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Opinión | Energía eólica

Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

Barcelona

El maravilloso paraíso de los molinos de viento

El caso de Forestalia no debe empañar el crecimiento y el desarrollo de un negocio que ha convertido a España en el sexto país del mundo en generación de energía eólica

Molinos de viento.

Molinos de viento.

De cero a casi el infinito en 25 años. Si hay un sector que ha nacido, crecido, dado esplendor y generado admiración, dudas y antipatías en España en este siglo, ese es el de los molinos de viento. Entiéndase, para los más sofisticados: los aerogeneradores. Principales responsables de que casi una cuarta parte de la energía que se genera en España sea eólica. Sopla el viento y hágase la luz. También el dinero.

Con la energía eólica ha pasado de todo. Hasta se han producido películas en su contra. Ha recibido bofetadas desde todos los extremos del ámbito ideológico. Y, paradojas de la vida, los mismos que van por ahí diciendo que hay que ser más verdes y menos contaminantes que nadie también son los que, por otro lado, montan manifestaciones para que los molinitos no se erijan en según qué lugares, sobre todo si afectan a su paisaje o les molesta el ruido de las aspas.

España, con 32.000 megavatios instalados, es la sexta potencia mundial en energía eólica terrestre. Con todo, solo representa el 3% de la capacidad instalada del planeta, según datos de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). China supone el 46% de la instalación; EEUU, el 15%; Alemania, el 6%; la India, el 5%, y Brasil, el 3%. La suma de eólica y fotovoltaica representó el 40% de la energía media generada en España en 2025. El 16 de abril del año pasado —12 días antes del gran apagón— se batió un récord histórico: el 100% de la energía generada era renovable. Combinación de viento y sol.

Son múltiples las empresas que participan en la cadena de valor de los proyectos de energía eólica. Esta empieza con la propiedad del terreno y sigue con la compra de las materias primas básicas. Por ejemplo: acero, hierro, cemento, plástico, fibra de vidrio, cobre, zinc, tierras raras, aluminio... y, por supuesto, también petróleo, de forma indirecta en todas sus posibilidades de refino. Un proceso que desde el principio depende de los planes y licencias de las administraciones: locales, autonómicas y estatal.

A los constructores y los montadores de los molinos se les unen los promotores de los planes y los propietarios y los operadores de los parques. Puede haber empresas que solo sean constructoras y otras que estén en los tres procesos del negocio. Como operadores, los cinco líderes en España son, por este orden: Iberdrola, Acciona Energía, Enel (Endesa), Naturgy y EDPR.

Geográficamente, las inversiones han sido muy dispares dependiendo de cada territorio. Por comunidades autónomas, Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha concentran el 50% de la capacidad total. A comunidades como Extremadura —volcada en la fotovoltaica—, Baleares, Cantabria y Madrid, la energía eólica les importa poco. El caso de Catalunya es uno de los más interesantes: de ser pionera ha pasado a estar en el furgón de cola de las inversiones. Como ocurre con otras infraestructuras, la oposición del territorio ha sido clave para paralizar nuevos proyectos.

Un detalle en que las renovables tienen mucho que ver: España sigue siendo uno de los países europeos con el precio de la electricidad más bajo. El 25 de marzo, el megavatio hora se pagaba a 18 euros, frente a los 135 de Italia y Suiza, los 54 de Alemania y los 22 de Francia, que vive de la energía nuclear. Poder confirmar que el apagón ocurrido el 28 de abril de 2025 fue debido a un exceso de oferta de energía renovable que colapsó el sistema eléctrico todavía genera interrogantes.

Por provincias, Zaragoza es la que cuenta con mayor capacidad eólica. El impulso de las renovables es uno de los argumentos que han permitido a la comunidad apostar por la instalación de centros de datos, intensivos en consumo energético. Y es en Zaragoza donde nace Forestalia, la empresa familiar protagonista de esta semana, clave en el boom renovable.

El grupo, propiedad de la familia Samper, ha sido uno de los favorecidos por el desarrollo del sector, llegando a promover parques con 1.500 megavatios en operación y en alianza con otros operadores. Desde esta apuesta, Forestalia ha erigido un pequeño imperio que también incluye inversiones en centros de datos. Pero con el éxito han llegado los escándalos. Jorge Heras analiza el auge de la compañía y las causas judiciales abiertas, donde se mezclan relaciones con funcionarios públicos y presuntos delitos de corrupción. Como siempre, el beneficio de la duda.

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