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Carta anual del presidente Larry Fink a los inversores

BlackRock alerta de que la IA puede agrandar la brecha entre ricos y pobres: “Generará enormes beneficios, pero no para todos”

Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, advierte de que la inteligencia artificial impulsará la economía, pero ampliará la desigualdad si no se amplía el acceso a la inversión y a los mercados

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Imagen de archivo de Laurence Fink, director ejectuvio de BlackRock, en una edición del World Economic Forum. El magnate afirma que “la IA generará enormes beneficios, pero no para todos”.

Imagen de archivo de Laurence Fink, director ejectuvio de BlackRock, en una edición del World Economic Forum. El magnate afirma que “la IA generará enormes beneficios, pero no para todos”. / MORITZ HAGER - Europa Press

Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid
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La inteligencia artificial (IA) está a punto de transformar la economía global, pero no necesariamente de forma equitativa. Ese es el mensaje central que lanza Larry Fink en su carta anual a inversores de 2026, en la que el máximo ejecutivo de BlackRock advierte de que la próxima ola de crecimiento económico impulsado por la IA podría intensificar las desigualdades si no se amplía el acceso a la inversión.

Lejos de cuestionar el sistema, Fink plantea un diagnóstico incómodo: el problema no es que el capitalismo no funcione, sino que no todos participan en sus beneficios. En un contexto marcado por el auge de la inteligencia artificial, esa brecha, según BlackRock, puede ampliarse aún más.

Una economía impulsada por la IA, pero no inclusiva. El directivo describe un escenario en el que la IA generará ganancias masivas de productividad y valor, especialmente en empresas con capacidad tecnológica y acceso a capital. Sin embargo, advierte de que esos beneficios tenderán a concentrarse en quienes ya poseen activos financieros.

La consecuencia es clara: una economía en la que el crecimiento existe, pero no se distribuye de forma homogénea.

En su análisis, el riesgo no está tanto en la destrucción de empleo —un temor habitual en anteriores revoluciones tecnológicas— como en la creciente distancia entre quienes participan en los mercados de capitales y quienes dependen exclusivamente de sus ingresos laborales.

El problema no es la tecnología, sino el acceso

Fink introduce un cambio relevante en el enfoque del debate económico. Frente a la narrativa tradicional centrada en la desigualdad de ingresos, pone el acento en la desigualdad en la propiedad de activos.

Es decir, en quién tiene acceso a:

  • Acciones.
  • Bonos.
  • Infraestructuras.
  • Activos privados.

Desde su perspectiva, la IA no crea el problema, pero sí lo amplifica: acelera la generación de riqueza en los mercados financieros, mientras deja atrás a quienes no están expuestos a ellos.

Más inversores, no menos mercado

Lejos de proponer restricciones o cambios estructurales radicales, el consejero delegado de BlackRock defiende una idea clara: la solución pasa por ampliar el acceso a la inversión.

En la carta, plantea la necesidad de, sobre todo, tres cosas:

  1. Fomentar la participación de los ciudadanos en los mercados de capitales.
  2. Facilitar el ahorro a largo plazo.
  3. Repensar instrumentos como los sistemas de pensiones

El objetivo es que más personas puedan beneficiarse del crecimiento económico, especialmente en un entorno donde la tecnología multiplica el valor de los activos. O al menos, eso es lo que cuentan en la carta.

Tokenización: la infraestructura que puede cambiarlo todo

En este punto aparece uno de los conceptos clave del documento: la tokenización, concepto al que el propio magnate ya hizo alusión en su intervención en el Foro Económico Mundial de este año.

Fink la presenta como una evolución de la infraestructura financiera que permitiría digitalizar activos tradicionales, fraccionar su propiedad y facilitar su acceso a un mayor número de inversores.

En la práctica, esto supondría abrir mercados históricamente restringidos (como el capital privado o determinadas inversiones en infraestructuras) a perfiles que hasta ahora no podían participar en ellos.

A ojo de Larry Fink, la tokenización, más que una innovación puntual, se perfila como una herramienta para reconfigurar el acceso al sistema financiero, alineada con la idea central de la carta: ampliar la base de inversores.

Más allá de los mercados

El trasfondo del planteamiento va más allá de la eficiencia financiera. Fink vincula directamente el acceso a la inversión con la estabilidad social y política.

En su visión, un sistema en el que solo una parte de la población se beneficia del crecimiento corre el riesgo de perder legitimidad. Por el contrario, una mayor participación en los mercados podría reforzar el vínculo entre ciudadanos y economía.

La advertencia, por tanto, no es solo económica. Es también estructural y sistémica.

Impulso a la inversión

La carta de BlackRock deja una idea de fondo que atraviesa todo el documento:

en la nueva economía impulsada por la inteligencia artificial, la clave no será únicamente trabajar o consumir, sino invertir.

En ese contexto, la gran pregunta ya no es cuánto crecerá la economía, sino quién participará en ese crecimiento. Y ahí, según Fink, se juega buena parte del futuro del sistema económico.

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