Opinión

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.
¿Hasta donde podrá y querrá llegar Revolut?
La gran banca está ganando más dinero que nunca en su historia. Ocurre en medio de una transformación radical del sistema financiero, donde los nuevos entrantes aprietan el paso

John Pierpont Morgan, el fundador de JP Morgan, retratado por Fedor Encke en 1903 / 'activos'
El salario agregado de los CEO de los seis grandes bancos americanos (JPMorgan Chase, Bank of America, Citi, Wells Fargo, Morgan Stanley y Goldman Sachs) sumó 258 millones en 2025, entre 40 y 50 millones por cabeza, el 21% más con respecto a 2024. Las seis entidades ganaron conjuntamente 157.000 millones de dólares y la revalorización media en bolsa fue del 42%. En España, los seis grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) batieron su récord histórico de beneficios: 34.000 millones de euros.
Con estas cifras astronómicas, que desvelan el peso del capitalismo financiero -desde el crédito al consumo hasta la más compleja de las operaciones de M&A- en la estructura económica del planeta, ¿cómo puede ponerse en duda la supremacía de la gran banca tradicional, cuyas históricas marcas se han ido transformando a pesar de haber vivido crisis de todos los tipos y colores?
Muy fácil: las barreras de entrada para romper el statu quo bancario se han derrumbado. Una combinación de factores, acelerados tras la gran crisis financiera iniciada en 2008 y profundizados durante la pandemia, está generando una revolución cuyas consecuencias aún desconocemos.
El catalizador de este cambio ha sido la irrupción de una serie de tecnologías con las que no se contaba hace apenas 20 años. Desde la usabilidad generada por un aparato que se llama teléfono móvil inteligente hasta el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Con ello, el establecimiento de las plataformas blockchain, que han favorecido el desarrollo de las criptomonedas y que ponen en entredicho el mismo futuro del sistema monetario tal como ha sido hasta ahora.
Paradójicamente, a medida que la crisis generó la desaparición, vía absorción, de decenas de entidades financieras -mayoritariamente, cajas de ahorro-, en Europa se empezaba a gestar la creación de nuevos intermediarios financieros. Las esquinas de las calles españolas dejaron de estar ocupadas por sucursales bancarias, que iban cerrando mes a mes. Fue un esfuerzo de reconversión que afectó a la estructura de costes y conllevó una multiplicación de las inversiones tecnológicas. Dos de los efectos de la crisis que también afectaron a la banca superviviente, sobre todo en nuestro continente, fueron más regulación y mayores requerimientos de capital.
Otra batalla empezaba en la esfera digital. Y aquí, los nuevos entrantes aparecían como nuevos rivales. Al principio, ligeramente despreciados, para poco a poco ir consolidando su presencia. A su favor, estructuras muy livianas y mayor agilidad a la hora de incorporar las nuevas herramientas tecnológicas. Detrás de ellos: emprendedores de todo corte y raza que no han dudado en realizar importantes inversiones en márketing para darse a conocer.
Nada de esto tampoco estaría ocurriendo sin la aparición de una nueva generación de clientes que han sido los más atrevidos para empezar a usar estos -así llamados- neobancos. Para los más esnobs: fintech, por aquello de que son virtuales. No todos los nuevos agentes financieros pueden analizarse con la misma óptica. Para empezar, un buen número de ellos no ofrecen -aún- las capacidades que sí da la gran banca.
En la portada de ‘activos’ de esta semana, Jaime Mejías ha situado la lupa sobre una de las nuevas marcas que mejor ha sabido instalarse en el sistema financiero: Revolut. Creada por dos empresarios de origen ruso y ucraniano, afirma tener ya en España seis millones de clientes, con un depósito medio por persona de 582 euros. También ofrece préstamos, hasta 30.000 euros, con tipos de interés superiores al 13%. Una de las estrategias de márketing de Revolut es ofrecer servicios a niños y adolescentes de entre 6 y 17 años.
Podemos comprender el éxito de Revolut entre los más jóvenes porque permite jugar y viajar. Facilita el cambio de divisas para salir al extranjero, con los procesos de transferencias y los pagos a través de su tarjeta. También los inicia en la inversión en mercados financieros, incluyendo las criptos. Y lo más importante cara al futuro: genera vínculo con nuevos clientes a quienes les importa poco la historia de los bancos de toda la vida.
Revolut no ofrece aún hipotecas, principal línea de enganche de la banca para blindar a sus clientes, y su nivel de sofisticación es limitado. Tampoco está en la liga de las empresas, una de las fuentes de negocio primordial, sino la más importante, de la gran banca. Los depósitos, hasta 100.000 euros, están garantizados por el Fondo General de Lituania, país que forma parte del euro. Salir a bolsa es uno de sus objetivos a lo largo de este año, y podría convertirse en la OPV de 2026. La última valoración es de 75.000 millones, lo mismo que vale Caixabank.
¿Serán los clientes de hoy de Revolut y de otros neobancos independientes los de mañana? El desarrollo del sistema financiero y su regulación frente a los desafíos tecnológicos y monetarios en el actual escenario geopolítico es impredecible. Tanto como los salarios de los CEO de la gran banca.
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