Opinión

Responsable de Bussiness Banking de Deutsche Bank España
Cuatro grandes retos para la empresa familiar en 2026
En 2026, las empresas familiares españolas enfrentarán un escenario más exigente, donde la gestión del riesgo y la planificación a largo plazo serán claves para su supervivencia y crecimiento

Ignacio Rivera, presidente del Instituto de la Empresa Familiar.
El año 2026 se perfila como un ejercicio razonablemente favorable para la empresa familiar, aunque más exigente, donde los mercados pueden acompañar, pero con mayor volatilidad y una dispersión creciente entre modelos de negocio. En este escenario, la diferencia no la marcará quien persiga rentabilidades máximas a corto plazo, sino quien sea capaz de gestionar el riesgo de forma estructurada y alineada con sus objetivos patrimoniales, teniendo en cuenta que el negocio es un activo estratégico que concentra patrimonio, identidad y legado y que, por tanto, exige una visión financiera y empresarial de largo recorrido, centrada en la gestión del riesgo y la preservación del valor.
Esta orientación se refleja también en la trayectoria del propio modelo empresarial: según el Instituto de la Empresa Familiar, más del 30% de las empresas familiares españolas supera los 30 años de vida, lo que refuerza la relevancia de la planificación y del gobierno familiar como factores de estabilidad.
Dirigir una empresa familiar implica liderar un proyecto donde conviven negocio y vínculos personales, de manera que cada decisión trasciende el cierre del ejercicio y deja huella en la estructura familiar. Además, en un entorno más volátil, la ventaja competitiva se apoya cada vez más en una gestión financiera sólida y previsora, fruto de decisiones tomadas con antelación. La planificación deja de ser una opción para convertirse en un requisito indispensable.
Uno de los retos que marcará la diferencia este año será así la anticipación fiscal, ya que la incertidumbre normativa obliga a revisar las estructuras patrimoniales antes de que los cambios entren en vigor y, en consecuencia, llegar tarde tendrá un coste sensiblemente mayor, con impacto directo tanto en la eficiencia económica como en la capacidad de estructurar el patrimonio con una visión de largo plazo.
Al mismo tiempo, preservar el patrimonio tendrá tanta relevancia como hacerlo crecer, ya que tras años de expansión muchas familias empresarias entran en una etapa en la que proteger, ordenar y dar estabilidad al patrimonio se convierte en una prioridad. En este contexto, la diversificación debe entenderse de forma amplia y transversal, más allá de los tipos de activos, incorporando distintas fuentes de ingresos, geografías y estructuras jurídicas, con el objetivo de reducir dependencias. Este enfoque refuerza la resiliencia del conjunto patrimonial frente a entornos adversos.
Otro eje clave será la separación entre empresa y patrimonio familiar, dado que la falta de fronteras entre lo empresarial y lo personal distorsiona decisiones, incrementa riesgos y complica los procesos de sucesión, mientras que la claridad patrimonial y societaria eleva la calidad de la gestión y facilita la toma de decisiones con criterios empresariales. En este contexto, el gobierno familiar se consolida como un factor competitivo, ya que protocolos claros, roles definidos y órganos de decisión eficaces previenen conflictos y refuerzan la continuidad del proyecto. Todo ello permite evaluar el desempeño del negocio con mayor objetividad y transparencia.
La sucesión, además, se afianza como un proceso de largo recorrido que debe prepararse con años de antelación, dedicando tiempo a la formación, a la participación en decisiones reales y a la asunción progresiva de responsabilidades. Un enfoque planificado y ordenado en esta materia es clave para garantizar la continuidad y estabilidad de la empresa familiar.
Junto a todo ello, la tecnología y la inteligencia artificial ya están aportando ventajas, especialmente cuando se aplican en aquellos ámbitos donde mejoran el control, la eficiencia y la calidad de las decisiones, como la automatización de procesos administrativos, la mejora de la información financiera o el análisis de escenarios que permiten gestionar mejor el riesgo. Su valor reside en su capacidad para reforzar el control, mejorar la calidad de la información y apoyar la toma de decisiones en entornos complejos.
Por todo ello, 2026 premiará las decisiones discretas y bien pensadas, y las familias que hoy trabajen con constancia, ordenando estructuras, profesionalizando la gestión y anticipando cambios fiscales y generacionales, llegarán más fuertes al próximo ciclo, porque en la empresa familiar, como en la buena gestión financiera, el verdadero valor está en avanzar con dirección clara y visión de largo plazo.
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