Premio Impacto Social
Grupo Sifu: Un gigante de la inclusión con 8.000 trabajadores y más de 30 años de historia
La compañía dirigida por Albert Campabadal Blanco suma 3.000 clientes y prevé facturar este 2026 un total de 160 millones de euros

Albert Campabadal Blanco, presidente de Grupo Sifu. / Cedida

Un año después de que las Olimpiadas del 92 cambiarán Barcelona y la imagen que proyectaba la ciudad al mundo, el Grupo Sifu comenzó a cambiar la percepción que la sociedad tenía de las personas con discapacidad y su potencial contribución al mercado laboral. Empezaron generando empleos de jardinería, limpieza y conserjería para personas con diversidad funcional, en un momento complicado para la economía en el que la tasa de paro superaba el 20%. Y hoy dan empleo a más de 8.000 personas, la mitad de ellas con discapacidad, sumando más recientemente servicios como la atención domiciliaria o suministro de productos sociosanitarios.
“Desde el inicio, nuestra vocación ha sido combinar excelencia operativa con impacto social. No entendemos el impacto como algo paralelo al negocio, sino como parte estructural del modelo. Cada servicio que prestamos es una oportunidad real de inclusión laboral y transformación social”, explican desde la compañía. El Grupo Sifu recibe el galardón de los Premios Empresa del Año entregados por EL PERIÓDICO y Banc Sabadell, en la categoría de Impacto Social.
El Grupo Sifu recibe el galardón de los Premios Empresa del Año entregados por EL PERIÓDICO y Banc Sabadell, en la categoría de Impacto Social
Esta sociedad despliega una red de centros especiales de trabajo (CET) que dan servicio a unos 3.000 clientes, concentrados eminentemente en España, pero con creciente expansión en Francia y Andorra. Su modelo de negocio consiste en prestar servicios a empresas mercantiles tradicionales, que les externalizan parte de su operativa, principalmente para cumplir con la Ley General de Discapacidad. Esta obliga a las compañías de 50 empleados o más a tener entre su plantilla a un 2% de personas con un grado de discapacidad del 33%. O, en su defecto, a contratar a un centro especial de trabajo y ahí es donde entra el Grupo Sifu.
Nuestra misión es evidenciar excelencia empresarial no está reñida con el impacto social
“Nuestra principal aportación es evidenciar que la excelencia empresarial no está reñida con el impacto social. Cada nuevo cliente nos ayuda a tumbar ese estigma y dejar claro que un CET, al igual que una empresa tradicional, también puede dar un servicio excelente”, explican desde la compañía. El Grupo Sifu emplea a una plantilla prácticamente equivalente a los operarios de la Seat de Martorell. La mitad de sus 8.000 trabajadores tienen algún grado de discapacidad y un alrededor del 20% son de especial difícil inserción.
Hace dos años el proyecto del Grupo Sifu superó una prueba complicada: la sucesión de su presidente y fundador. Albert Campabadal Mas cedió el testigo a Albert Campabadal Blanco, su hijo y desde 2024 presidente del grupo. Bajo su batuta, la compañía ha logrado consolidar esa doble vía de crecimiento, con una facturación al alza que cohabita y se retroalimenta con una ocupación inclusiva. En 2025 cerraron el ejercicio con una facturación de 150 millones de euros y la previsión que manejan para este año es alcanzar los 160 millones.
El Grupo Sifu cerró 2025 con una facturación de 150 millones de euros y la previsión para 2026 es alcanzar los 160 millones.
Parte de su plan de negocio pasa por reforzar servicios con demanda creciente, pero que a la vez les permiten desarrollar su vocación social. Un ejemplo de ello es Ayucasa, una división puesta en marcha el año pasado y que ofrece asistencia domiciliaria y cuidados personalizados, para que los usuarios puedan “vivir con seguridad, dignidad y bienestar en su propio hogar”.
El Grupo Sifu comienza a desarrollar el modelo de Ayucasa en un contexto de creciente envejecimiento de la población, en el que tanto proyectos con vocación social como grandes corporaciones multiservicios se disputan ese mercado creciente que ofrece la ‘silver economy’.
Aquí la compañía apuesta por servicios de acompañamiento, atención sanitaria, teleasistencia, control de la medicación y otras prestaciones adaptadas para mejorar la calidad de vida, reforzar la autonomía y retrasar —o evitar— la institucionalización. Para ello, plantea una “alternativa flexible y más humana a las residencias, a la vez que aporta tranquilidad y facilita la conciliación tanto a las familias como a las organizaciones que contratan sus servicios”, según detallan desde la empresa.
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