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Nuevas tecnologías

La IA disparará la productividad un 40% pero las empresas aún no saben usarla: "El reto no es tecnológico, sino organizativo y de mentalidad"

En Europa existen grandes brechas tecnológicas, con más del 30% de compañías empleando algoritmos en los países norteños, frente a menos del 5% en Europa del Este

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Gabriel Ubieto

Gabriel Ubieto

Barcelona
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Una empresa especializada en la venta de papel de oficina está viviendo una crisis interna. Es 2007 y desde los cuarteles generales han dado orden de crear por primera vez una página web para centralizar las ventas a los clientes. Lo que hasta entonces hacían puerta a puerta los vendedores ahora pretenden canalizarlo a través de una computadora y parte de la plantilla lo ve como el principio del fin de su modo de vida.

Todo ello les lleva a una serie de desternillantes ocurrencias y acaba con el director de la oficina y su secuaz hundiendo su coche en un estanque por hacer caso acríticamente a las instrucciones del GPS, otra tecnología con la que no se entienden. Este no es un caso real, sino la trama de uno de los más populares episodios de la aclamada serie 'The Office' y que hoy podría actualizarse, sustituyendo la página web por la inteligencia artificial y cómo se integra esta en el día a día de muchas empresas.

Las expectativas puestas en la inteligencia artificial como aceleradora y/o automatizadora de procesos son elevadas, hasta el punto de que organismos como el MIT o consultoras como McKinsey anticipan que la incorporación de la IA va a permitir incrementar la productividad de las compañías entre un 20% y un 40%.

Volviendo al caso 'The Office', la IA les podría haber servido a los vendedores de Scranton para saber meses antes, analizando los patrones de compra de folios de sus clientes, si uno de estos iba a irse a la competencia. O ahorrar tiempo programando un algoritmo para que escribiera mensajes de correo electrónico personalizados para cada cliente en función de su historial. O ahorrar combustible de los camiones de reparto diseñando rutas más eficientes entre cliente y cliente, entre muchos otros.

Ahora mismo hay un ‘hype’ y tardaremos un poco en ver resultados

Myriam Blázquez

— Directora general de Experis

“Es verdad que ahora mismo hay un ‘hype’ y tardaremos un poco en ver resultados, pero el tiempo que va a pasar entre esas expectativas y la implantación real va a ser mucho más corto que en otros temas, como cuando salió la nube o cuando salió internet”, explica Myriam Blázquez, directora general de Experis (la consultora tecnológica de ManpowerGroup). “Esto encaja con lo que en economía se conoce como una “curva en J”: primero hay un periodo de inversión, aprendizaje e incluso cierta ineficiencia, y solo después llega el impacto real en productividad”, coincide David López, decano de MBA de Esade.

Formación, medición y liderazgo

Las empresas tienen por delante una reconversión decisiva para adaptar la IA a sus procesos y adaptar sus procesos a la IA. “El reto no es tecnológico, sino organizativo y de mentalidad. Dentro de las propias empresas coexisten distintos ritmos de adopción, con claros extremos. Mientras algunos profesionales integran la IA de forma intensiva en su trabajo diario, en ocasiones incluso asumiendo riesgos por un exceso de entusiasmo no siempre acompañado de control o una visión global, otros muestran resistencia, escepticismo o incluso rechazo, lo que genera dinámicas internas desalineadas. A esto se suma que muchas organizaciones están abordando la IA desde una lógica más táctica que estratégica, con iniciativas aisladas y poco coordinadas”, añade el decano de MBA de Esade.

Saber integrar la IA o no en los procesos de una compañía puede significar, a medio plazo, su supervivencia. "Tras la pandemia y con la implementación de las tecnologías basadas en la IA y en la robótica, la brecha de productividad entre empresas “frontera” [líderes] y rezagadas está ampliándose", alerta en su último informe el Consejo de la Productividad en España.

“Si realmente rediseñas el proceso de trabajo, rediseñas el flujo de quién y cómo se comporta, puedes tener unas eficiencias brutales, pero claro, eso puede significar también cambiar el tipo de perfiles de los trabajadores, lo que pasa por formación, y, por supuesto, una condición ‘sine qua non’ para que eso funcione es tener unos datos de calidad para medirlo todo”, apunta la directora general de Experis.

Uso desigual en Europa

Europa, además, se prepara para su mayor transición demográfica con la retirada del mercado laboral de la generación del ‘baby boom’, y precisa multiplicar su productividad para poder hacer lo mismo o más con menos recursos. Ahí la inteligencia artificial se erige como una de las principales palancas. No obstante, en el Viejo Continente hay una penetración muy desigual de esta nueva tecnología.

Según los últimos datos disponibles de Eurostat, referentes a 2025, el 15% de los trabajadores europeos usan de manera recurrente algún tipo de IA. No obstante, esa horquilla oscila entre países dónde el porcentaje de uso empieza a ser significativo, como en Malta (29,6%), Dinamarca (27,2%) o Países Bajos (26,6%), y otros donde es a día de hoy residual, como Hungría (1,3%), Rumanía (5%) o Italia (8%). España se encuentra actualmente ligeramente por encima de la media, con un 18% de ocupados que emplea de manera recurrente la IA.

“Hay diferencias significativas entre países, y de hecho ya se están viendo, aunque todavía se manifiestan más en inversión, adopción y preparación institucional que en cifras agregadas de productividad. Por ejemplo, según el 'Standford AI Index Report', en 2024 la inversión privada en IA en Estados Unidos alcanzó 109.100 millones de dólares, frente a 9.300 millones en China y 4.500 millones en el Reino Unido, una brecha enorme que anticipa trayectorias de adopción muy distintas”, explica el decano de MBA de Esade.

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