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Prevén fusiones y adquisiciones entre las pymes

La industria de defensa alerta de que faltan hasta 15.000 técnicos e ingenieros para sostener el esfuerzo inversor

EY apunta que consolidar la inversión en defensa duplicaría los ingresos del sector en 2030

Ángel Escribano, presidente de Indra; Federico Linares, presidente de EY España y Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Defensa.

Ángel Escribano, presidente de Indra; Federico Linares, presidente de EY España y Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Defensa.

Pablo Gallén

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Madrid
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Las compañías de defensa y tecnologías duales advierten de que los grandes riesgos para aprovechar el nuevo ciclo inversor pasan por el acceso a la financiación, más allá de los Programas Especiales de Modernización (PEM) del Gobierno, y la falta de personas para ejecutarlos. El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM) sitúa en hasta 15.000 los técnicos e ingenieros que son necesarios para absorber la carga de trabajo prevista, un déficit que ya se nota en la presión salarial y en una competencia cada vez más agresiva por los perfiles cualificados. En un mercado en el que prácticamente solo hay un comprador, el Ministerio de Defensa, la capacidad de diseñar, certificar, producir y entregar a tiempo se convierte en el factor decisivo para transformar la oportunidad en crecimiento sostenido.

Ese diagnóstico aparece en el informe de EY 'La industria española de Defensa: 10 claves para aprovechar una oportunidad histórica', elaborado por EY Insights en colaboración con Infodefensa a partir de un ejercicio de escucha con 31 empresas y expertos del sector. La fotografía combina entusiasmo y cautela. Por un lado, el tejido industrial cree que podría duplicar su facturación de aquí a 2030 y consolidar un ciclo inversor de largo recorrido; por otro, alerta de que el cuello de botella puede desplazarse desde el acceso a contratos hacia la capacidad productiva y de ingeniería necesaria para desarrollarlos con plazos competitivos y con garantías.

El informe enmarca esta fase en un entorno geopolítico más exigente y en la reactivación de programas estratégicos en España y Europa, con un ciclo inversor sin precedentes entre 2025 y 2035 y dos hitos en el horizonte, 2030 y 2035. En paralelo, el impulso institucional se apoya en la Estrategia Industrial Española de Defensa y en la puesta en marcha de 35 nuevos Programas Especiales de Modernización (PEM). La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, subrayó en la presentación del estudio que la oportunidad no se aprovecha “por inercia”, sino con planificación, visión a largo plazo, coordinación y colaboración estrecha entre sector público y privado, y remarcó el papel de las grandes empresas tractoras para liderar grandes programas e integrarse en consorcios internacionales, siempre apoyadas en una cadena de suministro sólida e innovadora.

En ese punto, el debate interno del sector se está inclinando hacia el concepto de “tractor” más que hacia el de “campeón” nacional. La industria teme que un campeón implique ganadores y perdedores y prefiere un modelo en el que las compañías con capacidad de integración como Indra, Airbus o Navantia arrastren al resto, especialmente a las pymes, incorporándolas desde fases tempranas del diseño de los programas, donde se define el valor tecnológico. EY advierte, precisamente, del riesgo de que se abra una brecha entre empresas tractoras y pymes si no se construyen mecanismos reales de integración en cadena de valor y reparto de carga industrial.

La escasez de talento atraviesa todas las prioridades. Las empresas reclaman aumentar el flujo de profesionales formados en áreas tecnológicas, reforzar la colaboración con el ámbito educativo, avanzar en formación dual, impulsar la incorporación de más mujeres y desplegar estrategias de fidelización en un contexto de demanda creciente. La “guerra por el talento” opera en dos direcciones: de las pymes hacia las grandes y de las compañías nacionales hacia multinacionales con mayor músculo para captar perfiles clave, lo que amenaza con dejar sin capacidad de ejecución a parte del ecosistema justo cuando el volumen de programas se acelera.

A esa tensión se le suma la incertidumbre sobre la financiación, otro de los frentes que EY identifica como palanca transformadora. El sector reclama que los fondos lleguen con rapidez y de forma efectiva y denuncia obstáculos especialmente duros para las pymes por restricciones bancarias y por la lentitud administrativa. En la práctica, muchas compañías soportan ciclos largos y tensiones de tesorería porque deben adelantar inversión antes de cobrar, lo que eleva la necesidad de instrumentos ágiles que garanticen liquidez y eviten que los recursos se concentren en pocos operadores. Los socios de EY sostienen, además, se abre espacio a una mayor presencia de fondos de inversión y procesos de consolidación entre las pymes y las startups si el horizonte de inversión se estira y si se habilitan marcos más estables, con el ICO como apoyo en tecnologías duales. "Entre las grandes compañías no hay rechazo a las fusiones y adquisiciones, pero se apuesta más en este momento por la colaboración a través de los grandes programas", explican.

Más Europa

El estudio subraya que la industria se sitúa entre los grandes exportadores de la eurozona, pero avisa de que hará falta más acompañamiento institucional para abrir mercados y reforzar competitividad. Las pymes, en particular, piden respaldo específico para internacionalizarse, y el sector reclama reforzar la presencia española en Bruselas para influir en instrumentos europeos y acceder en mejores condiciones a los programas comunitarios. En paralelo, la industria insiste en la necesidad de diplomacia de defensa y de un marco estable de I+D+i que sostenga el salto tecnológico y la autonomía en capacidades críticas.

Con todo, EY coloca al Ministerio de Defensa en el centro del éxito del nuevo ciclo: las empresas valoran el camino emprendido, pero piden reforzar efectivos y capacidades de gestión ante el volumen de programas previstos, además de procedimientos más ágiles y mayor plurianualidad para dar estabilidad al conjunto del tejido industrial. El mensaje de fondo es directo: la inversión puede crecer, los programas pueden multiplicarse y la ambición exportadora puede intensificarse, pero el esfuerzo solo será sostenible si España logra asegurar el talento —técnico e ingenieril— que convierta esa ola inversora en capacidad real de diseño, producción y entrega.

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