Fusiones empresariales
Quién se juega qué en la "fusión" de Puig y Estée Lauder: estas son sus marcas, su valor y el comportamiento de las acciones
Ambos grupos negocian una integración de sus negocios, aunque la firma estadounidense es casi tres veces mayor que la catalana, lo que le otorga ventaja

Estée Lauder mezclando fragancias, en una foto de archivo / HANDOUT

En la cocina de la industria de la cosmética se prepara un acuerdo empresarial de los que marcan era. Puig y Estée Lauder “están manteniendo conversaciones acerca de una posible combinación de negocios”, precisó ayer la compañía con sede en l’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en un comunicado remitido a la CNMV. Pero, ¿por qué ha generado tanto revuelo esta “potencial fusión del negocio de ambas compañías”? ¿Qué papel juega cada una de estas compañías en el sector actualmente? ¿En qué situación se encuentran? ¿Qué implicaría para ellas fusionarse? ¿Y para el sector?

El presidente de Puig, Marc Puig, durante una rueda de prensa para presentar los resultados de 2025 / Alberto Paredes - Europa Press
El grupo catalán es líder del sector en España. Lo ha conseguido a golpe de crecimiento orgánico, pero también a través de haberse hecho con marcas de referencia en el negocio de la perfumería, que es el más importante para ellos. Su cartera incluye Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier, Nina Ricci y Rabanne, además de disponer de acuerdos de licencia para vender las colonias Adolfo Domínguez, Antonio Banderas y Christian Louboutin. Son suyas, también, Apivita, Byredo, Charlotte Tillbury, Dr. Barbara Sturm, Dries Van Noten, Kama Ayurveda, L’Artisan Parfumeur, Loto del Sur, Penhaligon’s y Uriage.
La compañía catalana superó en 2025 los 5.000 millones de euros de ingresos anuales, un volumen de facturación alcanzado tras crecer un 7,8% en términos comparables (si su estructura y el mercado financiero se hubiesen mantenido estáticos) y un 5,3% en términos reales. Son porcentajes mayores a los que se están viendo en su industria en general, lo que les coloca en una posición bastante cómoda. Terminan el ejercicio, además, con casi un 12% más de ganancias (unos 600 millones de euros) y con un nivel de deuda muy bajo (de 0,7 veces el ‘ebitda’). La incógnita, una vez presentados estos resultados, es si esto se mantendrá así en 2026, pues el entonces presidente ejecutivo de Puig, Marc Puig, se desmarcó del comportamiento habitual y no ofreció ninguna previsión concreta de crecimiento para el año.
En cualquier caso, lo único que desentona en este cuadro es su comportamiento bursátil. Si bien la radiografía financiera es más que sana, el mercado no acaba de apostar decididamente por ella o, por lo menos, no parece creer que Puig valga más de los 9.000 millones de euros en los que está valorada ahora mismo según el precio de sus acciones. La compañía debutó con los títulos a unos 25 euros y lleva estos casi dos años de recorrido establecida en torno a los 15 euros. Y ninguna de las sucesivas presentaciones de resultados la ha empujado mucho más allá. La posibilidad de fusionarse con Estée Lauder, en cambio, la ha lllevado a cotas que hacía un año que no alcanzaba.
Porque pasaría a formar parte de uno de los gigantes mundiales del sector, porque su negocio de cosmética crecería exponencialmente (Puig lleva tiempo apostando porque maquillaje y cosmética vayan ganando importancia en su volumen de ventas total), porque el escenario más plausible, por tamaño, es que sea Estée Lauder la que se haga con Puig, con lo que la propiedad del grupo catalán se embolsaría enorme cantidad de dinero o, como poco, un lugar significativo en el accionariado de Estée Lauder y porque, vista la primera reacción de los mercados, es una forma de revalorizar su acción y que los inversores recuperen parte del poder adquisitivo perdido en este tiempo.

Stéphane de la Faverie, consejero delegado de Estée Lauder / Estée Lauder
Es uno de los grandes jugadores mundiales. Es la cuarta compañía del mundo que más ingresos obtiene gracias al negocio de la cosmética, por detrás de L’Oréal, y las unidades de negocio de belleza y cuidado personal de Unilever y Procter & Gamble. LVMH, gran gigante del lujo, le va por detrás si se observa solo lo que ingresa con el negocio de la perfumería y la cosmética. Su fuerza viene, también, de la potencia de sus marcas. Las más conocidas son Balmain, Bobbi Brown, Clinique, Darphin, la propia Estée Lauder, MAC o The Ordinary, pero en la lista también figuran Aerin, Aramis, Aveda, Bumble and bumble, Deciem, Dr.Jart, Frederic Malle, GlamGlow, Jo Malone London, Kilian Paris, La Mer, Lab Series, Le Labo, Niod, Origins, Smashbox, Tom Ford o Too Faced.
Con sus más de 20 marcas, Estée Lauder ingresó en torno a 14.000 millones de dólares (algo más de 12.000 millones de euros, al cambio actual) en su último ejercicio fiscal completo. Es lo suficiente como para figurar en el podio mundial, el problema, sin embargo, es que va a menos. Este volumen supone haber vendido un 8% menos que un año antes, y casi un 20% menos que tres ejercicios atrás. Además, ha cruzado la barrera de las pérdidas, que superaron los 1.000 millones de dólares en el último ejercicio.
Lo asocian a haber perdido peso en el sector del ‘travel retail’ (compras en aeropuertos o estaciones de tren) o al retroceso en China, entre otras cuestiones coyunturales como la crisis que atraviesa el lujo o los aranceles de Trump. La compañía, de hecho, lanzó un plan de reestructuración dada su delicada situación que ha supuesto despidos, renovar al equipo ejecutivo o poner el foco en áreas distintas: una fusión con Puig (fuerte en perfumería) podría ser una respuesta a ello, pues la especialidad de Estée Lauder es la cosmética.
Estée Lauder está valorada en unos 30.000 millones de dólares en bolsa (unos 26.000 millones de euros, al cambio actual). Es, de nuevo, una de las compañías mejor posicionada a nivel mundial en esta clasificación, pero esta valoración es casi un 80% inferior a la que tenía a finales de 2021, cuando su acción alcanzó un récord de 370 euros por título. Este declive fue una de las primeras señales de crisis en este imperio cosmético. Visto así, la compañía está en plena recuperación, pues lleva todo el año pasado tomando cuerpo, aunque aún por debajo de los 100 euros por acción. En este caso, además, ha ocurrido lo contrario que con Puig: la empresa cayó más de un 7% en bolsa tras oficializarse las conversaciones de fusión.
Porque el mercado de las fragancias es uno de los que mejor se comporta en plena crisis del lujo y Puig es tremendamente fuerte en este campo; porque ganaría ser propietaria de tres marcas de perfumes líderes a nivel mundial (Carolina Herrera, Rabanne y Jean Paul Gaultier), entre otras; y porque agranda su volumen de negocio en 5.000 millones de euros anuales de golpe y eso le permite incluso superar a alguna competidora. Lo que explica que la reacción de los mercados haya sido, pese a todo esto, negativa, es que implicaría un desembolso importante en un momento en que Estée Lauder atraviesa una situación delicada, financieramente hablando.
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