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Programa de innovación

Un proyecto entre Damm y Ametller Origen convierte en abono orgánico un residuo de la cerveza

El uso del bagazo sobre el suelo de cultivo permite a los agricultores un ahorro del 80% del gasto en fertilización y fitosanitarios

España ya dedica una de cada 10 hectáreas de cultivo a productos ecológicos

Campo de lechugas de Ametller Origen fertilizado con el residuo o bagazo obtenido durante la elaboración de cerveza Damm.

Campo de lechugas de Ametller Origen fertilizado con el residuo o bagazo obtenido durante la elaboración de cerveza Damm. / Beer Soil

María Jesús Ibáñez

María Jesús Ibáñez

Barcelona
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Es un residuo habitual cuando se exprime la uva, la caña de azúcar o la malta para hacer cerveza. Se llama bagazo y es el resto de las fibras que quedan tras estrujar, prensar o aplastar frutos, semillas o tallos para extraer su jugo. Además de ser rico en fibra, también contiene celulosa y lignina y, hasta ahora, solía ser utilizado para producir bioenergía, papel, compost o envases biodegradables. Un equipo de investigadores ha conseguido convertirlo también en fertilizante orgánico, dentro de un proyecto de innovación en el que han colaborado las empresas catalanas Damm y Ametller Origen.

En colaboración con el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas-CSIC) y la firma murciana Abonos Orgánicos Pedrín y financiado con fondos del Perte Agroalimentario, el proyecto Beer Soil convierte los residuos generados durante la elaboración de la cerveza en fertilizantes orgánicos y biofumigantes naturales para cultivos agrícolas. Los ensayos de campo se han llevado a cabo en cultivos de lechugas de Ametller Origen en Mataró, donde se ha demostrado el potencial del bagazo para mejorar la fertilidad del suelo y minimizar el riesgo de contaminación por nitratos, ya que se reduce la dependencia de abonos de origen químico.

"El uso del bagazo como fertilizante ha incrementado el rendimiento agronómico de los cultivos, superando incluso los resultados obtenidos con fertilización mineral convencional tanto en biomasa como en productividad por hectárea", afirman ambas empresas en un comunicado. Los científicos han observado, además, "una mejora en la calidad del cultivo, así como un incremento en la biodiversidad microbiana del suelo gracias a la activación de enzimas esenciales para su equilibrio".

Reducción de costes

Además, se ha comprobado un efecto biofumigante natural derivado de los gases generados durante la descomposición del bagazo, que ayuda a controlar ciertos patógenos. En términos económicos, se estima que el uso de este subproducto como biofertilizante y biofumigante permite a los agricultores reducir hasta el 80% el gasto en fertilización y fitosanitarios.

"Con Beer Soil damos un paso más en nuestro compromiso por cerrar el ciclo de la producción de la cerveza y dar una segunda vida a nuestros residuos, transformándolos en una fuente de valor para el campo", afirma Juan Antonio López Abadia, director de Optimización Energética y Medio Ambiente de Damm. “El proyecto demuestra que la innovación y la colaboración entre empresas de distintos sectores son clave para avanzar hacia un modelo de producción más eficiente, circular y respetuoso con el medio ambiente", agrega.

Por su parte, Amaya Prat, responsable de sostenibilidad de Ametller Origen, destaca que "iniciativas como Beer Soil reflejan nuestro compromiso con la innovación aplicada y la sostenibilidad con impacto real".

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