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200.000 metros cuadrados

Amazon BCN1: así funciona el gigante logístico en el Prat de dónde salen medio millón de paquetes al día

El centro es el mayor de los diez que hay en España y se ha convertido en un laboratorio de innovación

Eva Morales (Amazon): "La entrega rápida ya no es una comodidad, es una herramienta esencial del día a día"

Carlos Ordeig, director del Centro Logístico de Amazon en El Prat de LLobregat (Barcelona)

Carlos Ordeig, director del Centro Logístico de Amazon en El Prat de LLobregat (Barcelona) / Cedida

Sabina Feijóo Macedo

Sabina Feijóo Macedo

Barcelona
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Son las 20:05, un martes. Marta (nombre ficticio), vecina de Mataró, hace un pedido por Amazon. Esta vez compra un libro, unos auriculares de cable y, aprovechando, añade dos packs de leche semidesnatada de seis litros. En pantalla le comunican que todos los productos están “en stock” y que en uno o dos días hábiles llegarán a su casa. Así entra en movimiento la cadena de valor —la supply chain— de la multinacional. Y, en ella, uno de los centros logísticos de primera milla será protagonista.

Desde hace casi una década, ubicado en una de las zonas prime más demandadas del mercado inmologístico catalán, ese centro es el gigante de 200.000 metros cuadrados situado en el polígono de Mas Blau, en El Prat de Llobregat. De él salen más de medio millón de paquetes diarios, con destino tanto nacional como europeo. El más grande de España, por cierto. Detrás hay informáticos, ingenieros y personal de mantenimiento que suman una plantilla de unas 3.000 personas, repartidas en hasta 60 roles distintos.

Del inbound al outbound

Internamente, se le conoce como BCN1 y pertenece a la categoría de primera milla (fulfilment). Es aquí donde llegan los productos de proveedores, donde se almacenan y desde donde se preparan los paquetes antes de viajar a estaciones de última milla próximas a las ciudades, como la de Rubí. “El verdadero secreto para ser rápidos es estar lo más cerca posible del cliente”, resume Carlos Ordeig, director del centro, durante una visita a las instalaciones organizada este miércoles para periodistas.

Carlos Ordeig, director del Centre Logístic al Prat de Llobregat.

Carlos Ordeig, director del Centre Logístic al Prat de Llobregat. / Cedida

Dentro de las instalaciones, el recorrido comienza en el área de inbound, la puerta de entrada. Allí, camiones descargan los productos de los proveedores que después aparecerán disponibles en la web. Van desde teléfonos móviles, hasta carteras o, incluso, alimentos. "Poca gente piensa en ello, pero cada vez hay más demanda de bebidas y comida a través de nuestra plataforma" asegura el director.

Una particularidad del centro es que solo se almacenan artículos de hasta 15 kilos; los de mayor tamaño se derivan a instalaciones especializadas, como la de Castellbisbal (Barcelona).

Tras la recepción, un robot depaletizador ayuda a desmontar grandes cargas y repartirlas para su procesamiento. Desde allí, los productos tienen una trazabilidad completa y se distribuyen por una red de 22,5 kilómetros de cintas transportadoras.

Robots que colaboran con personas

Uno de los puntos claves del BCN1 es la automatización y la robotización. "Desde sistemas de empaquetado inteligente hasta tecnología colaborativa, (...) estamos orgullosos de que Catalunya sea un referente de innovación dentro de nuestra red europea”, señala el director del centro.

Entre ellas, Ordeig destaca el papel de Stark, una máquina colaborativa en prueba piloto a nivel mundial, precisamente, en el Prat. Se trata de un robot que recoge contenedores llenos de productos desordenados que llegan por cinta, lee códigos y los coloca en carros de transporte. Su particularidad es que, aunque robotiza una tarea que antes dependía al 100% del trabajo humano, lo hace solo de forma parcial. “El trabajador y el robot coexisten y trabajan de forma conjunta”, explica el directivo.

Uno de los robots colaborativos de Amazon el Prat de Llobregat llamado Spark, pionero a nivel mundial.

Uno de los robots colaborativos de Amazon el Prat de Llobregat llamado Spark, pionero a nivel mundial. / Cedida

Preguntado Ordeig sobre el riesgo de eliminación de puestos de empleo, después que Amazon anunciara en 2025 más de 14.000 despidos por la automatización de procesos y la deslocalización --donde 791 afectarían a Barcelona--, señala que el riesgo es mínimo. "Por ejemplo, en el centro logístico de Amiens (Francia), la automatizacion de procesos ha llevado a crear 300 puestos de trabajo nuevos" asegura.

Empaquetar menos para enviar más

Desde los carros, los productos pasan a estanterías sustentadas por robots móviles —una especie de “roombas”— que se desplazan por toda la planta. Lejos de seguir un orden clásico por categorías, el sistema funciona bajo lo que Ordeig define como un “caos ordenado”, por el que los artículos se colocan de forma aleatoria para replicar la diversidad de los pedidos de los clientes.

Cuando el usuario hace clic en “comprar”, el sistema activa la fase de pick. En función de la demanda, estos robots acercan las estanterías hasta el operario, que recoge los productos indicados por el sistema y los deposita en cajas de plástico. El margen de error, dice Ordeig, es mínimo, tras una doble validación —visual y mediante código—. Nunca aparece el nombre del cliente.

800 paquetes por hora

Y así, vuelven a la cinta hasta llegar a la zona SPP, donde comienza la fase que más cambios ha experimentado en los últimos años: el empaquetado. Allí entra en juego el sistema Smart Paper, una máquina semiautomática que originalmente se utilizaba para crear bolsas de plástico. Ahora, tras una adaptación, produce bolsas de papel hechas a medida en tiempo real.

Una vez colocado el producto en la máquina, sensores miden sus dimensiones y crean automáticamente un embalaje ajustado, resistente y con sellado térmico. Asimismo, es la propia máquina la que pega la etiqueta de envío.

Uno de los robots del CentroLogístico de El Prat (Barcelona)

Uno de los robots del CentroLogístico de El Prat (Barcelona) / Cedida

Cada línea puede procesar cerca de 800 paquetes por hora, frente a los entre 300 y 400 de un sistema manual. Según datos de la empresa, el ahorro medio ronda los 26 gramos de embalaje por envío, lo que también permite cargar más paquetes por vehículo.

¿Otra tendencia? Es que cada vez más artículos viajen en su propio embalaje original, sin una segunda caja exterior. "En el futuro, lo más probable es que desapareza el logo de Amazon de los paquetes que le llegan al cliente final" explica Ordeig.

De momento, una vez empaquetados, los pedidos se cargan en la flota de transporte con destino a los núcleos de población, desde Mataró, a ciudades de toda España y países como Francia o Alemania.

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