Opinión

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.
Derecho internacional para unos y ¿para otros?
Lo más fácil es defender la necesidad de que haya derechos y deberes internacionales. Lo difícil es exigirlos. Para empezar, en aquellos regímenes que no respetan ni a sus propios ciudadanos

Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania. / Europa Press/Contacto/PRESIDENT OF UKRAINE
Los cinco miembros permanentes de las Naciones Unidas (ONU) son Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido. Junto a estos, hay 10 miembros no permanentes, con mandatos de dos años, entre los que están Baréin, Pakistán, Liberia, Congo, Somalia, Panamá, Letonia, Grecia, Dinamarca y Colombia. Toda esta cúpula debería esforzarse para dirigir el orden del mundo. Entre otras bagatelas, cuidar el derecho internacional.
Suena a risa tan ambicioso objetivo viendo las actuaciones pretéritas y presentes de algunos de estos países. Para empezar, algunos de ellos no son ejemplo ni de respetar los mínimos derechos humanos dentro de sus fronteras.
Pakistán, por ejemplo, país con armas nucleares, bombardeó Afganistán hace un par de semanas. Ambos estados se acusan mutuamente de querer intervenir en el otro a través de grupos insurgentes que actúan en las fronteras. Lo que está ocurriendo dentro del régimen talibán afgano... ¿a quién le interesa, más allá de a las organizaciones humanitarias menos marcadas ideológicamente? Desde que EEUU retiró sus tropas de ese país definitivamente, en 2021, ya no están en el radar del derecho internacional.
Lo llaman República Democrática del Congo -antiguamente conocido como Congo Belga- y es el segundo país con mayor superficie de África después de Argelia. Cien millones de habitantes. Ocupa el puesto 173º de 193 países según el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Vive en un continuo estado de guerra civil y de enfrentamiento con sus vecinos, especialmente Ruanda. La ONU asegura tener allí una misión de paz. El Congo es conocido por sus explotaciones de minerales -el coltán, necesario para las tecnologías móviles- y, poco se ha investigado sobre las condiciones laborales que ofrecen. Esta semana fallecieron 300 personas por el derrumbe de una mina y una trabajadora francesa de Unicef murió durante un ataque con drones. Judith Suminwa, educada en Bélgica, es su actual primera ministra. El FC Barcelona firmó en julio de 2025 un contrato de cuatro años de patrocinio con este país «para promover el fútbol, la cultura del deporte y la paz». Buena voluntad.
Somalia, otro miembro del Consejo de Seguridad de la ONU de forma transitoria, es un estado fallido, el penúltimo del mundo en IDH. Vive en un constante estado de guerra. La ONU alerta reiteradamente sobre su endémica crisis humanitaria. Uno de sus territorios acaba de proclamar su independencia, Somalilandia.
Hay lugares en el mundo donde el derecho internacional no existe desde hace generaciones. Se convierten en campos de batalla y de intereses locales, armados en muchas ocasiones por potencias que usan esos países como conejillos de indias para sus ambiciones geopolíticas y económicas. Sudán del Sur ocupa la última posición en IDH. ¿Cuál es la esperanza de su población? Sudán, país del que se desgajó en 2011, sufre la peor guerra del planeta. Directa e indirectamente involucrados en el apoyo al Gobierno oficial o a las guerrillas paramilitares sublevadas se cita a Egipto, Irán, Turquía, Eritrea, por un lado, y a Emiratos, Chad, Libia e incluso Rusia, por el otro. El papel de Arabia Saudí es una incógnita. El derecho internacional tampoco pincha ni corta.
Apelar al orden y a la estabilidad es encomiable. El mayor éxito de los últimos 80 años es fruto del deseo, el derecho y el deber: la Unión Europea. Su construcción logró que el continente dejara de ser un campo de batalla, con dos excepciones: los Balcanes y, trágicamente, Ucrania. Detrás de este orden ha habido democracias liberales, predominantes también, con sus diferencias, en el continente americano, en el este y sureste asiático, en Oceanía y en algunos países africanos. El resto, empezando por China y Rusia, son regímenes políticos a los que el derecho internacional solo les sirve para sus ambiciones.
¿Y Estados Unidos? A su manera, con distintas formas, siempre ha querido seguir siendo el sheriff. Desde las teorías del dominó desarrolladas por el secretario de Estado John Foster Dulles bajo la presidencia de Dwight D. Eisenhower en los años 50 -evitar que un país caiga en manos de los comunistas para que no arrastre al otro- que indujo la guerra de Vietnam, hasta sus intereses en Latinoamérica y Oriente Medio. Lucha de poderes por delegación: entonces, contra la Unión Soviética; ahora, contra Rusia y China. El asqueroso régimen de los ayatolás, como el de los talibanes, no se arregla bombardeando a ciudadanos inocentes.
Mientras el futuro de la guerra de Oriente Próximo es impredecible, esta semana, David Pamies, cuenta en ‘activos’ la transformación y la historia de una empresa que salva vidas. La alicantina ICR teje las redes antidrones de una guerra que acaba de cumplir cuatro años y que demuestra que el derecho internacional tampoco le ha sido útil.
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