Rearme europeo
Indra acelera sus alianzas europeas para cumplir sus contratos con Defensa y desbancar a Santa Bárbara
Intensifica su red de socios como los gigantes Rheinmetall y Leonardo para ampliar escala y posicionarse en los grandes programas del sector

Archivo - El presidente no ejecutivo de Indra, Ángel Simón / Alberto Ortega - Europa Press - Archivo

Indra ha intensificado en los últimos meses su estrategia de alianzas con grandes compañías europeas de defensa con un doble objetivo: reforzar su capacidad industrial para responder a los contratos adjudicados por el Ministerio de Defensa, por valor de 6.790 millones, y ganar posiciones en la carrera por los grandes programas militares terrestres, un terreno en el que tradicionalmente solo fabricaba en España la multinacional General Dynamics-Santa Bárbara. La compañía estadounidense, de hecho, ha recurrido ante el Tribunal Supremo dos préstamos del departamento que dirige Margarita Robles por importe de 3.000 millones que logró la unión temporal de empresas (UTE) entre la cotizada y Escribano (EM&E).
Para poder llevar a cabo esos contratos, Indra ha reforzado su política de colaboración con acuerdos relevantes con grupos como Iveco Defence Vehicles (IDV) -del grupo Leonardo-, Rheinmetall o Diehl Defence. "La lógica es sumar capacidades propias con las de socios industriales para poder optar a proyectos más ambiciosos y con mayor componente tecnológico", afirman fuentes de la compañía. En los últimos dos años, la empresa participada al 28% por el Estado ha firmado hasta 140 alianzas con empresas nacionales y extranjeras.
La cotizada que preside el catalán Ángel Simón entiende que, en el escenario actual, ya no basta con tener tecnología o presencia institucional. También resulta clave contar con socios industriales que permitan ejecutar contratos con mayor solvencia, cubrir más segmentos y competir en mejores condiciones frente a gigantes consolidados del sector.
Alianzas para ganar capacidad industrial
El acuerdo alcanzado este mes con IDV, adquirida recientemente por la italiana Leonardo, responde a la necesidad de las Fuerzas Armadas españolas de contar con un Vehículo Anfibio de Combate de Infantería de Marina (VACIM). Defensa recibirá 34 nuevos blindados de Indra e IDV para desembarcos anfibios y con ello sustituirá a su vieja flota de vehículos de los años 70 con los nuevos, capaces de desplegarse a 12 millas de la costa, a cambio de 370 millones de euros.
A ello se suma el memorando de entendimiento firmado en marzo con la alemana Rheinmetall y se plasmará con la constitución de una empresa conjunta a finales de este año con el fin de presentar una oferta para un contrato del Ejército español relativo a la adquisición de hasta 3.000 camiones militares. También en marzo, selló una alianza con la alemana Diehl Defence para impulsar de forma conjunta el desarrollo y la producción de sistemas de defensa aérea y misiles de medio alcance. "Una colaboración que podría extenderse posteriormente a los dominios marítimo y aéreo", apuntó la cotizada en el comunicado posterior a la firma.
Competir por más contratos y más protagonismo
Detrás de estas alianzas hay una estrategia industrial cada vez más visible. Los programas de defensa son hoy más caros, más complejos y más cooperativos. Exigen músculo financiero, capacidad de integración y una red de socios que permita responder a los requisitos de gobiernos e instituciones europeas. “Por ello, la capacidad de tejer alianzas deja de ser un complemento y pasa a ser un elemento central de la estrategia”, señala la compañía.
En ese tablero, Indra busca consolidarse como grupo tractor y ganar terreno en una industria que en España ha tenido históricamente otros actores dominantes, entre ellos la estadounidense General Dynamics-Santa Bárbara. La pugna no se limita a un contrato concreto, sino al reparto de protagonismo dentro del nuevo ciclo inversor en defensa y a la capacidad de liderar futuros programas desde España.
La propia Unión Europea está empujando en esa dirección. Los nuevos instrumentos de financiación y los grandes proyectos comunitarios están diseñados para fomentar la cooperación entre empresas de distintos países, reforzar la base industrial europea y reducir dependencias del exterior. Las compañías que consigan integrarse con más rapidez y credibilidad en esa lógica colaborativa serán también las que tengan más opciones de captar carga de trabajo y elevar su influencia.
Una estrategia con lectura nacional
La ofensiva de Indra también tiene una clara derivada española. El grupo ha asumido un papel de empresa tractora con la intención de articular en torno a sí una red que incluya grandes compañías, pymes, centros de investigación y universidades. El objetivo es que la industria nacional gane peso en los grandes proyectos europeos y que España no quede relegada en el nuevo reparto industrial que se está dibujando.
Esa aspiración no solo tiene impacto económico. También afecta al potencial del país para influir en el diseño de futuras capacidades militares y para defender que esas soluciones respondan a las necesidades de las Fuerzas Armadas españolas.
Todos estos movimientos forman parte de una transformación más amplia. La industria europea de defensa se está reordenando a gran velocidad y las alianzas han dejado de ser una opción táctica para convertirse en el eje central de la competencia. En ese nuevo escenario, Indra ha decidido acelerar para ganar tamaño, asegurar ejecución y disputar espacios de poder industrial que hasta ahora parecían reservados a otros.
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