Perfil
Sacha Michaud, el 'conseguidor' de los millones que propulsaron a Glovo
El cofundador de la empresa de reparto ejerce de enlace institucional y es una figura reconocida dentro del tejido de 'start-ups' barcelonés
10 años de Glovo: la ‘startup’ que lo pudo todo cumple una década

El cofundador de Glovo, Sacha Michaud, en una imagen de archivo. / EFE

"Hiperactivo", "intenso", "inquieto". Así coinciden en definir a Sacha Michaud, cofundador de Glovo, distintas personas del mundo empresarial catalán. Su carácter se empezó a forjar al galope de la competición de los caballos, hizo fortuna a través de la adrenalina de las casas de apuestas y ha estado detrás de las rondas de financiación que, millones tras millones, han propulsado en tiempo récord a Glovo como una de las historias de éxito de la emprendeduría catalana y española. También una de las más polémicas. “Es un poco ‘kamikaze’ y en algunos momentos les hubiera ido mejor si hubieran frenado un poco”, opina otro conocedor del ecosistema ‘start-upero’.
El nombre de Sacha Michaud quedará irremediablemente ligado al de su colega y cofundador de Glovo, Óscar Pierre, si bien su historia personal difiere sustancialmente. Pierre proviene de una familia asentada entre la burguesía catalana, de las de veranos en el Empordà, esquiar en la Cerdanya e intercambio universitario en Estados Unidos, mientras que Michaud ha sido un trotamundos -"no sabe estar quieto", insiste otra persona que ha hecho negocios con él- bastante más atípico.
Nacido en Londres en 1969, de madre inglesa y padre canadiense, se crió yendo de un sitio a otro de Latinoamérica y regresó de adolescente al Reino Unido, donde acumuló varios ‘checks’ en el currículo del emprendedor que le permiten describirse como un ‘self made man’ (hombre hecho a sí mismo).
Repartió periódicos montado en su bicicleta para ganarse unos peniques, sin saber que luego hará millones a través de una aplicación donde miles de mensajeros repartirán para él. A los 16 años se metió a jinete profesional de carreras (jockey). “Empecé limpiando cuadras y cuando empiezas así solo puedes ir a mejor”, ha ido explicando en una larga lista de entrevistas en ‘podcast’ hechos por y para emprendedores.
Antes de cumplir los 30 años se mudó a Barcelona –"está muy enganchado a la ciudad", cuentan- aprendió a programar y con buen olfato mezclado con el don de la oportunidad vio el negocio que representaban las ‘puntocom’ y fundó LatinRed, una especie de "Yahoo de habla hispana", tal como lo definió él mismo. A los tres años de crearlo lo vendió -por una cantidad millonaria que no ha trascendido- a StarMedia, un gigante financiero estadounidense. Fue en 1999, justo un año antes de que estallara la burbuja de las ‘puntocom’.
"Gas"
En Glovo existe una consigna interna que, especialmente durante los primeros años, el socio de Michaud, Óscar Pierre, les repite a los programadores y demás ‘techies’ que operan en Yellow Park –la sede de Glovo-: "¡GAS!". Cual motero imprimiendo velocidad, Michaud cambió el riesgo de las ‘puntocom’ por las apuestas. Fue director de Betfair Iberia y presidente de Jdigital (la asociación del juego digital), desde donde promocionó curiosas iniciativas como abrir apuestas ‘online’ sobre quién sería el president de la Generalitat que saliera de las elecciones de 2006.
Los académicos Niels van Doorn y Julie Yujie Chen publicaron en 2021 un estudio en el analizaban el funcionamiento interno de distintas plataformas de reparto operativas en Nueva York y Pekín y encontraron que el algoritmo que las regía se valía de un esquemas de incentivos similar al que opera en las máquinas tragaperras. Las primeras querían 'enganchar' a los repartidores para que aceptaran un pedido tras otro en el menor tiempo posible, las segundas que el jugador siguiera echando monedas.
Michaud cambió la ‘gamificación’ de las apuestas por las ‘start-ups’. Mientras ejercía sus galones de veterano con experiencia en las ‘puntocom’ conoce al que sería su compañero de negocios, Óscar Pierre. Michaud era mentor en la aceleradora de empresas emergentes Conector y allí conoció a un joven ingeniero aeronáutico que se debatía entre irse a estudiar un máster o iniciar un proyecto llamado Glovo.

Sacha Michaud y Oscar Pierre, fundadores de Glovo, empresa que es un servicio de paqueteria. / Ricard Cugat
Han corrido ríos de tinta y horas de podcasts de sudaderas desenfadadas sobre los ya más de 10 años de historia de Glovo. Michaud y Pierre han formado un tándem complementario. El catalán de raíces alsacianas aparece como la mente pensante, el ‘techie’ detrás del producto, mientras que el británico-canadiense es "la inteligencia social", en palabras de un empresario. "El conseguidor", matiza otro. Michaud, un tipo "simpático" y "que cae bien" que se ha multiplicado durante todos estos años para lograr las rondas de financiación que han permitido a Glovo pasar de ser un embrión a un ‘unicornio’ –empresa emergente valorada en más de 1.000 millones de dólares-.
Conflicto con el Gobierno
“De mi infancia recuerdo una libertad total creciendo en Centroamérica, nadie vigilando, andando libre, esto me ha marcado", rememoró a principios de 2025 el ex jockey en el ‘podcast’ #NoBullShit. Desde su fundación, Glovo ha superado el billón de pedidos entregados. No obstante, la empresa que nació con el lema “Tu pide, nosotros vamos” no ha tenido ni un solo repartidor en nómina hasta hace apenas un año.
Gran parte de la historia de Glovo está ligada a las polémicas respecto a su modelo laboral, lo que le ha acarreado conflictos con sus repartidores, centenares de juicios, tanto con el Estado, repartidores como con sus principales competidores –Uber y Just Eat- y un pulso de sanciones millonarias con el Ministerio de Trabajo.
Glovo quería emplear a sus ‘riders’ como autónomos, una relación que le confería mucha más “libertad” a la empresa –y esta entendía también a los repartidores- y le permitía no corresponsabilizarse de las obligaciones laborales que las compañías tradicionales asumen para con sus empleados: cotizaciones de la Seguridad Social, prevención de riesgos, vacaciones pagadas, bajas médicas, etc. Cuando Glovo necesitaba un repartidor, le pagaba, y cuando no, se desentendía, amparando el modelo redes fraudulentas de alquiler de cuentas y explotación de migrantes sin papeles.
El Ministerio de Trabajo, especialmente desde que Yolanda Díaz asumió su batuta, quiso tapar desde el primer momento lo que vio como una grieta de derechos laborales para miles de mensajeros y millones de euros en cotizaciones sociales para el Estado. El riesgo era que otras compañías, sobre todo las de la ‘gig economy’, optaran por ese modelo de corte más estadounidense que no europeo y ahí se dio un choque sin precedentes.

El co fundador de Glovo, Sacha Michaud (izquierda), junto al presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre (derecha). / Cedida
Desde Glovo trataron de mediar legislativamente y se metieron en la gran patronal CEOE, así como en la catalana Foment del Treball, para lograr mediante sus influencias que la ‘ley Rider’ amparara su modelo. También dieron apoyo a las asociaciones de repartidores que querían seguir siendo autónomos y prolongar un modelo en el que una minoría de ‘riders’ podía hacer 3.000 euros al mes y otros apenas llegaban al salario mínimo con jornadas que serían ilegales para un asalariado. Michaud ejerció durante años como enlace con esas asociaciones de repartidores que querían seguir siendo autónomos.
Finalmente, CEOE escuchó más a los sectores del reparto tradicional que veían en Glovo una competencia desleal y pactó con Díaz y los sindicatos una norma que descalificaba el modelo de Glovo. Las mismas fuentes que describen a Michaud como una persona simpática y carismática en las distancias cortas también reconocen que posee un genio considerable cuando se enfada. "Si te tiene que apuñalar, te apuñala", apunta un habitual de las ‘start-ups’ barcelonesas. Y la ruptura entonces entre Glovo y la CEOE fue cosa, entre otros, de Michaud, al entender que la gran patronal les había traicionado, según apuntan también varias fuentes consultadas.
Nueva etapa
Michaud es cofundador de Glovo, pero desde 2021 ni él ni Pierre poseen una participación mayoritaria de la compañía. El gigante alemán Delivery Hero se convirtió en accionista mayoritario y la compañía de las mochilas amarillas entró en una nueva etapa. Varias voces del variopinto sector del ‘delivery’ apuntan a que la decisión de Glovo de cesar su pulso con el Gobierno y avenirse a contratar directamente a sus repartidores fue una orden llegada desde Alemania.
Dicho anuncio llegó un día antes de que Óscar Pierre, en calidad de consejero delegado de la compañía, fuera a un juzgado de Barcelona para declarar en la investigación abierta contra su persona por un posible delito contra los derechos de los repartidores, penado con hasta seis años de cárcel. Michaud, que ostenta la vicepresidencia de relaciones institucionales, no ha sido a citar a declarar en la misma, por el momento.

El CEO de Glovo, Oscar Pierre (4d); el presidente de la Generalitat, Salvador Illa (c) y el cofundador de Glovo Sacha Michaud (5i), entre otros durante un acto celebrado con motivo del décimo aniversario de Glovo. / Enric Fontcuberta / EFE
El británico-canadiense ha sido una pieza clave a la hora de tejer puentes con todas aquellas instituciones que no han formado parte del mundo de Glovo hasta la fecha, no siempre con éxito, y a ganar complicidades con las administraciones.
“Actualmente, Michaud tiene como objetivos seguir impulsando la visión de la compañía y consolidar a Glovo como la aplicación multicategoría favorita de los usuarios cuando piensan en delivery”, cuentan fuentes oficiales de la compañía. En paralelo, el "inquieto" empresario sigue buscando nuevos estímulos mediante el fondo inversor, Yellow, que creó junto a Pierre y Adam Lasri. En los últimos dos años, han invertido en más de 20 'start-ups' tecnológicas en diferentes países de Europa.
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