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Innovación disruptiva

Eduard Vallory (BIST): “El problema de los científicos catalanes es que no saben qué hacer con tanta investigación”

El director del Barcelona Institute of Science and Technology alerta de que Europa pierde competitividad no por falta de ciencia, sino por no convertirla en nueva industria

Este viernes se celebra el encuentro anual BIST Forum, donde de debaten qué elementos jurídicos y de financiación son necesarios para revalorizar la investigación

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El director general del BIST, Eduard Vallory.

El director general del BIST, Eduard Vallory. / JORDI COTRINA

Sabina Feijóo Macedo

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Barcelona
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Desde hace tres años, Eduard Vallory es la cara visible del Barcelona Institute of Science and Technology (BIST). Esta institución, de carácter público-privado, aglutina siete de los centros de investigación científicos de Catalunya adscritos a universidades públicas. Son el Centro de Regulación Genómica (CRG), Instituto de Bioingeniería (IBEC), Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), Instituto de Investigación Química (ICIQ), Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2), Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) y el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona).

Bajo la marca BIST, estos centros suman 2.700 investigadores, se sitúan en el 1% de la producción científica europea y acumulan 270 patentes y 56 'spin-offs'. También son los principales impulsores, junto con la UPF y el CSIC, de la Ciutadella del Coneixement, el nuevo polo científico que en marzo de 2028 acogerá unos 2.000 investigadores. Con estas cifras, Vallory insiste en que el problema no es la producción científica, sino todo lo que viene después. EL PERIÓDICO conversa con él con motivo del IV BIST Forum, centrado este año en cómo cerrar la brecha tecnológica entre Europa, Estados Unidos y China a través de la innovación 'deep-tech'.

Ve un problema en la continuidad del desarrollo científico. ¿A Catalunya le falta invertir en I+D?

No exactamente. La comunidad ya cuenta con uno de los ecosistemas más potentes de Europa. Nuestra propia red BIST, por ejemplo, atrae talento internacional, concentra un porcentaje muy elevado de ayudas del Consejo Europeo de Investigación, con 300 millones recaudados, y es capaz de generar dos o tres euros por cada euro público recibido.

Eduard Vallory, director general del BIST.

Eduard Vallory, director general del BIST. / JORDI COTRINA

Entonces, ¿qué falla?

El problema de los científicos catalanes es que no saben qué hacer con tanta investigación. Generan muchísima investigación de frontera, pero el salto hacia el mercado está lleno de agujeros. El conocimiento existe, el talento existe, pero los mecanismos para convertir eso en nueva industria no están suficientemente articulados. En otras palabras: cuesta pasar del laboratorio al mercado, cerrar el círculo. Y con ello, corremos el riesgo de perder millones de euros públicos invertidos en investigación.

Cuesta pasar del laboratorio al mercado, cerrar el círculo. Y con ello, corremos el riesgo de perder millones de euros públicos invertidos en investigación.

Eduard Vallory

— Director general del BIST

En ese proceso, ¿no existe el riesgo de convertir el conocimiento en activo económico? ¿Dónde debería situarse el equilibrio?

Nosotros, desde la fundación BIST, no decimos a los siete centros qué tienen que investigar: la investigación de frontera debe seguir siendo libre. Lo que hacemos es aportar las piezas que vienen después, como pueden ser la recaudación de una financiación adecuada, interdisciplinariedad, acompañamiento regulatorio, asesoramiento empresarial, estructuras que permitan escalar... Ese es el punto.

Dos semanas atrás salía a la luz que las 'start-ups' de salud afincadas en Catalunya captaron un récord de 517 millones de euros. ¿No es una señal positiva?

Es una buenísima noticia. Pero hay que distinguir. Porque no es lo mismo una 'start-up' que desarrolla una 'app' usando tecnología existente, que una empresa que nace de un descubrimiento científico, cuyo impacto aún no conocemos y cuyo recorrido es largo, incierto y muy costoso.

Eduard Vallory, director general del BIST.

Eduard Vallory, director general del BIST. / JORDI COTRINA

La comunidad también capta el 40% de lo que se invierte en empresas ‘deep tech’ en España.

La otra cara de la moneda es que no podemos pretender competir a escala global con mentalidad regional. Estamos muy contentos de que Inbrain Neuroelectronics, 'spin-off' impulsada por el ICN2 e Icrea que desarrolla 'chips' cerebrales de grafeno, haya levantado 124 millones de euros hasta la fecha. El problema es que su principal competidor es Neuralink, empresa de Elon Musk que ha captado más de 1.300 millones de dólares y cuenta con una valoración de 9.000 millones. Por muy líderes que seamos, nuestra posición no está consolidada. Solo hace falta comparar la estructura empresarial del Ibex 35 con la del Nasdaq o el SP500...

Por muy líderes que seamos, nuestra posición no está consolidada. Solo hace falta comparar la estructura empresarial del Ibex 35 con la del Nasdaq o el SP500...

Eduard Vallory

— Director del BIST

¿Es un diagnóstico europeo?

Sí. Y no es nuevo. El informe de Mario Draghi lo dice claramente. Europa no está tan lejos en generación de conocimiento, pero cae cuando hablamos de generar innovación disruptiva, porque el camino está lleno de agujeros. Hablamos de una falta de financiación en etapas iniciales de desarrollo y pruebas de concepto, donde el dinero público es clave; pero también de una fragmentación geográfica y política.

El foro celebrado este viernes va en esa línea. ¿Qué planteamiento hacen desde el BIST para generar esa nueva industria?

Si queremos que las instituciones generadoras de conocimiento se conviertan en infraestructuras estratégicas, algo crucial para la competitividad de Europa, hay alinear la política científica de I+D, con la política industrial y la competitividad empresarial. No pueden seguir estando en ministerios distintos. Porque si no, la innovación seguirá siendo incremental [sobre industria existente], no disruptiva.

Eduard Vallory, director general del BIST.

Eduard Vallory, director general del BIST. / JORDI COTRINA

Dice que la inversión en etapas iniciales debe ser pública. ¿Qué papel juega la financiación privada?

Es fundamental atraerla en etapas intermedias, desde que se prueba el concepto hasta que se demuestra su validez. Aquí es donde el 95% de empresas mueren, al ser la etapa más larga y de más riesgo para captar inversión de 'fondos pacientes' que puedan esperar 10 o 15 años para ver un retorno. Su atracción pasa por redistribuir el riesgo: hacer que el reducido 5% de proyectos que triunfa compense el 95% de iniciativas con alta tasa de fracaso. Y hay que conseguir que esos fondos sean europeos. Si no, fondos de gran volumen extranjeros que puedan permitirse comprar start-ups en fases inciales para redistribuir el riesgo se quedarán con el valor del conocimiento desarrollado aquí. Una analogía puede ser lo que ocurrió con la vivienda después de la crisis de 2008, donde fondos de inversión compraron miles de pisos a un precio irrisorio y ahora son quienes se benefician del atractivo económico.

¿Cuál es el objetivo final?

Ir hacia un futuro dónde el Ibex 35 esté formado por empresas que hoy no existen, basadas en 'deep-tech'. Si no generamos industria propia en inteligencia artificial, semiconductores, nuevos materiales o biotecnología, es decir, aquello que marcará la economía del futuro, dependeremos de otros países. Y eso tendrá un impacto directo en nuestra capacidad de generar riqueza y sostener el estado de bienestar.

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