenas de valor que se desarrollan a costa del planeta a cadenas de valor regenerativas, que restauren naturaleza y biodiversidad, y que contribuyan a mitigar el cambio climático en lugar de acelerarlo.
En la práctica, ¿en qué se traduce todo esto?
Trabajamos también con empresas más pequeñas, pero que ya han empezado esta transición, que se han creado justo porque son las que proporcionan soluciones de bioeconomía regenerativas. Entonces, lo que hacemos es establecer proyectos muy prácticos que llamamos 'living labs', en los que activamos conocimientos científicos y tecnologías para ejemplificar cómo se hace esta transición de extractivo y fósil a regenerativo y basado en soluciones de naturaleza y sistemas biológicos.
¿Podría poner un ejemplo?
Giorgio Armani utiliza cada año en torno a cinco millones de kilos de algodón para fabricar sus prendas, pero con escasa trazabilidad sobre el origen de esa materia prima. En el contexto actual -con la geopolítica alterando rutas de suministro, el cambio climático desestabilizando cosechas y una volatilidad de precios creciente-, muchas cadenas de valor del sector textil se han vuelto frágiles e impredecibles. A eso se suma una presión cada vez mayor, tanto regulatoria como por parte del consumidor, para que las empresas puedan vincular su cadena de valor a un impacto climático, de biodiversidad y social medible. Ante ese diagnóstico, les propusimos un proyecto demostrativo: cultivar algodón de forma regenerativa en el sur de Italia, acercando la cadena de valor a la propia empresa para hacerla más trazable, más estable y más transparente. Tomamos cinco hectáreas de tierra agrícola en la región de Apulia y las transformamos aplicando sistemas agroforestales, es decir, combinando el cultivo del algodón con especies arbóreas como chopos, granados, el árbol de la seda o pistachos. Eliminamos el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, sustituyéndolos íntegramente por inputs biológicos. Y todo el proceso está documentado y validado científicamente. Es un ejemplo concreto de lo que significa transformar una cadena de valor extractiva en una cadena de valor regenerativa: la misma empresa, el mismo producto, pero producido de una manera que restaura el suelo, aumenta la biodiversidad y reduce la huella climática.
¿Por qué se mezcla con árboles?
Los árboles mejoran la porosidad del suelo, favorecen la infiltración del agua y atraen la biodiversidad -pájaros, insectos beneficiosos- que actúa como defensa natural frente a plagas. El resultado es un sistema que, en lugar de emitir carbono, lo absorbe, y que gana resiliencia precisamente cuando más se necesita. El problema de fondo es que décadas de agricultura industrial han degradado los suelos hasta hacerlos vulnerables: cuando hay sequía o inundación, los cultivos colapsan porque el suelo ha perdido su capacidad de respuesta. Un suelo regenerativo funciona como una esponja, que retiene el agua en sequía y la absorbe en caso de inundación. No es solo ecología, es economía. En un contexto de volatilidad climática creciente, la resiliencia del suelo es un activo productivo. Y los números lo confirman. Tras dos años de proyecto piloto con nosotros, Armani ha producido ya las primeras 3.000 camisetas de algodón regenerativo que se comercializan en sus tiendas europeas. Y se están vendiendo mejor que las convencionales.
¿Es más caro producir así?
Sí, es el 10% más caro porque aún no tenemos escala suficiente. Pero ese sobrecoste de comparar precio por precio se relativiza mucho cuando miras el conjunto, es decir, estás acercando tu cadena de valor a Italia, la haces más resiliente y dejas de depender de si el algodón llega desde Brasil, Turquía o EEUU sorteando aranceles y disrupciones geopolíticas. Lo que a corto plazo parece más caro, a escala se convierte en algo más barato y más controlado.
Dice que la siguiente fase es escalarlo. ¿Qué tiempo contempla para esta segunda fase y cuál es el presupuesto?
La primera fase ha necesitado casi tres años. Ahora estamos hablando de escalar para que Armani pueda producir en lugar de miles de camisetas, cientos de miles. Esto nos va a ocupar los próximos cuatro o cinco años y requerirá entre 10 y 20 millones de euros de inversión, estamos en estos momentos acabando de cuantificar. Tenemos proyectos similares con el café y el cacao. Están colapsando muchas cadenas de valor porque se ha llegado a un punto de inflexión que combina el efecto del cambio climático y el de la degradación de los suelos por una agricultura muy intensiva basada en la química durante varias décadas.
Suena radical ...
Hay que cambiar de paradigma. No se trata de cambiar una pieza de un coche que no funcione, no tenemos tiempo de hacerlo. Debemos trasladarnos a otro sistema de transporte, siguiendo el paralelismo. Nos hemos pasado 100 años explotando recursos fósiles. Hemos plastificado nuestra economía con una mentalidad de minería, de extraer, y hemos perdido la habilidad económica de entender cómo funcionan nuestros sistemas naturales que son circulares, regenerativos. Hemos utilizado un 'mindset', una mentalidad extractiva para gestionar un sistema que es por naturaleza regenerativo y circular. Por eso lo hemos hecho colapsar.
¿Cuántos proyectos tienen en marcha como el de Armani?
Desde 2020, hemos definido 17. En el último año, hemos lanzado uno en la India con Brunello Cucinelli para la producción de cashmere regenerativo en comunidades nómadas del noroeste de la India, en Himalaya. Les estamos ayudando a restaurar el paisaje, para que sean más adaptables al cambio climático, y a crear las infraestructuras para procesar y limpiar cashmere con valor añadido.
Cuando plantean estos cambios, ¿a quién cuesta más convencer? Al empresario, al científico, al fondo de inversión ...
Cuesta cada vez menos debido a una mala noticia. Las grandes corporaciones se dan cuenta de que las cadenas de valor que han funcionado en los últimos 50 años no van a funcionar en los próximos 20. Hay datos no solo de los científicos, sino de las aseguradoras. En la UE, cada año se pierden 28.000 millones de euros en el sector agrícola debido a los impactos extremos de la sequía y las inundaciones. Son datos que ya tienen las aseguradoras. Hay un informe del Banco de Inversiones Europeo, publicado el verano pasado, donde no solo se identifican estas pérdidas, sino que se espera que se dupliquen en los próximos 20 años. Las grandes corporaciones saben que esto ya no funciona. Además, se constata cada vez más que la dependencia a una economía fósil, geopolíticamente, cada vez tiene más gastos y más volatilidad, especialmente en Europa, que no somos ricos en recursos fósiles.
"La naturaleza tiene mucho valor, pero no hemos sabido ponerle un precio. Hacen falta científicos en los fondos de inversión"
¿Se puede hacer este cambio de paradigma sin comprometer el crecimiento del PIB global?
La respuesta es al revés: si no se hace el cambio de paradigma, se va a comprometer el crecimiento del PIB global. Hace un año, el cacao vio triplicar su precio por inundaciones y sequías en el África occidental, donde se produce el 70% del cacao. A nivel mundial, las pérdidas aseguradas por el cambio climático se han doblado en los últimos 10 años. Si no cambiamos, el coste al PIB cada vez va a ser mayor.
¿Cómo atraen a los inversores? ¿Cómo se cuantifica el capital natural?
Efectivamente, lo que más cuesta de atraer es a los inversores porque aún es muy incipiente el diseño de fondos de inversión basados en una acción positiva de la naturaleza. Por eso encuentro tan interesante ayudar a un banco a diseñar estas estrategias. Es incipiente porque en los últimos años se ha entendido la naturaleza for free. Hemos creado un sistema económico que deriva valor del precio y no precio del valor. La naturaleza tiene mucho valor pero no hemos sabido ponerle un precio. Estamos diseñando un fondo de inversión en agricultura, alimentación y moda regenerativa para Europa, que lanzaremos en unos meses en Lombard Odier. Daremos a conocer datos de cómo si se invierte en transitar a una agricultura regenerativa cuánto puedes incrementar la rentabilidad agrícola, mejoras la resiliencia y reduces riesgos ante sequías e inundaciones. Tenemos una economía que funciona generando externalidades negativas y se trata de crear una economía que genere servicios ecosistémicos, pasar de un círculo vicioso a un círculo virtuoso. Y por eso necesitamos científicos en los fondos de inversión. En las finanzas no hay conocimiento de la naturaleza, que al final es la infraestructura más importante de la economía.
¿La ciudadanía está preparada para este cambio de paradigma?
No está preparada porque hemos creado una sociedad muy infantilizada. Hemos creado una sociedad que solo nos trata como consumidores, no como ciudadanos. Tenemos que darnos cuenta de que somos adictos al consumo y hay que separar el consumo de la prosperidad económica, y eso va a costar. Hay que cambiar los valores, las prácticas, los lentes con los miramos el mundo, y darnos cuenta que la naturaleza no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a la naturaleza.
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