Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Salud y ciencias de la vida

Una empresa catalana trabaja en una molécula artificial pionera que combata el Crohn o el asma severa

Orikine desarrolla citocinas de precisión para hacerlas más efectivas ante determinadas enfermedades

La ‘startup’ prevé estar haciendo su primer ensayo clínico en año y medio

El equipo de Orikine, frente al edificio del Parc Científic de Barcelona

El equipo de Orikine, frente al edificio del Parc Científic de Barcelona / Orikine

Paula Clemente

Paula Clemente

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

“Lo que estamos haciendo aquí no existe ni siquiera en la naturaleza. Estamos creando una nueva biología”. Se refiere, el nuevo consejero delegado de Orikine, Christian Pangratz, a combinar dos moléculas pertenecientes al sistema inmunitario humano que, aisladas, no son del todo eficientes y que, juntas, parecen poder tratar muchísimo mejor la enfermedad de Crohn o enfermedades intestinales y respiratorias graves. Por lo menos, sobre esas indicaciones está trabajando esta ‘startup’ con sede en el Parc Científic de Barcelona.

Se trata de una ‘spin-off’ del Centre de Regulació Genòmica (CRG) de Barcelona, que fundaron Ariadna Montero, Alejo Chorny, Luis Serrano y Javier Delgado hace aproximadamente cuatro años con la ayuda de los fondos AdBio y Asabys, y que acaba de pisar formalmente el acelerador al fichar a Pangratz (exBayer y Pfizer, y con prácticamente dos décadas dedicado a hacer crecer y vender ‘startups’ biotecnológicas o farmacéuticas a sus espaldas) y a Larry Edwards (exMerck), como presidente.

“Tienen, ambos, mucha experiencia operativa en la construcción y profesionalización de empresas, que es lo que necesitábamos en Orikine: pasar de ‘startup’ a empresa seria de desarrollo clínico”, justifica Montero, cofundadora científica y jefa de biología de la empresa.

La premisa que lo empezó todo fue que las citocinas, estas células clave en la orquestación de nuestro sistema inmunitario, nos brindan una ayuda limitada: no suelen dirigirse a células específicas, tiene una vida media muy corta, pueden provocar efectos negativos al combatir ciertas enfermedades….

“Pero esto se puede solucionar, y esto es precisamente lo que la tecnología iniciada y desarrollada en el CRG pretende abordar”, plantea Pangratz. ¿Cómo? “No tomando una sola citocina, sino dos: las combinamos en una sola molécula para eliminar las deficiencias de cada una y crear una nueva optimizada para superar estas limitaciones”, responde el consejero delegado de la empresa.

Primeras indicaciones

El avance científico está protegido con patente y tienen intención de probarlo sobre cuatro condiciones médicas. La primera es la inflamación intestinal (lo que incluye la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn), un programa que esperan poder llevar a un ensayo clínico de fase 1 (el que evalúa si el fármaco es seguro) en aproximadamente año y medio. El segundo, se centrará en atacar ciertas enfermedades respiratorias muy difíciles de tratar, y no debería irse mucho más allá en el calendario.

En paralelo, aunque en fase más inicial, exploran si esta fórmula puede funcionar en neuroinflamación o en el campo de la inmunooncología. “El mayor problema en oncología es que los cánceres engañan al sistema inmunitario de forma que este ya no reconoce el cáncer, y hemos encontrado una manera de reprogramar al sistema inmunitario para que pueda volver a detectarlo y atacarlo”, profundiza. Están hablando con varias farmacéuticas para colaborar en el desarrollo de estos programas.  

Modelo de negocio y futuro

De hecho, la ambición de esta empresa que cuenta ya con 13 empleados y que aspira llegar a los 20 estos próximos años, es ser ella la que desarrolle los fármacos, pero no descarta que una vía de ingresos alternativa sea ceder su plataforma a otras compañías (sobre todo farmacéuticas) que quieran probar este enfoque para sus tratamientos.

Hasta llegar a eso, la empresa se financia con los fondos de su ronda de inversión inicial (esos 5,5 millones de euros), subvenciones europeas (unos 3,8 millones de euros) y una inyección de capital de 2,7 millones de euros recientemente acordada con CDTI. Esto les cubrirá la llegada hasta el primer ensayo clínico, pero dan por descontado que tendrán que acudir de nuevo al capital riesgo este año para poder ir más allá.

Pensando en el futuro más lejano, saben que ese más allá tendrá que pasar por la venta a otra compañía o, como poco, por la salida a bolsa. Pero no les preocupa. “Ahora mismo, nos centramos en desarrollar los mejores medicamentos posibles para los pacientes que los necesitan con urgencia”, ultima Pangratz, firme defensor, por cierto, de hacerlo desde Barcelona. “Nuestra sede estará aquí, y punto”, zanja. “Si en el futuro necesitamos dos o tres empleados en Estados Unidos, podemos abrir una pequeña oficina satélite, pero nuestro equipo principal y directivo siempre estará aquí, porque creemos en el ecosistema de Barcelona, aquí es donde creceremos y prosperaremos”, concluye.

Suscríbete para seguir leyendo