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El giro que cambia el mercado

Un informe de Goldman Sachs concluye que “los activos físicos están ganando terreno” en plena era de la IA

La inteligencia artificial impulsa el crecimiento, pero también está reconfigurando el mercado. En ese sentido, Goldman Sachs detecta un giro hacia empresas con activos físicos y menos exposición tecnológica

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Logo de la banca de inversión Goldman Sachs, quien publicó un informe alertando que la era de la IA está cambiando qué empresas ganan en bolsa.

Logo de la banca de inversión Goldman Sachs, quien publicó un informe alertando que la era de la IA está cambiando qué empresas ganan en bolsa. / ARCHIVO

Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid
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La inteligencia artificial (IA) prometía consolidar el dominio de las grandes tecnológicas. Sin embargo, está provocando justo lo contrario en los mercados. Un informe reciente de Goldman Sachs apunta a un cambio de ciclo: el dinero empieza a alejarse de los modelos digitales puros y vuelve a mirar hacia la economía tangible.

El banco estadounidense identifica un giro silencioso pero relevante. Durante más de una década, las compañías “ligeras en capital” —software, plataformas digitales o servicios escalables— lideraron las bolsas. Ahora, ese liderazgo se está cuestionando y las bolsas dejan de premiar a las empresas de IA.

El efecto HALO

Goldman Sachs resume este cambio bajo un concepto: HALO (Heavy Assets, Low Obsolescence). Es decir, empresas con “activos físicos relevantes y baja obsolescencia tecnológica”, por sus siglas en inglés. Se trata de negocios como:

  • Infraestructuras energéticas.
  • Redes de transporte.
  • Industria pesada.
  • Equipamiento crítico.

Este tipo de compañías están ganando protagonismo porque combinan barreras de entrada elevadas con una mayor resiliencia frente a disrupciones tecnológicas.

El informe subraya que el mercado ha empezado a premiar esta característica: las empresas intensivas en capital han superado en un 35% a las de modelo ligero desde 2025 .

La IA cambia las reglas del juego

El factor clave detrás de este giro es la propia inteligencia artificial. Y lo hace en dos direcciones.

Por un lado, está presionando a los modelos digitales tradicionales, pues reduce costes de entrada, aumenta la competencia y pone en duda los márgenes futuros.

Por otro, está obligando a las grandes tecnológicas a transformarse. Los gigantes del sector están entrando en un ciclo de inversión sin precedentes, con hasta 1,5 billones de dólares en gasto en capital entre 2023 y 2026 .

En la práctica, esto significa que muchas compañías que eran “capital light” (las que que operan con un nivel reducido de activos tangibles) están pasando a comportarse como empresas industriales.

De lo intangible a lo tangible

El informe sitúa este cambio dentro de un contexto macro más amplio, marcado por:

Todo ello ha revalorizado activos que antes se consideraban secundarios, como la energía, las infraestructuras o la capacidad productiva.

Además, la brecha de valoración entre empresas intensivas en capital y las más digitales se ha reducido de forma notable. Ambas cotizan ahora en niveles similares, algo impensable hace apenas unos años.

Implicaciones a largo plazo

Goldman Sachs no habla de un ajuste puntual, sino de un posible cambio estructural. El mercado está empezando a cuestionar si las ventajas de las empresas digitales —altos márgenes y elevada rentabilidad— son sostenibles en un entorno dominado por la IA.

Al mismo tiempo, las previsiones apuntan a una mejora del crecimiento de beneficios y de la rentabilidad en compañías vinculadas a activos físicos.

El mensaje de fondo es claro: en la nueva economía, no solo importa la innovación. También cuenta, y cada vez más, quién controla la infraestructura que la hace posible.

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