Ocio educativo y sociocultural
Casas de colonias, comedores y extraescolares: un sector que mueve 15.000 millones y ya representa el 1% del PIB
36.000 empresas y 160.000 trabajadores sostienen el ocio educativo y sociocultural en España
Más de 300 escuelas podrían dejar de hacer colonias como medida de presión de la protesta docente

Un taller de pintura realizado en un comedor escolar por la fundación Pere Tarres. / Cedida

La visita guiada en un museo. La excursión de fin de curso a una casa de colonias. Las tardes de teatro, robótica o pintura después de clase. El verano de campamentos. Las horas en el comedor del colegio o las actividades de fin de semana que organiza el casal de barrio. Son escenas habituales en la vida de millones de niños y adolescentes en España (aunque también adultos), que dependen del sector del ocio educativo y sociocultural.
Se trata de un ámbito que reúne a más de 36.000 pymes, emplea a 160.000 trabajadores y genera un volumen de facturación anual de 15.000 millones de euros. Son el 1% del PIB, según datos del INE compartidos por la Federación Española de Ocio Educativo y Sociocultural (FOESC). Sin embargo, las empresas y trabajadores del sector denuncian que, pese a su impacto económico y social, siguen siendo poco reconocidas por la administración y la sociedad. ¿A qué se debe?
Distribución territorial
La respuesta parte de la fragmentación que atraviesa al sector, pues engloba actividades muy diversas, repartidas en más de 35 códigos de Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE). Además, el modelo de ocio educativo en España tiene la particularidad de estar formado por muchas por pymes y trabajadores autónomos. Aunque existen fundaciones de referencia —como Pere Tarrés y Fundesplai en Barcelona, o Acrescere, en Madrid— , gran parte del sector la integran empresas o cooperativas, lo que genera fricciones por las exenciones fiscales de unas y el teórico ánimo de lucro de otras.
A su vez, la implantación territorial también es desigual. En términos absolutos, Cataluña (9.477 empresas) y Madrid (8.197) concentran juntas el 35,8% del total, seguidas de Andalucía (7.004), que aporta otro 14,2%. Sin embargo, en términos relativos, Castilla y León se sitúa a la cabeza con 1,83 empresas por cada 1.000 habitantes, muy por encima de la media nacional (en torno a 1 por cada 1.000). Le siguen Aragón (1,43) y Navarra (1,18), junto a Cataluña (1,17) y Madrid (1,15), que combinan volumen y densidad.
¿Y que actividades realizan? Pues sin duda, predominan las empresas de extraescolares, refuerzo escolar y campamentos urbanos, que lideran en número y volumen de negocio. A su alrededor gravitan las asociaciones ligadas al escultismo, con una fuerte base voluntaria, las casas de colonias, equipamientos culturales... En resumen: “cualquier proyecto fuera del ámbito lectivo que tenga un componente educativo forma parte de nuestro sector” traslada Pere Mulero, presidente de la patronal FOESC y director de la casas de colonias Eix Estels.
Contratos fijos discontinuos, multiempleo y salarios ajustados
Tal y como explican desde CCOO, sindicato más representativo del sector, el perfil de los ocupados, las condiciones y la estabilidad dependen directamente del tipo de actividad. Así, dentro del ocio educativo, en casas de colonias y campamentos, se encuentran sobre todo trabajadores jóvenes, con un empleo estacional y temporal que encuentran en este ámbito una puerta de entrada al mundo laboral.
Es el caso de Sara (25 años), profesora de Pedagogía Terapéutica (PT) en una escuela periférica de Madrid cuenta que se adentró en el sector sacándose el título de monitora de tiempo libre para trabajar en verano y “ganar algo de dinero”. Perfiles similares son el de Álvaro (26 años), que también es profesor interino en Madrid y entró en el sector a partir de la rcomendación de un profesor de universidad en un campamento de matemáticas. Explican que, frente al sector educativo formal, "aquí los niños están más distendidos, la relación con el adulto es más horizontal, lo que permite explorar habilidades y valores que en el aula, con el predominio del curriculum, quedan en un segundo plano" indica Sara. "Es como aprender jugando, o enseñar entreteniendo" dice.
Dentro de este grupo también destaca el gran número de monitores voluntarios que participan en asociociaciones escoltas. En España, el movimiento más grande es el de Scouts laicos, representados bajo la federación (ASDE) que aglutina a 35.000 personas, con 8.100 voluntarios mayores de 21 años y presencia en 15 comunidades autónomas, junto a Ceuta y Melilla. “Nuestro programa educativo acompaña a los jóvenes desde los 6 hasta los 21 años y les enseña valores sociales, de salud, compromiso con el medio ambiente y el sentido de pertenencia” explica su portavoz Mohamed Kichouh. Añade que, a su vez, ASDE pertenece a otra federación, aun mas grande, que tambien reune a otras 25.000 personas que pertenecen al escultismo católico (MSC).
Navarra y Catalunya, dos comundiades autónomas con un gran tejido asiociativo, no forman parte de esta Federación. La segunda se trata de la comunidad con un mayor numero de asociaciones, ligadas a una tradicion historica y cultural de participación ciudadana. Una de las más representativas en la federación de Espals Catalans (ESPLAC), fromada por 100 entidades “laicos y progresistas”, en 70 poblaciones, donde participan 7.800 niños y más de 2.000 monitores. Una de ellas es Ona (24 años), que desde Centelles (Osona) lleva desde pequeña yendo al Esplai de su pueblo, primero como asistente, y ahora como voluntaria.

Un grupo de niños en un campamento Scout. / ASDE (ROURICH)
A esa experiencia se suma la de Max Sonnenstein (24 años), monitor en un "CAU", como se conoce las entidades 'scouts' catalanas, coordinador de comedor y estudiante de profesorado de ESO. Tanto el como Ona ponen cifras a una dedicación muchas veces invisible. “No es solo el sábado por la tarde: hay que preparar actividades, coordinarse entre semana, gestionar grupos de WhatsApp o tramitar subvenciones”, explica Ona. “Es una tarea vocacional, pero exige mucho tiempo y energía, y cuesta compaginarla con estudios o trabajo” indica Max.
Comedores escolares y actividades de mediodía
El otro gran pilar del sector son los comedores escolares y los espacios del mediodía. Aquí, el empleo es más estable durante el curso, pero también más fragmentado. Lo integran jóvenes estudiantes y mujeres de más de 45 años que buscan conciliación familiar. Eso sí, "para tener un sueldo de 40 horas y llegar a fin de mes tienes que encadenar varios trabajos: acogida, comedor y extraescolares”, explica Zayra (36 años), coordinadora pedagógica en la cooperativa Doble Via, con sede en La Floresta (Barcelona), "si tienes suerte una misma empresa puede dar todos estos servicios en un mismo centro, pero no es lo mas común".
El peso de las fundaciones en el sector del ocio educativo y sociocultural
Aunque no existen estadísticas oficiales precisas, distintas fuentes del sector estiman que las organizaciones no lucrativas representan más de la mitad de la actividad económica. En Catalunya, Fundació Pere Tarrés y Fundesplai son dos de los actores más grandes. Pere Tarrés gestiona actividades de ocio y tiempo del mediodía en unos 90 centros educativos en los que coordina alrededor de 2.500 trabajadores. A estos se suman otros 2.800 trabajadores de intervención social y apoyo escolar. En 2024 la fundación obtuvo unos ingresos que rondan los 60 millones de euros anuales, de los que entre el 60% y el 65% proceden directamente del ocio educativo. Fundesplai, por su parte, llega a más de 420.000 participantes y está presente en más de 1.600 escuelas, con una plantilla equivalente a 3.483 jornadas completas. Su facturación es de unos 118,7 millones de euros anuales, donde solo 18 millones provinieron de ayudas públicas. En gasto, destina más de 80 millones a personal.
Su trayectoria ilustra una de las constantes del sector, con jornadas de pocas horas, contratos fijos discontinuos y necesidad de multiempleo. Una dinámica que confirma Marta (25 años), maestra interina en Barcelona: “Durante el curso trabajas pocas horas, y en verano muchas, por lo que en general es un trabajo muy inestable y mal remunerado”.
El otro gran bloque: la animación sociocultural
Frente a este modelo más precario, existe otro gran ámbito dentro del sector: la animación sociocultural, vinculada a museos, centros cívicos o proyectos comunitarios. Aquí, el empleo tiende a ser más estable y cualificado. “El 90% de la plantilla tiene estudios relacionados: arte, historia, teatro…”, explica Paula (23 años), supervisora en un servicio de atención al visitante en la Sagrada Familia, que gestiona la empresa Audioguiarte tras la salida de Magmacultura. En su caso, el trabajo combina atención al público, gestión de equipos y conocimiento cultural.

Sagrada Familia. / EPC
Sin embargo, la subcontratación, por la que grandes equipamientos externalizan estos servicios a empresas, introduce una capa adicional de incertidumbre. Desde la asociación profesional ANRIE, que representa a mediadores culturales y profesionales de intervención en colectivos vulnerables o proyectos comunitarios trasladan que, si bien hay una mayor profesionalización, la dependencia de licitaciones públicas y falta de reconocimiento social les perjudica.
Pese a ello, las fuentes entrevistadas para este reportaje coinciden en que la demanda en servicios educativos fuera del horario escolar crece cada año, impulsada por una dificultad de conciliación familiar, la necesidad de encontrar espacios de socialización que dejen atrás la tecnología y los dispositivos móviles y las problematicas sociales de exclusion y desigualdad.
Un sector esencial
Las competencias del sector del ocio educativo y socio cultural está en manos de las comunidades autónomas. Sin embargo, tal y como advierten instituciones como el Síndic de Greuges en Catalunya, no existe un departamento único de referencia que canalice su financiación. Tampoco hay una estrategia política integral que lo canalice. Así, en términos de inversión, el conjunto de administraciones catalanas destinan unos 300 millones de euros anuales, lo que equivale a unos 217,5 euros por niño, frente a los más de 5.200 euros por alumno en la educación formal: unas 24 veces menos. Si no se cuentan las ayudas de comedor escolar, esta inversión se reduce a la mitad. Además, dentro de las políticas de infancia, la Dirección General de Juventud —clave en este ámbito— apenas concentra el 0,33% del presupuesto, unos 18 euros anuales por menor. A nivel local, la situación tampoco mejora: dos de cada tres ayuntamientos no tienen un plan de ocio educativo y más de la mitad no ofrecen becas para extraescolares. Esta falta de estructura dispara la brecha entre familias vulnerables, con tasas de participación hasta 30 puntos inferiores en actividades de ocio.
Suscríbete para seguir leyendo