Consecuencias de la guerra
España tiene el precio de la electricidad más barato de Europa, pero mantiene una enorme dependencia de gas y petróleo
Las energías renovables y un invierno lluvioso abaratan la luz y el gas a la espera de la evolución de la guerra y la llegada del verano

Varios tendidos eléctricos. / Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo

La guerra en Irán ha reavivado los tambores de crisis energética, apenas cuatro años después del ‘shock’ vivido tras la invasión rusa de Ucrania. Cuatro semanas después de su inicio, con el ataque de Estados Unidos e Israel, el desabastecimiento energético es más un peligro para Asia que para la Unión Europea, pero el impacto sobre los precios de la energía ha quedado ya patente en los bolsillos de los consumidores, que han iniciado sus vacaciones de Semana Santa con la gasolina más cara de los últimos años.
A diferencia de hace cuatro años, cuando España se vio muy penalizada por la influencia del precio del gas sobre la electricidad que disparó las facturas de la luz, desde el inicio de este conflicto el Gobierno ha repetido como un mantra que España está más protegida que otros países europeos gracias a su inversión en renovables. La afirmación es cierta, aunque con muchos, muchísimos, matices; empezando porque en el consumo de energía total del país, la electricidad representa poco más del 20%, mientras que más del 70% restante es petróleo y gas.
"El precio es una dimensión importante; pero lo es todavía más asegurar el suministro. Cuanto más porcentaje de fuentes de generación propias (solar, eólica, hidráulica) en la matriz o con una diversificación de proveedores externos, mejor. No es lo mismo hoy importar el gas de Argelia por gaseoducto, nuestro caso, que de Qatar por buques que no pueden atravesar Ormuz, situación en Italia", afirma el profesor de Derecho Público de Esade Law School (URL), Enric R. Bartlett Castellà.
Y lo cierto es que España registró este mes de marzo el precio de la electricidad más barato de Europa, a excepción de los Países Nórdicos, a una media de 47,1 euros por megavatio-hora (MWh), frente a los 63,32 de Francia, los 101,13 de Alemania o los más de 140 de Italia. De hecho, este domingo se alcanzó el precio horario más barato de la historia (-10 euros por MWh) sobre las 3 de la tarde.
La razón para estas diferencias de precios se encuentran en que el país ha elevado su capacidad eólica y solar desde 2019 con 50 GW nuevos, lo que se traduce en una menor influencia en la formación del precio de la electricidad del gas, que acumula un alza del 70% desde el 28 de febrero. Y ese menor vínculo del gas en la producción de electricidad deriva en unos precios en el mercado mayorista más bajos.
"Estamos mejor preparados en la parte eléctrica porque en las horas solares la fotovoltaica cubre todo el consumo y nos desacopla del gas, pero hay muchas más horas sin sol o sin suficiente sol en las que necesitamos las nucleares porque si no entraría el gas", advierte Javier Revuelta, Senior Principal de Afry. Además, y a diferencia de lo ocurrido cuando estalló la guerra de Ucrania, este año ha habido "un invierno muy lluvioso y ventoso (y por tanto con mucha agua y eólica)", añade el profesor de Ingeniería Industrial de Comillas ICAI, Pedro Linares.
Electricidad
Pero esa protección, aunque es estructural, también es estacional. “Abril, mayo y junio son meses de bajos precios por las renovables. A partir de finales de junio, los precios tirarán hacia arriba por la menor eficiencia de los paneles solares y el aumento de la demanda, lo que hará que los ciclos combinados (que queman gas) marquen los precios”, explica la catedrática de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid y consejera de Red Eléctrica, Natalia Fabra.
A esto se suma que una mayor penetración de renovables implica un mayor coste del ‘seguro antiapagones’. Es lo que se conoce en la jerga eléctrica como ‘restricciones técnicas’, que se producen cuando la producción y el consumo previstos presentan riesgos técnicos, como que hay demasiada energía en una zona para la capacidad de la red o que falta tensión y obliga a Red Eléctrica a solicitar a las centrales que causan el problema reducir su producción y a otras (sobre todo las centrales de gas) a aumentarla, pero a un coste muchísimo mayor que el que se pagaría en el mercado diario.
De hecho, el gas ha dejado de influir en los precios del mercado mayorista, ahora tiene una notable presencia en ese segundo mercado. Y el precio de este ‘seguro antiapagones’, que hasta hace dos años era imperceptible, se suma al del mercado mayorista suponiendo un incremento considerable. Un ejemplo es lo que ha ocurrido en el mes de febrero, en el que el precio mayorista fue 18,1 euros por MWh, pero el precio total de la electricidad fue más del doble porque el coste de las restricciones ascendió a 22,1 euros.
Petróleo y gas
Más allá de la electricidad, Europa depende en un 73% de los combustibles fósiles (un 90%-95% importado) para su suministro energético, mientras en España, y a pesar de los avances recientes en renovables, el consumo final de energía sigue siendo en un 70% fósil (importado al 100%), según los datos recogidos por Pedro Linares de Eurostat y del Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática (OTEA) relativos al consumo final de energía. “Importamos el 100% del petróleo y del gas y ahí tenemos la misma exposición que el resto de países. De hecho, hay países que están mejor preparados, como los Países Nórdicos, que tienen calefacción con bomba de calor, que utiliza electricidad, mientras que en España hay poquito coche eléctrico y pocas bombas de calor”, añade Javier Revuelta, Senior Principal de Afry.
En este sentido, Pedro Linares recuerda el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que plantea alcanzar los 5,5 millones de vehículos eléctricos a finales de 2030, frente a los más de 500.000 del parque actual. “Si todas las medidas de ese PNIEC hubieran estado implantadas estaríamos en mucha mejor situación. De ahí la importancia de no perder comba en la transición”, añade. En este sentido, Natalia Fabra advierte acerca de las rebajas de impuestos generalizadas, como las anunciadas por el Gobierno hace una semana, que impulsan el uso de los combustibles fósiles, en vez de reducirlo: “Son políticas contradictorias. Queremos tasar a los combustibles fósiles y los estamos subvencionando. Está bien que se pongan medidas, pero que se financien con las fuentes de recaudación correctas ahí donde se producen los desequilibrios y que se utilicen para mitigar el impacto de los costes energéticos a los hogares y sectores más vulnerables, pero no indiscriminadamente”.
Y esa dependencia absoluta del exterior se refleja también en los precios, aunque tanto en el caso del gas como en el de los carburantes, España se sitúa ligeramente por debajo de la media europea. El mercado español de gas (Mibgas) registró en marzo un precio dos euros más barato que la referencia continental (Mibgas). La convergencia de precios entre ambos mercados se debe a que la mayor parte del gas se transporta a través de barcos, que se mueven de un sitio a otro con el mismo precio y la única diferencia depende de si tienen que recorrer más o menos kilómetros. “Siempre que hay restricciones en el intercambio, los precios no pueden converger, porque si hay diferencia de precios hay quienes comprarían en el país barato para venderlos en el caro. Pero el gas natural licuado (GNL) se transporta a través de barcos y eso hace que haya cierta convergencia, a pesar de que la interconexión con Francia está limitada. En electricidad eso no es posible, la falta de capacidad de interconexión en más acentuada y por eso hay diferencias tan fuertes entre la Península Ibérica y el resto de países”, explica Fabra.
En el caso de los carburantes, en las primeras tres semanas de marzo, España ha registrado precios por debajo de la media europea, con un coste para la gasolina de 1,632 euros por litro (frente a los 1,792 euros de la media de la UE) y de 1,701 para el diésel (frente a los 1,876 de media europea), según el Boletín Petrolero, que recoge datos hasta el lunes pasado, por lo que las cifras no reflejan todavía las medidas fiscales que aprobó el Gobierno el 20 de marzo.
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