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Entrevista

Daniel Traça, director general de Esade: "El impacto más grande de las políticas de Trump es la pérdida de confianza"

A los 15 años, eligió una optativa que le cambió la vida, economía. Descubrió su vocación, impulsada por su infancia en países menos desarrollados y su sensibilidad hacia la desigualdad y el progreso. Creció en África, se formó en Portugal, se doctoró en EEUU y vivió «muchas aventuras» en Francia, Bélgica, Singapur y Portugal antes de llegar en 2024 a Barcelona. Defiende una economía como ciencia de la sociedad, no solo de los mercados: «Asignar recursos de forma eficiente requiere entender el contexto humano, político y social. Valores, comunidades e instituciones cohesionadas impactan en la economía más allá de los modelos».

Daniel Traça, director general de Esade Barcelona y Madrid, en la sede de Barcelona

Daniel Traça, director general de Esade Barcelona y Madrid, en la sede de Barcelona / Jordi Otix

Natàlia Ríos

Natàlia Ríos

Barcelona
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Fue nombrado director general de la escuela de negocios en febrero de 2024 y asumió el cargo meses después. ¿Escogió usted a Esade o Esade lo escogió a usted?

Esade me llamó primero, conocía bien la escuela y su marca, pero desconocía que había una vacante. Si lo hubiera sabido, me habría ofrecido. Es un match importante con mi rol de impacto profesional y personal.

¿Qué sello le gustaría dejar en la escuela de negocios?

Un Esade reconocido por el talento mundial que es capaz de atraer, pero sin ser uno más. Talento que quiera dejar huella, que entienda su papel amplio en las diferentes comunidades y en el mundo. Talento con sentido de responsabilidad y preocupado por la construcción de un lugar mejor donde vivir. Y también quiero crear una comunidad resiliente con los que trabajan en la institución, con pasión, impacto y orgullo. Marca, reconocimiento y sentido de comunidad para todos los que trabajamos aquí.

¿Qué ha sido lo más difícil en este año y medio que lleva en el cargo?

Adaptarme y ser aceptado. Las organizaciones son más importantes que las personas. He tenido cambios de idioma, de ciudad, de país y de cultura. Pero no he venido a hacer Esade a mi manera, sino que he venido para llevar a Esade donde le corresponde. Liderar requiere la confianza de la gente. Este proceso cuesta en un entorno global de muchos cambios. En este año y medio, hemos trabajado en un reposicionamiento estratégico en la escuela para competir internacionalmente. Ahora hay un entorno de confianza interna para desarrollarlo.

Barcelona 10/03/2026 Economia. Daniel Traça,director general de Esade Barcelona y Madrid,fotografiado en la sede de Barcelona. AUTOR: JORDI OTIX

Daniel Traça, director general de Esade Barcelona y Madrid / Jordi Otix

En un contexto geopolítico tan volátil, de cambios constantes, ¿cómo se prepara a los líderes del futuro? ¿Cómo se adaptan los programas académicos a lo que demanda el mercado?

Los cambios que vivimos tienen dos dimensiones que a veces se olvidan. La primera es poder responder a una pregunta: ¿qué tipos de competencias necesitan los jóvenes hoy para llegar a la empresa y desarrollar sus roles? La segunda dimensión es que la juventud está cambiando. A veces pensamos que están perdidos. No están perdidos. Son distintos. Ante esto existen dos soluciones: por un lado, tenemos que prepararlos para este entorno, y por otro, las empresas también tienen que adaptarse, entender que los jóvenes están cambiando y que, si quieren ser capaces de atraer y retener talento, también van a tener que cambiar. Los jóvenes buscan empresas con un entorno de libertad y de sentido de propósito. Las empresas deben entender que hace falta otro tipo de organización para captarlos.

"Las empresas tienen que entender que deben adaptarse al cambio que existe en los jóvenes si quieren atraer su talento"

¿Cómo se les prepara para el entorno actual?

Cada vez más, el 'management' es una 'commodity'. Hay que darles muchas más competencias en temas tecnológicos e internacionales. Hay que preparar a jóvenes más interdisciplinares. Además, hay que preparar el talento, a los líderes de mañana, con una capacidad más social, que tiene que ver más con la diversidad y no tanto con optimizar a corto plazo y conseguir la rentabilidad. Hay que entender el impacto que se tiene en la sociedad. Las escuelas de negocios estamos reflexionando sobre esto. Si no se contribuye a que el mundo funcione, tampoco podrá funcionar tu empresa. Creo que, en los últimos tiempos, las élites se han desconectado del resto de la sociedad. Hay que crear un contexto amplio de intersocialización dentro de las escuelas.

¿Eso cómo se concreta?

Hemos puesto en marcha el proyecto Barcelona Talent Accelerator con el objetivo de atraer a Esade a alumnos procedentes de barrios menos favorecidos de Barcelona. Se trata de una iniciativa con un impacto evidente en los propios estudiantes participantes, pero también en el conjunto del alumnado de la escuela, que tiene la oportunidad de empatizar de forma transversal con realidades sociales distintas a la suya. Al mismo tiempo, estamos reforzando una de las líneas de actuación tradicionales de Esade: el compromiso con los valores en un mundo en constante transformación. También tratamos de acompañar a los estudiantes en la búsqueda de su propósito vital. La clave es conectar su ambición con ese sentido de propósito, que se comprometan con su identidad y con su visión del mundo, y que esa visión contribuya de forma real a transformar la sociedad. Apostamos por más interdisciplinariedad, más tecnología y más formación en 'global governance', junto con una mayor capacidad para comprender la dimensión social de los problemas. Con más valores y un mayor sentido de propósito estaremos preparando a los jóvenes para un mundo que, sin duda, no será fácil.

Ha trabajado para el Banco Mundial y para la Comisión Europea. ¿Qué les recomendaría en estos momentos?

Evitar el hiperrealismo que generan las crisis. Si todo el mundo tiene un arma, el primer instinto es querer también un arma para defenderse, pero eso no es manera de avanzar. Hay que seguir trabajando en generar ilusión para poder salir de la crisis. Lo que nos ha permitido tener los últimos 50 años extraordinarios en la historia del mundo es la ilusión. Evidentemente, ha habido cosas que no funcionaban del todo bien, pero seguíamos pensando que había manera de avanzar. Esta ilusión no se puede perder. Desde un punto de vista muy práctico, hay que repensar las estructuras, como por ejemplo el comercio internacional y la ONU. Sabemos que el sistema antiguo no funciona. Hay que repensar un sistema que sea nuevo, que se adapte a la realidad actual, con innovación y creatividad para seguir generando ilusión en la sociedad. Si entramos en un entorno de poder, fuerza y alianzas de corto plazo, la historia nos explica muy bien qué pasará. Sabemos que el final es malo para todos. Debemos encontrar el equilibrio entre esperanza, valores y soluciones prácticas.

¿Se ha perdido la ilusión?

Mucha gente ha perdido la esperanza por temas de desigualdad, de pérdida de empleo, etcétera, tanto en Estados Unidos como en Europa. Esto es lo que hay que arreglar. Tenemos un problema muy grande de inmigración que está generando cuestiones políticas complejas. Necesitamos inmigración, pero no conseguimos integrarla con éxito. En realidad, es un tema muy práctico sobre el cual deberíamos asegurar que aportamos nuevas soluciones. No hay que transformar estos problemas en una pérdida de esperanza. Hay que afrontarlos y ver cómo se resuelven con pragmatismo. La esperanza se generará cuando se apliquen soluciones reales a los problemas de la gente.

Generar ilusión y esperanza no parece fácil en el contexto actual...

No digo que sea fácil. Salimos de ciclos de esperanza para entrar en ciclos de crisis absoluta. El problema es que lo que existe hoy es un problema de desigualdades grande y de mucha gente. Hemos asumido que no debíamos preocuparnos más de determinados aspectos que hay que resolver de nuevo. En el pasado pensábamos que bastaba con buenas palabras. Hoy no sirve. Los principios y los derechos tienen que tener un reflejo práctico en la vida para que las personas se comprometan con el mundo que queremos construir.

Barcelona 10/03/2026 Economia. Daniel Traça,director general de Esade Barcelona y Madrid,fotografiado en la sede de Barcelona. AUTOR: JORDI OTIX

Daniel Traça, director general de Esade en la sede de la escuela de negocios en Barcelona / Jordi Otix / EPC

¿Qué impacto tienen las políticas de Donald Trump en este contexto y en las empresas españolas?

Es complicado. Las exportaciones de China a Estados Unidos han bajado muchísimo. China ha decidido vender en otros sitios. El impacto más grande es la pérdida de confianza. Estados Unidos tenía un rol importante, que era crear un entorno de confianza en el mundo. Pienso que todavía es posible porque sus políticas no están dando mucho resultado y hay elecciones a corto plazo. Es posible que algo pueda cambiar. Pero hay que tener en cuenta que Trump no está haciendo nada que no nos hubiera anunciado antes. La pregunta que debemos hacernos es cómo alguien con esas ideas puede implementarlas. Saldremos de esta situación cuando seamos capaces de crear instituciones nuevas en un contexto hipertecnológico, global, que es nuevo y distinto. Hay que encontrar nuevas soluciones a los problemas reales de la gente, como por ejemplo, la vivienda.

Ahora que la ha mencionado, ¿qué nueva solución hay para la vivienda?

No lo sé. Pero no puede ser un problema imposible de arreglar. Lo que no podemos hacer es buscar soluciones de hace 50 años para aplicarlas hoy. No sirven. Los conceptos son completamente distintos. Hay que buscar soluciones nuevas. Y, si hace falta, dejar de lado los principios que nos han servido hasta ahora. Este pragmatismo es importante y es lo que hay que recuperar. Por eso creo que en Asia las cosas van un poco mejor, porque son más pragmáticos. Los chinos dicen: «Me da igual si el gato es rojo o negro mientras cace ratones». Lo importante ahora es que funcione.

"La IA lo cambiará todo, pero la tecnología solo funciona con un marco político y social que mitigue sus riesgos"

En todo este contexto, ¿qué papel juega la inteligencia artificial?

La IA lo va a cambiar todo, aunque nadie sabe aún cómo será ese impacto a largo plazo. Tiene un potencial enorme, pero también riesgos de igual magnitud. El peor error sería dar por hecho que la tecnología siempre acaba bien: la historia demuestra lo contrario. Uno de los ejemplos más claros es la primera Revolución Industrial. Hasta aproximadamente 1820, los países que más crecían económicamente registraban una esperanza de vida más baja. El progreso vino acompañado de graves problemas sociales. Solo cuando, a partir de 1850, los estados empezaron a regular los conflictos laborales y a intervenir en esas tensiones, se produjo un avance más equilibrado. La tecnología solo funciona a favor de la sociedad cuando existe un marco político y social que mitigue sus riesgos. La IA transformará la economía y las empresas, pero conviene recordar que estos riesgos no se corrigen solos y requieren regulación, gobernanza y decisiones colectivas.

Y en cuanto a las renovables, ¿están impulsando una transformación estructural en las empresas españolas?

Europa tiene un enorme potencial, pero debe recuperar el liderazgo con pragmatismo, no solo con principios. Pionera en sostenibilidad, perdió terreno en la industria automovilística ante una China más rápida. En un mundo donde la IA disparará la demanda energética, no podemos abandonar las renovables por disputas políticas. Hay que priorizar el bien común y actuar con realismo.

"Barcelona puede ser un faro global"

¿Qué es lo que más le gusta de Barcelona?

El posicionamiento de la sociedad cara al mundo. La ciudad sigue comprometida con un mundo donde puede haber esperanza, libertad y cuidado de los demás. Este compromiso puede hacer que el mundo mire hacia aquí buscando soluciones, inspiración y un lugar para estar. Una parte de la estrategia que estamos repensando tiene que ver con esto. Una escuela como Esade, importante en el contexto global y con su ubicación madre en Barcelona, tiene que favorecer la proyección de la ciudad al mundo y que el mundo quiera venir aquí. Es importante siempre, pero especialmente hoy en día, y Barcelona puede ser líder.

¿Por ejemplo?

Muchos inversores de impacto escogen Barcelona para ubicarse. Se va creando un entorno de proyectos globales impactantes. Y Esade quiere ser una palanca también. Por eso, lo que más me gusta de Barcelona es el potencial que tiene, no solo lo que ya es, sino lo que puede ser: un faro en un mundo donde seguimos con compromisos, con valores y aportando soluciones concretas a los problemas de la gente. Es el destino de esta ciudad y el momento de asumirlo es ahora.

¿Se plantea volver a cambiar de ciudad en el futuro?

Quiero formar parte del destino de Barcelona. Mi futuro está aquí. Para cambiar el mundo, la soledad no sirve. Hay que unirse en lugares como este para generar impacto. La unión aporta resiliencia y fuerza para resolver problemas. Y el sentido de comunidad es esencial.

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